Urbanismo
La reforma de la plaza Marrón de Cáceres genera dudas: "La remodelación puede hacer que entre el agua en nuestros negocios”
El histórico proyecto divide a vecinos y comerciantes. Algunos celebran la mejora estética, mientras otros temen la pérdida de plazas de estacionamiento y otros problemas derivados

Plaza Marrón y, al fondo, la calle Camino Llano. / El Periódico

La presentación del ambicioso proyecto de reforma de la plaza Marrón de Cáceres, una de las principales apuestas de la legislatura de Rafa Mateos, ha reabierto un debate que parecía interminable. Tras décadas de intentos fallidos, el ayuntamiento asegura que esta vez la transformación será una realidad.
El proyecto pretende cambiar uno de los accesos históricos a la ciudad monumental, la calle Camino Llano, que se convertirá en una plataforma única con aceras más amplias y accesibles. Para mejorar la seguridad de los peatones, se instalará un pavimento diferenciado entre la calzada y la acera.
Además, se incorporarán 55 árboles, junto con maceteros y alcorques de gran tamaño que proporcionarán sombra y verde a la vía. Pero más allá de los planos y las cifras, la pregunta que circula en el vecindario es evidente: ¿cuál es el sentir entre la ciudadanía cacereña?
División de opiniones
Entre los vecinos, las opiniones están divididas: muchos respaldan la reforma, pero con ciertas reservas. Andrés Guerra señala que “todo lo que sea para mejorar la zona, bienvenido sea”. Juana, propietaria del herbolario Hierbabuena, aprueba la mejora de la plaza Marrón, con la colocación de bancos y árboles, pero rechaza intervenir en Camino Llano: “Es otra arteria que van a cortar. Si dependiera de mí, no tocaría nada en esta parte".
Los hosteleros son quienes más respaldan la reforma, valorando no solo la mejora estética y el nuevo atractivo de la zona como punto de encuentro, sino también el potencial aumento de afluencia de clientes que puede generar un espacio más accesible, agradable y verde.
Por su parte, Carlos Montero, al frente de talleres Montero, comenta que tras 50 años en los que se han producido infinidad de cambios, "todo lo que venga será bueno, siempre y cuando nos dejen trabajar y no perjudiquen a los residentes. Si no vamos a poder cargar y descargar, prefiero quedarme como estoy ahora”.
Tráfico y accesibilidad
El proyecto presentado contempla que, una vez realizada la actuación, se podrá seguir accediendo a Camino Llano en coche, por lo que no tendrá tráfico restringido. Sí se modificará el sentido del tráfico en la calle Hernando de Soto (la vía paralela) para facilitar y canalizar el paso de vehículos por todo el centro.
El acceso a las calles Clavellinas y Roso de Luna continuará realizándose con normalidad para los vehículos que tienen los permisos y están autorizados. A la parte superior de la plaza Marrón, donde se encuentran los viales Santa Apolonia, San Vicente y Santa Bárbara, solo podrán entrar los residentes.
Ana Mayoral, vecina y comerciante en la calle Camino Llano, se muestra partidaria de renovar el entorno y valora que los vehículos puedan seguir circulando, ya que muchos de sus clientes llegan de fuera y no tienen otra alternativa para desplazarse.
El agua, enemigo histórico
Sin embargo, advierte sobre un posible problema: “Cuando llueve mucho, hay veces que el agua acaba entrando en los negocios y viviendas”, debido a que la pendiente del terreno provoca acumulaciones cuando se producen fuertes precipitaciones.
“Hace años tuvimos que poner un escalón en la entrada y recientemente tuvimos que retirar el agua con cubos. Si vuelven a subir el nivel de la calle, como ha ocurrido en reformas anteriores, podría afectarnos todavía más”, lamenta. Por ello, insiste en que la obra debe ejecutarse de manera correcta y con respeto hacia los vecinos.

Ángel García Collado
50 plazas menos
Entre los principales inconvenientes está la pérdida de plazas de estacionamiento. Actualmente, la calle cuenta con unas 68, que se verán reducidas a entre 18 y 20, lo que implica la eliminación de cerca de 50 plazas.
Andrés considera que se trata de una tendencia que se está observando en muchos barrios y a la que los ciudadanos deberán acostumbrarse. Juana, en cambio, sostiene que esto agravará las dificultades actuales: “Hoy en día ya es complicado encontrar aparcamiento en esta zona porque nos han ido quitando plazas”.
Mezcla de entusiasmo y cautela
En conjunto, los vecinos y comerciantes de la zona muestran un equilibrio entre entusiasmo por la renovación y preocupación por los detalles prácticos, especialmente el aparcamiento, la accesibilidad y la gestión de agua en caso de lluvias. La previsión es que las obras empiecen durante la primavera de 2026 y duren unos diez meses, con un presupuesto cercano al millón de euros.
No obstante, después de tantos intentos frustrados, los cacereños mantienen una mezcla de ilusión y prudencia. “Ojalá se haga. A todos nos gustaría ver esta zona transformada. Pero hasta que no vea las máquinas… no me lo termino de creer”, resume Carmen Hidalgo con una sonrisa resignada.
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