Comercio local
Lorenzo, el carnicero cacereño que mantiene viva la esencia del mercado
De los Balbos a la Ronda del Carmen, el testimonio de este cacereño con décadas de experiencia en el oficio refleja la lucha diaria de los carniceros por preservar una tradición artesanal que afronta tiempos difíciles

Carlos Gil

Desde los 14 años, Lorenzo Santos ha hecho de la carnicería su forma de vida. Criado entre mostradores y cuchillos bien afilados, siguió de manera natural los pasos de sus padres, tíos y abuelos, una estirpe de carniceros que marcó su destino.
A lo largo de su trayectoria ha pasado por mercados históricos como el de los Balbos y el de Galarza, y desde hace años desarrolla su labor en el de la Ronda del Carmen, escenarios que han sido testigos de su evolución profesional y del declive de un sector cada vez más frágil.
Su rutina diaria comienza de madrugada. A las seis de la mañana ya está en su puesto, organizando el género y dejando todo listo porque, recuerda, «aquí trabajamos con productos frescos». La actividad no se detiene hasta pasadas las tres de la tarde, aunque la jornada no termina ahí: por la tarde, de cinco a ocho, retoma la faena para ultimar los encargos y poner a punto la mercancía. «Siempre hay algo que hacer, y más ahora que llega la campaña de Navidad», comenta, acostumbrado a una profesión que exige dedicación constante y no entiende de horarios.
En su establecimiento se pueden encontrar todo tipo de carnes, siempre cuidadosamente seleccionadas y de primera calidad. En un oficio tan ligado al contacto directo con el cliente, ganarse la confianza de quienes lo visitan regularmente es tan importante como ofrecer un buen producto.
Con el paso de los años, Lorenzo ha logrado fidelizar a muchos de sus clientes, todo «gracias a una atención cercana y a contar con buen género», subraya, orgulloso de la relación que ha construido con su público.
El comercio local, en jaque
Pero el día a día en este mercado cacereño revela algunos de los problemas que enfrenta el pequeño comercio. «Faltan puestos de verduras, frutas, charcutería, cafetería…, pero no hay manera de que los otorguen. Es triste, pero nos tienen un poco abandonados», lamenta. Una clara muestra de cómo la falta de apoyo y de renovación amenaza con debilitar la actividad en este emblemático lugar.
Con los cambios en los hábitos de consumo, las nuevas generaciones prefieren comprar en grandes superficies, mientras que los negocios locales reciben visitas esporádicas. «Aquí apenas vienen una vez al año», admite.
Sin reemplazo
Otro de los problemas actuales es la falta de relevo, una brecha de edad que compromete la supervivencia de estos oficios tradicionales. «Por el momento, no hay quien continúe nuestra labor».
"En los negocios tradicionales, esta profesión acabará desapareciendo tarde o temprano"
A su juicio, la responsabilidad recae en la clase política, que debería ofrecer incentivos para que quienes les sucedan no tengan que afrontar una gran inversión inicial, destacando lo difícil que resulta mantener viva una profesión que exige experiencia y dedicación desde muy joven.
Porvenir incierto
La preocupación en el sector es evidente y el porvenir de las carnicerías de barrio se presenta complicado: «Lo veo bastante negro. Este trabajo, tarde o temprano, acabará desapareciendo», afirma Lorenzo con cierta resignación.
Su caso es el reflejo de un oficio que combina destreza artesanal, compromiso con la clientela y un trabajo físico intenso, pero que hoy se enfrenta a retos económicos y sociales que ponen en riesgo su continuidad. En un mercado donde el tiempo parece haberse detenido, los carniceros de Cáceres luchan por mantener viva una tradición que podría convertirse en patrimonio de recuerdos si no se toman medidas para garantizar su futuro.
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