Camino hacia la Feria Monacal
El convento de Santa Clara de Cáceres se diferencia de otros por su labor de costura, además de la oración
Fundado en el año 1614, basa su economía en la costura de ropa y túnicas, y solo elabora repostería en ocasiones especiales

Imagen del convento de Santa Clara. / Mario González Rey
En la zona extramuros de la parte antigua de Cáceres podemos encontrar uno de los tres conventos de la ciudad, cerca de lo que fue la puerta de Mérida y justo a la ermita de la Soledad: el convento de las clarisas de Santa Clara. Se encuentra en la plaza del mismo nombre, junto a sus características palmeras centenarias.
También de clausura como San Pablo y las Jerónimas, se diferencia de ellas que no sustenta su economía con la venta de dulces, sino con la costura de túnicas cofrades o ropa textil particular. Solo realizan repostería en ocasiones puntuales, como la época navideña o momentos concretos, como ocurre con Monacal, el evento que organiza la Diócesis de Coria-Cáceres para fomentar la compra de los dulces conventuales. Santa Clara es uno de los catorce conventos extremeños que participan.
«Durante el año nos dedicamos a coser lo que podemos, porque somos poquitas», explica una de las hermanas. «Cosemos las túnicas de Semana Santa, de la Virgen de la Montaña, o lo que nos trae la gente de labores. Pero poco, porque somos poquitas. La gente que viene durante el año es para ver si podemos hacer costura. Vienen particulares. Nos dicen que quieren una túnica, les decimos el precio y nos lo pagan». Pero deja claro que «durante el año no hacemos dulces».
Vida conventual
El convento fue fundado en el año 1614, por lo que es un testigo de la historia de Cáceres. Durante todos estos siglos siempre ha acogido a un gran número de monjas, pero eso parece que ha quedado como algo del pasado. «Últimamente hay mucha decadencia de vocación y por eso ahora estamos pocas», lamentan.

Imagen de la entrada a la iglesia desde Soledad. / Mario González Rey
¿Cómo es la vida en un convento de clausura? «La vida del convento es contemplación, oración, y el trabajo que hacemos para sustentarnos. Pero lo principal es la oración», afirman. Como ocurre en el cercano convento de las Jerónimas, aceptan peticiones de oración. Porque, aseguran, esa es «nuestra obligación». «Nosotros estamos aquí para orar, esa es nuestra principal misión. No hacer dulces o coser, eso lo hacemos porque al final tenemos que alimentarnos, pero nuestra principal misión solo es contemplativa, tenemos que vivir más de la oración que del trabajo», explican.
El convento se encuentra cerca de una zona de ocio como es la plaza de la Soledad o la calle Pizarro, donde pueden contemplarse numerosos locales de ocio. Sin embargo, según cuentan, «gracias a Dios, no tenemos mucho ruido». «Nuestra vida es más en el interior. Lo único que tenemos hacia el exterior es la iglesia y el coro, y tampoco es que haya mucho ruido. Solo cuando hay esas fiestas grandes y esas cosas. Si no, ruido normalmente no tenemos. Tenemos pocas ventanas».
Historia
El convento de Santa Clara ha estado habitado siempre por la comunidad de Monjas Clarisas de la Orden de San Francisco, desde su construcción en el siglo XVII. Solo es visitable su iglesia, donde destaca el retablo mayor de color dorado, de estilo rococó, que, además, alberga figuras de imágenes de San Francisco y San Antonio.
En el exterior se puede observar su portada manierista del siglo XVII en la que destaca otra imagen de San Francisco. A ambos lados pueden verse los escudos con las armas de los Torres, los Paredes, los Ribera y los Golfín, familias nobles de la ciudad. En la fachada además puede verse el escudo del fundadora, Aldonza Torres Golfín.
El convento de Santa Clara, todo un remanso de paz en el corazón de Cáceres, continúa siendo un testimonio vivo de la historia y la fe, un lugar donde la oración y la contemplación son la esencia de la vida.
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