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Especial 'Radiografía vecinal'

Los vecinos de Llopis Ivorra en Cáceres: "Es ridículo donde han colocado los pasos de peatones"

Los residentes de esta barriada cacereña reclaman soluciones ante la falta de mantenimiento, la movilidad insegura y el deterioro de zonas verdes, que lastran su día a día

La calle Colombia, arteria principal del barrio de Llopis Ivorra.

La calle Colombia, arteria principal del barrio de Llopis Ivorra. / Carlos Gil

Gonzalo Lillo

Gonzalo Lillo

Cáceres

El barrio de Llopis Ivorra, ubicado al sur de la ciudad y con población mayoritariamente envejecida, acumula una serie de carencias en materia de mantenimiento, movilidad y alumbrado que preocupan tanto a sus residentes como a los pequeños comercios. Aunque se trata de un barrio “tranquilo, donde todos se conocen”, como reconoce una de sus vecinas, Josefina García, sus ciudadanos coinciden en que hay una serie de problemas llevan demasiado tiempo sin resolverse.

Como ocurre con la mayoría de barriadas de la ciudad, uno de los principales problemas señalados es la escasa iluminación. Para Elisabeth Castaño, responsable de la multitienda La García, “hay poca luz en las calles y hay una parte del barrio que parece que está más marginado”, afirma. La comerciante lamenta que el alumbrado —incluido el navideño— se coloque principalmente en el tramo de la calle Colombia que conecta con La Roche Sur Yon, quedando su zona más apagada.

A ello se suma la vegetación sin podar, que según Josefina llega a cubrir la mitad de las farolas. “No sé cuándo habrá sido la última vez que vinieron a podar”, critica, subrayando que esta falta de mantenimiento hace las calles más inseguras y dificulta caminar al anochecer, especialmente para las personas mayores.

Pasos de peatones mal ubicados

Otro de los puntos más sensibles afecta a la movilidad peatonal. La comerciante denuncia que varios pasos de peatones “están inutilizables” porque la bajada del acerado no coincide con su ubicación. “Es ridículo donde los han colocado. No tiene sentido”, protesta, recordando que a su tienda acuden muchas personas mayores y con problemas de movilidad que necesitan accesos más seguros.

Los problemas en las aceras también afectan a la convivencia diaria. Josefina García relata que a comienzos de año presentó una queja al ayuntamiento por el mal estado de los adoquines, que no solo dificultan el paso, sino que además han favorecido la proliferación de cucarachas.

Zonas verdes degradadas

El mantenimiento de los espacios verdes es otra asignatura pendiente. Las dos zonas ajardinadas cercanas a la tienda de Elisabeth presentan un avanzado estado de abandono: “Tienen rotas las mangueras y están muy dejadas”, describe. A pocos metros, un arenal que antiguamente se utilizaba para jugar a la petanca se ha convertido, según cuenta, en un punto habitual donde los dueños llevan a sus perros a hacer sus necesidades.

Además, la reciente reubicación de varios contenedores de basura también ha generado malestar entre los residentes. “Sigo sin entender por qué los han movido de donde estaban”, afirma Josefina, quien explica que ahora muchos vecinos se ven obligados a cruzar la avenida principal para tirar la basura, lo que resulta especialmente incómodo y peligroso para las personas mayores.

Falta de resaltos

Según relata Josefina García, muchos vehículos circulan a gran velocidad por las calles del barrio, un problema que, en su opinión, se debe tanto a la ausencia de resaltos como a la irresponsabilidad de algunos conductores. Esta combinación convierte en riesgo incluso los trayectos más cotidianos.

La vecina subraya que instalar medidas sencillas de seguridad vial, como resaltos o señales más visibles, podría reducir significativamente el peligro y proteger a los residentes, especialmente a los niños que juegan en la calle y a las personas mayores que caminan diariamente por el barrio. “Por suerte no ha ocurrido ninguna desgracia”, reconoce, “pero la velocidad que llevan no es normal y en cualquier momento podría provocar un accidente serio”.

Un barrio tranquilo

Pese a un reciente robo en una churrería, los vecinos no consideran que exista un problema grave de seguridad. “La policía pasa cada dos por tres”, asegura la comerciante, que reconoce la presencia habitual de patrullas. Para la mayoría, se trata de un hecho aislado dentro de un barrio tradicionalmente pacífico.

Así, Llopis Ivorra sigue siendo un lugar donde reina la convivencia y la vida de barrio. Sin embargo, las quejas recogidas por sus vecinos revelan una sensación común: la zona necesita más atención por parte del ayuntamiento. La falta de iluminación, el deterioro de aceras, la movilidad insegura y el abandono de zonas verdes lastran el día a día de un barrio envejecido que reclama medidas simples, pero urgentes, para mejorar su calidad de vida.

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