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Loterías en ebullición

La administración del Carrefour en Cáceres, parada obligatoria para los que creen en la suerte y las supersticiones de la Bonoloto

Entre supersticiones, estrategias caseras y premios que cambian vidas, las administraciones cacereñas viven su temporada más intensa del año

José Manuel Villanueva, en la administración de loteria La 13, en Carrefour Cáceres.

José Manuel Villanueva, en la administración de loteria La 13, en Carrefour Cáceres. / Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

En Cáceres ya huele a Navidad y, con ella, a esa mezcla única entre esperanza y superstición que cada año dispara las colas en las administraciones de lotería. La Bonoloto —que acaba de dejar un premio de más de 40.000 euros en la capital— vuelve a encender la ilusión de cientos de jugadores fieles que, entre cábalas, manías y rituales, buscan un golpe de suerte antes de que termine 2025.

"Hay quien viene siempre el mismo día, otros que no permiten que nadie toque el boleto después de imprimirlo, y los que entran con el pie derecho porque dicen que si no, no toca". Así lo resume un lotero justo el dia en que en La 13, administración del Carrefour, se ha convertido en un lugar que este año acumula dos premios importantes y es parada obligatoria de quienes creen que la suerte también se contagia.

En España, las supersticiones son casi un patrimonio cultural: números ligados a fechas especiales, matrículas de coche, sueños repetidos, aniversarios, combinaciones que “han salido en un sueño” o incluso “señales” que solo detectan los más fieles a la numerología. En Extremadura, además, arrasa una tradición que no falla: elegir números que sumen 13 o evitar, precisamente, el 13. "Aquí lo del 13 divide familias", ríe Villanueva. “Unos lo ven como buena suerte, otros huyen”.

A la Bonoloto muchos llegan con matemáticas caseras: estudiar combinaciones pasadas, alternar pares e impares, buscar patrones que ni los propios algoritmos del Estado entienden. Otros, simplemente, dejan que la máquina elija. Pero en Cáceres, según varias administraciones, triunfan los números emocionales: nacimientos, calles del barrio, fechas de bodas, el dorsal del niño o incluso números asociados a goles del Cacereño.

El reciente premio de más de 40.000 euros —un boleto de cinco aciertos y complementario— lo confirma: fue un número elegido a mano, no de máquina. “Eso alimenta aún más a los supersticiosos”, otro administrador. “Cuando los premios salen de números pensados, la gente cree que ha hecho bien en insistir”.

La administración del Carrefour reparte 40.000 euros en la Bonoloto y sueña con dar un gran premio en Navidad

El Periódico Extremadura

La llegada de un premio altera el ritmo de la ciudad durante varios días. Más ventas, más movimiento y más historias que se cuentan de boca en boca. Algunos ganadores guardan silencio; otros, no tanto. En Cáceres se recuerda todavía el caso de aquel vecino que dejó su empleo, compró un coche… y luego pidió que nadie contara su historia. “La vida puede cambiar mucho, pero la gente quiere privacidad”, cuentan desde otra administración.

La diferencia con sorteos como el Euromillones es clara: la Bonoloto se juega más y toca más, aunque con premios más modestos, lo que “engancha” por su frecuencia diaria. “Aquí hay jugadores de Bonoloto de lunes a domingo, gente que no falla ni un día, como quien va a por el pan”, apunta un lotero del centro.

El papel de las administraciones

En estas fechas, las administraciones de Cáceres se transforman en pequeños templos de la ilusión. Decoración navideña, promociones, reparto de chocolate caliente, photocalls improvisados y carteles gigantes anunciando: “Aquí tocó”. Todo contribuye a un ambiente que une tradición, esperanza y una pizca de teatralidad.

Las promociones también se multiplican: boletos en combo, rifas paralelas, campañas en redes y fotos con los "números estrella" del año. “La gente quiere vivir una experiencia, no solo comprar un décimo”, destacan dede el sector. En Navidad, las ventas pueden crecer hasta un 35%, y los premios también se mueven más: más boletos vendidos, más probabilidades.

En Cáceres, como en el resto del país, diciembre convierte a la lotería en conversación obligada: en los bares, en las oficinas, en las colas del súper y en las sobremesas familiares. Los supersticiosos repiten: “Lo importante es tenerlo”. Los matemáticos dicen que es solo estadística. Y la mayoría se aferra a un término muy español: la ilusión.

Mientras tanto, la administración número 13 espera que el ganador del último premio aparezca por la puerta. “Queremos darle la enhorabuena, que lo disfrute, y que venga el año que viene a por otro boleto”, sonríe su responsable José Manuel Villanueva. Porque en Cáceres —como en tantos rincones del país— la superstición no solo atrae buena suerte: también mantiene viva una tradición que cada diciembre une a barrios enteros en torno a un mismo deseo: que este año sí toque.

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