Día del Docente
Pedro Montes, profesor en el 'Dioce' de Cáceres: "Hay una sobreprotección de los padres"
Los educadores afrontan numerosos problemas, pero poniendo pasión en su trabajo, acaban marcando a los alumnos

Pedro Montes, profesor. / Pablo Parra
Los docentes, aquellas personas que dedican sus días a educar a niños y niñas de todas las edades, que a veces marcan por su forma de ser. Los alumnos o los padres siempre ven la perspectiva de la docencia desde su punto de vista propio, pero pocas veces lo vemos desde el de los propios educadores.
Pedro Montes es profesor de inglés y portugués del Colegio Diocesano, concretamente de Secundaria. Cacereño de 56 años, lleva 15 años dando clase en dicho colegio, donde, según parece, deja huella siempre en sus alumnos. «¿Soy un buen profesor? Si soy egoístamente sincero, sí». Y tiene sus motivos para pensarlo. «Son tantas las muestras de cariño, de compañeros, alumnos y padres, que si hago un balance del año, y con todos los problemas que hay hoy en día, no consigo recordar uno gordo que haya tenido». Y si, incluso años después, te siguen visitando antiguos alumnos a clase, es que algo bien has hecho.
Él, como profesor medianamente veterano, es una buena voz para señalar los cambios de la doctrina educativa y los problemas que, según él, más afectan a los educadores. «Educar hoy es un difícil equilibrio: intentamos inculcar la cultura del esfuerzo a unos alumnos blindados por la sobreprotección de sus padres, y para revertir esto necesitamos que las familias vuelvan a ver al docente como un aliado, no como el enemigo».
Salud mental de alumnos... y profesores
«Ahora mismo, la asignatura que más dolores de cabeza nos da, es la tutoría», explica. «A veces tenemos que hacer de padres, de psicólogos, hasta de sacerdote con confesiones, porque te cuentan cosas que no saben ni sus padres, los problemas de las familias cada vez más desestructuradas y eso les afecta muchísimo. El saber gestionar las emociones ahora mismo nos quita más tiempo y preocupaciones que que sepan una fórmula de física o los condicionales de inglés».
Los profesores son quienes enseñan siempre, pero, a veces, son los niños quienes aportan las enseñanzas. «También depende del perfil del profesor, como en todo. Hay perfiles más abiertos y otros más antiguos. Yo me considero abierto a lo nuevo y aprendes muchísimo. Los niños esconden muchísimas más cosas de las que te muestran. En casa, lo que puede pasar por la mente de un adolescente es increíble y muchas veces no lo vemos», asegura. «Aprendemos mucho del punto de vista humano de un adolescente, cada día aprendo algo nuevo de cómo pueden gestionar una emoción. Eso te ayuda, si estás abierto a aprender, a que te metas en su mundo».

Imagen del Colegio Diocesano. / Silvia Sánchez
Motivaciones y desafíos
Montes realmente quería ser profesor de educación física, pero eso requería un traslado a Granada, cosa que sus padres no quisieron. Tuvo que pensar en un 'plan B', y el inglés le llamó la atención. «Me motivó el contactar con la gente, ese don de gentes que dice la gente que tengo, y el tema del inglés que se me daba muy bien en el colegio», habla sobre una motivación que, como afirma, «no es fácil de mantener». «Se suele pensar que vivimos como reyes y yo invito a cualquiera a que se venga una semana conmigo y ver las seis horas de por la mañana, en mi caso, más luego otras tres, cuatro o incluso cinco horas de la tarde de cómo te preparas las clases, corriges exámenes, reuniones con los padres…», cuenta.
Y si sigue motivado es, más que por el tema económico, «por formar». «Me gusta mucho enseñar de un modo cercano a ellos, y que cuando salgan del colegio vengan a verme cuatro o cinco años después, o que me saluden por las calles… eso para mí es una recompensa grandísima», comenta. Aunque, por encima de todo, «que sepan que me tienen ahí, no solo para enseñarles una asignatura, sino como alguien en quien pueden apoyarse y confiar».
Nuevos tiempos
Quien fue profesor antes ha tenido que ser alumno, y es que los tiempos han cambiado mucho, también en educación. «Estamos a años luz de lo que era. Pero porque va de la mano de la sociedad», afirma. «Hay cosas buenas de antes que se están perdiendo, como la disciplina. Pero también había cosas muy malas. Yo recuerdo a un profesor mío en primaria sentado en su mesa leyendo el periódico con un cigarro en la boca. También recuerdo alguna que otra bofetada considerable a compañeros. Esas cosas, gracias a Dios, han cambiado».
Sin embargo, él quiere incidir en los padres. «Antes tenían el miedo de que pasara algo en clase y el doble de miedo de que se enteraran en casa. Ahora, en clase no puede pasar nada grave porque esos castigos ya no se hacen, pero esta vez los alumnos están deseando llegar a casa porque saben que allí van a ser defendidos en cuanto ellos pongan la excusa o le den la vuelta a lo ocurrido. Esa permisividad y sobreprotección de los padres es lo que yo, y a mis compañeros cuando nos reunimos y lo comentamos, creemos que más ha hecho que cambie el tema de la educación».

