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Nuestro pasado

Los vecinos reclaman al alcalde la instalación de alumbrado eléctrico en el Paseo Alto de Cáceres a comienzos de 1920

En un año marcado por tensiones y sucesos nacionales, la ciudadanía cacereña alza la voz para reclamar luz en uno de sus espacios más emblemáticos

Paseo Alto en Cáceres.

Paseo Alto en Cáceres. / El Periódico

Esteban Valero Vizcano

Esteban Valero Vizcano

Cáceres

En 1926 varios sucesos sacuden el país y la ciudad. El mes de julio comienza con el intento de atentado contra los Reyes de España en visita a Francia. El 14 de abril, Extremadura enarbola la queja ciudadana y le pide al alcalde luz eléctrica para el Paseo Alto. El 23 de julio se destapa el caso del farmacéutico de Almendralejo, que intoxica a sus clientes con falsas pastillas de aspirina.

¿Cómo se originó el Paseo Alto en la ciudad?

Hasta comienzos del siglo XIX, el espacio que hoy ocupa el parque era conocido como el cerro del Rollo, un montículo situado a las afueras de la antigua villa de Cáceres. La tradición local lo identificaba como una de las siete colinas sobre las que, según la leyenda, los romanos habrían fundado la ciudad. En aquel paraje aislado se alzaba la ermita de los Mártires, último edificio urbano en esa dirección, junto a una charca que hoy corresponde al emplazamiento de la plaza de toros. Aunque la documentación sobre aquella época es escasa, se sabe que el cerro acogió el rollo jurisdiccional de la villa, lugar donde incluso se llevaron a cabo ejecuciones y que una de sus laderas albergaba un antiguo pozo de nieve, elemento clave para el abastecimiento de hielo en siglos pasados.

Paseo Alto de Cáceres.

Paseo Alto de Cáceres. / Cedida

Transformación del cerro

La transformación del cerro comenzó a mediados del siglo XIX, marcando un punto de inflexión en la configuración urbanística de la ciudad. En la década de 1840 se impulsó la construcción de la plaza de toros, iniciativa que llevó aparejada la desaparición de la histórica ermita. Aunque muchos cacereños aún creen que el coso taurino se levantó sobre el templo, en realidad fue edificado a su lado. La ermita sería finalmente demolida en 1852 para permitir el trazado de la carretera nacional entre Trujillo y Valencia de Alcántara, una expropiación que provocó airadas protestas de los cofrades, quienes defendían que el edificio se encontraba en buen estado y mantenía una notable afluencia de devotos.

Construcción de un polvorín

Paralelamente, en 1850 el Ayuntamiento emprendió otro ambicioso proyecto, la construcción de un polvorín en lo alto del cerro del Rollo. La iniciativa respondía a la petición del gobernador civil de alejar los explosivos del centro urbano, cuyas construcciones eran especialmente vulnerables al fuego y carecían de un servicio de bomberos. Pese a la inversión de casi siete mil reales, el polvorín apenas llegó a utilizarse debido al riesgo de robos derivado de su aislamiento, y ya en 1855 era citado como un edificio abandonado. Durante décadas permaneció como un proyecto fallido, cobrando protagonismo únicamente en 1918, cuando fue habilitado como estación sanitaria durante la pandemia de gripe.

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