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Preparativos Monacal

El Palacio Episcopal de Cáceres ultima los detalles para la primera feria Monacal con el 95% de los dulces ya en sus stands

Las comunidades religiosas culminan los envíos y los voluntarios organizan más de un centenar de especialidades para la cita del 5 al 8 de diciembre

Monjas entrando en el obispado.

Monjas entrando en el obispado. / Cedida por la Diócesis de Coria-Cáceres

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

A primera hora de la mañana de ayer, el Palacio Episcopal de Cáceres amanecía acompañado por música ambiental durante las pruebas del hilo musical que sonará en la primera edición de Monacal. Al mismo tiempo, continuaba la llegada de las últimas cajas procedentes de los conventos participantes, completando los envíos previstos para esta cita gastronómica y cultural. Según señala la organización, el 95% de los dulces monacales ya se encuentran en el Palacio Episcopal, listos para su distribución entre los distintos stands de venta al público.

En una de las imágenes captadas este lunes aparecen las religiosas de Jerez de los Caballeros (Badajoz), una de las comunidades que participa con su tradición artesana y repostera en la feria, trasladando sus elaboraciones al interior del palacio cacereño.

Durante los cuatro días de feria (del 5 al 8 de diciembre), los visitantes podrán disfrutar de una amplia muestra de dulces, artesanía y productos elaborados en conventos y monasterios, además de una cuidada programación cultural. Monacal incluirá espacios expositivos, venta directa, actuaciones musicales, actividades divulgativas y propuestas orientadas a valorizar el legado histórico y espiritual de las comunidades religiosas.

La organización destaca además que ya se ha alcanzado el centenar de voluntarios, que trabajan en la clasificación de las 129 variedades de dulces que se ofrecerán al público.

Programa de la Jornada Profesional del 4 de diciembre

Las actividades arrancarán este jueves 4 de diciembre a las 9.00 horas con la inauguración de las Jornadas Profesionales organizadas por la Universidad de Extremadura, que contarán con ponentes universitarios, expertos gastronómicos y sesiones centradas en patrimonio, turismo religioso e historia culinaria.

La organización agradece la implicación de todas las comunidades religiosas y anima a la ciudadanía a participar en esta primera edición, concebida para convertirse en un nuevo referente cultural y gastronómico en Cáceres.

Monjas de Jerez de los Caballeros.

Monjas de Jerez de los Caballeros. / Cedidas por la Diócesis de Coria Cáceres

Durante cuatro días, los visitantes podrán adquirir 74 variedades de dulces, con una previsión de 9.000 cajas a la venta. Los beneficios se destinarán íntegramente a los conventos participantes. Además, en la Plaza de Santa María se habilitarán degustaciones solidarias de chocolate y café.

Como antesala del evento, el 4 de diciembre se celebrarán las I Jornadas Profesionales Monacal, con conferencias, encuentros especializados, talleres de hierbas aromáticas, sesiones sobre turismo, patrimonio y gastronomía, y demostraciones culinarias en directo.

El programa contará con la participación de chefs como Javier Martín, Parador de Cáceres, Restaurante Mamay Aldana y El Pensionista, que ofrecerán demostraciones de cocina monacal adaptada a la gastronomía actual.

Ejemplos icónicos en España de dulces conventuales

La geografía española conserva una enorme variedad de dulces conventuales, cada uno ligado a su territorio y a la historia de su convento:

1. Yemas de Santa Teresa (Ávila)

Probablemente el dulce conventual más conocido. Aunque popularizadas por pastelerías, su origen se vincula a la repostería monástica del siglo XV, donde los excedentes de yema —tras usar las claras para clarificar vinos— se transformaban en pequeños bocados de huevo y azúcar.

2. Pestiños del convento de Santa Clara (Sevilla)

Los conventos de clarisas de Andalucía mantienen viva esta receta morisca: masa frita con ajonjolí y miel. En Navidad, las colas en los torno conventuales son habituales.

3. Empanadillas de cabello de ángel (Toledo)

El monasterio de Santo Domingo el Antiguo conserva recetas centenarias que combinan la tradición mudéjar con el arte culinario de las comunidades cistercienses.

