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Domingo Barbolla, sociólogo de Cáceres: "Igualdad: necesaria, cambiante"

Fácil es pensar que hasta la generación de excedentes la vida humana se tornaba igualitaria

Igualdad.

Igualdad. / E. P.

Domingo Barbolla Camarero

Domingo Barbolla Camarero

Cáceres

La igualdad ha sido un entronque básico en la supervivencia de la especie, escenificada en distintas fórmulas culturales se abrió paso en la lógica del pasado –en el pasado remoto si queremos– y también grita por hacerlo en el presente para que sea posible en el futuro. Fácil es pensar que hasta la generación de excedentes la vida humana se tornaba igualitaria, cada uno necesitaba ser alimentado y cuidado porque era necesario para el conjunto, evidencia debía resultar este pensamiento en buena parte de la historia de la humanidad.

Una vez domesticadas algunas plantas –comienzo de la agricultura– y animales –ganadería–, resultó posible que unos pocos alimentaran a todos y algunos otros pocos se adueñaran de ese trabajo y tradujeran en riqueza su rapiña. El nuevo modelo –desde hace unos diez mil años– permitía, cuando no legitimaba, este artefacto cultural de distribución desigual de los recursos, si bien nunca se dejo de imaginar el origen primigenio en el que los hombres habíamos convivido durante centenares de miles de años.

Hoy, en los albores del tercer milenio, diez mil años desde el origen de la desigualdad, clama la voz del principio como estrategia cultural para afrontar los nuevos retos y así permitirnos sobrevivir. Desde la lógica de la desigualdad perdemos los talentos de buena parte del grupo, resultando estos híbridos infecundos para el aporte de su inteligencia necesaria.

Somos la suma de lo desarrollado como potencial de cada uno, fácil almacenaje de lo posible, de no hacerlo, de buscar la suma de lo posible, el empobrecimiento –más allá de las apariencias– es evidente para el conjunto; en una sociedad tan compleja los retos se tornan más complejos y por tanto cada ápice de inteligencia desperdiciada significa el umbral entre la vida y la muerte de la especie; esta es la gran lección que podemos aprender del grito casi unánime que se despierta del letargo en buena parte de la población del planeta. Es la hora de la igualdad, este mínimo vital para que cada ser humano en nuestro mundo pueda desarrollarse como tal. Sepamos aprovechar el momento que nos salve del final. Inteligencia, sigámosla.

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