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Historias

La historia de Sebastiana, la mujer de Cáceres que vivió en tres siglos distintos: murió a los 105 años

El recuerdo de una mujer humilde y trabajadora que dejó una huella imborrable en Santibáñez el Alto y en su extensa familia

Sebastiana Franco, abajo en la imagen.

Sebastiana Franco, abajo en la imagen. / Extremeños Centenarios

Ángel García Collado

Ángel García Collado

Cáceres

Sebastiana Franco Granado nació un frío 20 de enero de 1897 en Santibáñez el Alto, un pueblo de la provincia de Cáceres donde la vida se contaba entonces a golpe de amanecer, campo y familia. Aquel día nadie podía imaginar que esa niña extremeña llegaría a vivir 105 años y 201 días, y que con su sola existencia cruzaría tres siglos distintos: finales del XIX, todo el XX y los primeros compases del XXI.

Quienes la conocieron hablan de ella como una mujer enérgica, trabajadora y siempre alegre, alguien que afrontó cada etapa con la serenidad de quien ha aprendido a vivir mirando de frente.

La fuerza de una familia unida

Sebastiana se casó con Marcos Hernández Hencinas, su compañero de vida hasta que él falleció en 1990, con 92 años. Con él formó una familia numerosa que siempre fue su mayor orgullo. Tuvieron cinco hijas (Rosario, Soledad, Pilar, Hortensia y Lidia), de las que hoy viven cuatro. Ellas fueron su compañía constante en la vejez, su red de afectos, su abrigo. Así las recuerda la página web de Extremeños Centenarios.

Sebastiana Franco.

Sebastiana Franco. / Extremeños Centenarios

Con los años llegarían ocho nietos y siete biznietos, una descendencia amplia que llenaba su casa de voces, risas y visitas. A Sebastiana le encantaba cantar coplas, conversar y recibir a quien llegara. Era de esas mujeres que hacen hogar sin proponérselo.

Una salud envidiable y un humor inagotable

Uno de los rasgos que más sorprendía a quienes la trataban era su salud extraordinaria. Nunca tuvo enfermedades graves, ni tensión alta, ni colesterol. Solo la sordera de los últimos años limitó un poco su vida, pero no le arrebató las ganas de levantarse temprano, ayudar en las tareas de la casa o mantener ese humor que la acompañó hasta el final.

En 1997, al cumplir 100 años, el Ayuntamiento de Santibáñez el Alto la nombró Hija Predilecta, un reconocimiento a una vida ejemplo de trabajo, bondad y resiliencia.

Una despedida serena y un legado que continúa

En enero de 2002 celebró su 105 cumpleaños en Cáceres, rodeada de su familia. La prensa llegó a publicar que había cumplido 106, fruto de un error en el registro, pero a Sebastiana aquel detalle le hacía hasta gracia. Pocos meses después, el 9 de agosto de ese año, falleció dejando tras de sí una estela de cariño inmenso.

Su legado no se quedó ahí. Una de sus hijas, Rosario, heredó también esa fortaleza vital. Nacida en 1924, vivió casi 101 años, hasta agosto de 2025. Madre e hija sumaron entre ambas más de dos siglos de vida, un testimonio único de resistencia, ternura y raíz familiar.

Un recuerdo que sigue vivo

Hoy, al mirar al cielo para recordarla, su pueblo y su familia evocan a una mujer que vivió sin prisa, sin estridencias, agarrada a lo esencial: el campo, la casa, los suyos. Una mujer que vio cambiar el mundo, el país y la vida, pero que nunca dejó de ser Sebastiana, la de la sonrisa fácil y el corazón enorme.

Un ejemplo de que la longevidad no solo se mide en años, sino en la huella que se deja. Y la de ella, en Santibáñez el Alto, sigue siendo imborrable.

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