Cuenta atrás por el aire limpio
Cáceres ante su gran salto verde: la Zona de Bajas Emisiones divide hoy, pero puede cambiarlo todo mañana
La ciudad debate entre dudas, expectativas y una oportunidad histórica para respirar mejor, moverse mejor y vivir mejor

Turistas en la parte antigua. / El Periódico Extremadura / Jorge Valiente

Mientras el debate político sube de tono y las comisiones municipales se encienden con reproches, en la calle la pregunta es otra, mucho más simple y mucho más decisiva: ¿qué va a cambiar realmente en la vida diaria de los cacereños cuando llegue la Zona de Bajas Emisiones? Cáceres, una ciudad que aspira a ser más saludable, más caminable y más amable, está a un paso de afrontar uno de sus proyectos urbanos más transformadores en décadas.
La ZBE —que el Gobierno local intenta ajustar a contrarreloj y que parte de la oposición tilda de “chapuza”— va mucho más allá de poner límites a los coches. En otras ciudades europeas ha reducido un 25% la contaminación en solo un año, ha bajado los niveles de ruido, ha incrementado las zonas de paseo y ha revitalizado comercios que hoy dependen del tránsito peatonal. Respirar mejor, moverse mejor y vivir mejor: ese es el verdadero núcleo del debate, más allá de siglas y ordenanzas.

Coches en la parte antigua. / El Periódico Extremadura / Jorge Valiente
Menos humo en el entorno monumental, calles más silenciosas en horas punta, rutas más seguras para personas mayores, familias con carritos y usuarios con movilidad reducida. Esa es la promesa. También más espacio para caminar, más sombra, menos tráfico de paso y una ciudad que vuelve a pertenecer a quienes la viven, no solo a quienes la atraviesan.
Los comerciantes, que observan con una mezcla de cautela y esperanza, saben que las experiencias de Vitoria, Pontevedra o Milán demuestran algo clave: cuando las calles se pacifican, el consumo de proximidad sube. Y Cáceres, con su casco histórico y su centro compacto, tiene un potencial enorme.
¿Y si el proyecto actual no convence?
Si la ordenanza presentada por el ayuntamiento no supera el trámite político, ya se están barajando alternativas: desde una ZBE progresiva por fases hasta un diseño más flexible que combine zonas peatonales, áreas de acceso restringido según etiqueta ambiental y corredores de movilidad sostenible. Eso sí: cualquier alternativa deberá cumplir la normativa estatal y europeas, y evitar las sanciones que ya sobrevuelan a varias ciudades españolas rezagadas.
Otro de los puntos calientes es la falta de participación. Colectivos de transportistas, comerciantes, taxistas, asociaciones vecinales y entidades de movilidad sostenible piden ser parte del diseño. Su integración en mesas estables de trabajo sería un primer paso para reducir incertidumbres y transformar la ZBE en un proyecto compartido, no impuesto.
El caso de Mérida
El Ayuntamiento de Mérida lanza una encuesta online para realizar aportaciones al nuevo Plan de Movilidad Urbana Sostenible, el cual es "fundamental" para actualizar la estrategia de transporte de la ciudad y cumplir con las normativas europeas, como la implementación de la Zona de Bajas Emisiones. Tal y como ha dicho el edil de Movilidad Urbana Sostenible, Felipe González, desde este martes, día 10, y hasta el próximo 16 de junio a las 12 de la noche, el consistorio ha abierto un proceso participativo para conocer la opinión de los ciudadanos.
Este proceso participativo es una encuesta online en la página web del ayuntamiento, y pide a toda la población en general que se sume. "De esta manera, contando la con la opinión de la ciudadanía, haremos plan mucho mejor", ha aseverado González. Así, el consistorio de la capital extremeña ha contratado el servicio de asistencia técnica para la elaboración de su nuevo Plan de Movilidad Urbana Sostenible, una herramienta "esencial" para la planificación y gestión del transporte que integra aspectos ambientales, sociales y económicos a largo plazo. Como parte integral de la fase de diagnóstico, se ha diseñado un proceso participativo con el objetivo de recopilar las percepciones y experiencias de la ciudadanía, profesionales y agentes sociales sobre los desafíos y oportunidades en la movilidad urbana de Mérida, abarcando desde la movilidad peatonal hasta el uso del vehículo privado y el transporte público, ha manifestado.
A esto se suman propuestas de campañas de sensibilización en colegios, charlas abiertas para explicar el funcionamiento real de la ZBE y simulaciones públicas sobre cómo cambiará cada barrio. La educación, aseguran los expertos, será tan importante como el propio control de accesos.
Sensores de calidad del aire, análisis del tráfico, mediciones de ruido, mapas de calor y encuestas trimestrales marcarán el pulso. En ciudades como Barcelona o Londres, los estudios han permitido ajustar el modelo a medida, incorporando excepciones cuando era necesario o ampliando zonas peatonales cuando las cifras lo avalaban.
Entre la ciudadanía, las opiniones oscilan entre la ilusión y el recelo. Hay quien la ve como una oportunidad histórica para romper inercias y quien teme que la zona quede “a medio gas” o sin un plan que garantice alternativas de movilidad: autobuses más rápidos, aparcamientos disuasorios en condiciones o mejores conexiones interurbanas.
Pero hay algo en lo que todas las partes parecen coincidir: Cáceres no puede permitirse quedarse atrás, ni en normativas ambientales ni en calidad urbana.
La ZBE puede ser un conflicto político pasajero o un punto de inflexión para la ciudad. Dependerá de si se convierte en una herramienta para prohibir o en una herramienta para mejorar la vida de la gente. Y, hoy por hoy, esa es la discusión que más importa.
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