4. Almendrados y amarguillos (Castilla y León y Galicia)

Elaborados con almendra molida y azúcar, son típicos de conventos cistercienses y benedictinos. La falta de harina los acerca mucho a las técnicas medievales.

5. Rosquillas de anís y mantecados con sello conventual (Extremadura)

Conventos como el de las Jerónimas o las Clarisas han mantenido recetas simples pero intensas: anís, limón, manteca y horno de piedra.

6. Hojuelas y flores fritas (La Mancha)

Ligadas a celebraciones religiosas, siguen siendo emblema de conventos franciscanos y clarisas.

7. Marquesitas (Córdoba y Toledo)

Pequeños bizcochos de almendra típicos de Adviento, muy vinculados a los conventos jerónimos.

Monacal 2025 incluirá talleres infantiles y aulas de repostería, conferencias de cronistas, escritores y especialistas gastronómicos, conciertos de música sacra a cargo del Orfeón Cacereño y la Coral Nuestra Señora de la Montaña.

Además, habrá actividades simultáneas en el Palacio Episcopal, la Plaza de Santa María y el Palacio de los Golfines de Abajo.

Apadrina un convento

La iniciativa cuenta con la colaboración de Caja Rural de Extremadura, el Ayuntamiento de Cáceres, la Diputación de Cáceres y la Consejería de Turismo, junto a numerosas empresas integradas en el programa “Apadrina un convento”, que ha permitido facilitar ingredientes y apoyo logístico para la producción de los dulces.

La entrada será gratuita y el horario de visita será de 10.00 a 20.00 horas, con cierre especial el 8 de diciembre a las 17.00 horas.

Arranca Monacal, la feria más dulce de Cáceres

Arranca Monacal, la feria más dulce de Cáceres / Carlos Gil

Con Monacal 2025, Cáceres se convierte en punto de encuentro entre la gastronomía tradicional, la cultura monástica y la solidaridad, ofreciendo a residentes y visitantes una experiencia única en pleno puente de diciembre.

Los dulces conventuales forman parte del patrimonio gastronómico más antiguo y respetado de España. Durante siglos, las comunidades religiosas han elaborado de forma artesanal recetas que han pasado de generación en generación, muchas de ellas guardadas como auténticos tesoros culinarios. Hoy, estos obradores siguen activos en numerosos conventos, donde el silencio y la tradición conviven con el aroma del azúcar y la almendra.

Un legado nacido en la Edad Media

La repostería monacal comenzó a desarrollarse en la Península entre los siglos XIII y XVI, cuando los conventos, autosuficientes y dedicados al trabajo manual, empezaron a producir dulces para consumo propio y para agradecer donaciones. Con la llegada del azúcar de caña desde América y el uso habitual de almendras, miel y especias, la repostería conventual vivió su gran expansión.

En algunos casos, las recetas actuales proceden de manuscritos antiguos o de tradiciones orales mantenidas por monjas que nunca permitieron que los dulces salieran del convento sin supervisión. Esa fidelidad a la receta original explica el sabor inconfundible de estos productos, que siguen elaborándose sin conservantes ni maquinaria industrial.

Los dulces conventuales se caracterizan por sus ingredientes naturales: harina, miel, almendra, limón, canela, huevo… su elaboración artesanal: amasado a mano, reposo y horneado tradicional, las recetas transmitidas en clausura y la producción limitada, lo que convierte cada caja en un producto único. Además, la venta de estos dulces ha sido tradicionalmente una forma de sostener económicamente a las comunidades religiosas.

Un patrimonio gastronómico que resiste el paso del tiempo

En la actualidad, muchos conventos venden sus dulces a través de turnos tradicionales, tiendas físicas o en ferias como Monacal 2025 en Cáceres, donde las comunidades religiosas dan a conocer sus productos y obtienen fondos para mantener su actividad.

Más allá de su sabor, los dulces conventuales representan una forma de vida dedicada a la calma, al trabajo minucioso y a la continuidad de una tradición que ha sobrevivido siglos. Cada pieza —una yema, una rosquilla, un amarguillo— es, en realidad, un fragmento de historia que se sigue elaborando a fuego lento.

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