Chat GPT. / E.P
También hay otros detalles que han cambiado, como el uso de las tecnologías, para lo cual la pandemia fue «el punto de inflexión». «Hubo que adaptarse sí o sí a la fuerza a las clases online, que todos tuvieran dispositivos electrónicos en casa, y ahí nos dimos cuenta del vacío que hay en muchos hogares, con pocos recursos, con un ordenador para tres o cuatro personas. La digitalización nos viene muy bien porque accedes a más cosas, entrevistas, visitas virtuales… Y está la inteligencia artificial».
Sobre esto último cualquiera diría que un profesor le pone la cruz (o el suspenso), pero en su caso, a los más mayores de cuarto de la ESO les enseña a utilizarla como una herramienta útil. «Es un avance muy grande tanto para ellos como para nosotros, solo falta que sepan utilizarlo bien».
Desafíos y valoración
Llegar a ser docente es fruto de superar grandes desafíos. Y una vez que ya ejerces, siempre hay algún alumno que te quiebra la cabeza. «Cuando yo entré en el colegio, me costó entrar en el claustro, con pocas horas, extraescolares… pero seguí y seguí y tenía claro que quería entrar ahí. Aguanté mucho, hice muchas horas con poco sueldo», cuenta. Pero, académicamente hablando, «sí he tenido algún alumno que otro que estaba 'defenestrado' para la vida académica, y haberle conseguido convencer y reconducir y ver que ha salido de la carrera o tiene un puesto de trabajo decente, y te dice que gracias por haberlo apoyado cuando quería dejarlo». Ese ha sido su mayor desafío y, ahora, su mayor trofeo. «Algunos alumnos dan para escribir un libro».

Alumnos en un aula. / EL PERIODICO
Pero, ¿está el trabajo de los docentes valorado lo suficiente? «Hay una doble sensación. La gente nos da valor por la paciencia, aguantar a 25-30 personas todos los días, cuando en una casa no son capaces de aguantar a uno. Dicen que tenemos el cielo ganado», asegura. Pero, por otro lado, «tenemos la coletilla de que tenemos muchas vacaciones. Es cierto, sí, tenemos muchas vacaciones, y totalmente merecidas. Por un lado, sentimos que se nos valora y se nos aprecia, pero por otro nos sentimos abandonados. Creo que los médicos y los profesores somos de las profesiones más castigadas en ese aspecto», añade. Y vuelve al tema de la protección sobre los chavales. «En conversaciones se nos valora, pero luego no se nos deja actuar por esa sobreprotección que tiene blindados a los niños».
Inglés, un seguro
En su caso, es experto en inglés, y aprovecha para dar valor al idioma y la importancia de su asignatura. «Si yo supiera transmitirles la importancia del inglés a ellos, con su edad, y con lo que se van a encontrar el día de mañana, sería el hombre más feliz del mundo. Les digo que tienen que concienciarse de que es una herramienta más que abre muchas puertas para el día de mañana y es el punto decisivo que te puede meter en un trabajo o en la universidad», afirma.
Lo compara con la cocina. «Si en vez de inglés fuera cocina, se pensaría que qué bien se les enseña algo que les viene bien el día de mañana. No sé si hay que reestructurarlo desde abajo, desde la base en infantil, pero no son conscientes de su importancia. Si sumo todas las veces que lo digo, sumo horas».
Y eso que tienen un muy buen ejemplo práctico. «Siempre me dicen que siempre estoy viajando, que viajo mucho y que quieren ser como yo. Les digo que aprendan el idioma, y que con el inglés y un trabajo que puedan tener más puertas abiertas. Que viajen, que viajen muchísimo, porque viajando es como más se aprende en este mundo de la vida».
Ser un buen profesor
Volviendo a la pregunta de si se considera un buen profesor, se podría decir que sí. «Es como un campeonato de liga, puedes tener un partido bueno o uno malo, pero al final la clasificación te pone en tu sitio. Entonces, un curso entero, y otro, y las muestras de cariño de alumnos, padres, compañeros, son muy buenas siempre. Y cuando salen del colegio, que no tienen por qué hacerte ya la pelota, siguen ahí y te lo recuerdan».

Pedro Montes. / Pablo Parra
¿Y cuál es la clave? «Soy cercano a ellos, a veces peco de más, pero creo que o te adaptas a ellos, a la sociedad de hoy, o si no no consigues llegar a ellos. Yo me considero un buen profesional, porque me gusta, es mi vocación, le dedico muchísimas cosas y lo hago con el corazón».
En estas fechas se celebra el Día del Docente, una oportunidad para reivindicar el papel de los educadores. Aquellos, que al igual que los padres, nos han marcado tal y como somos. A algunos se les recuerda por su dureza, pero a otros por su cercanía, como en el caso de Pedro. Para él, y para todos ellos, va este día.
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