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Nuestro pasado

Del cine alemán al corral de casa: dos historias que marcaron Cáceres

El estreno de la película 'El trío de la Bencina' coincidió con un accidente doméstico en la ciudad, donde una niña resultó herida al cortarse con un cristal en un contexto de precariedad

Calle Calleros de Cáceres en el pasado.

Calle Calleros de Cáceres en el pasado. / Cáceres en el pasado

Esteban Valero Vizcano

Esteban Valero Vizcano

Cáceres

En 1932, Cáceres registró un acontecimiento cultural y un suceso accidental. Por un lado, la ciudad celebró la inauguración del Cine Sonoro en la Plaza de Toros, que inició su actividad con la proyección de El trío de la Bencina, una destacada producción alemana encabezada por la popular Lilian Harvey.

Cartel de la película 'El trio de la vencina'.

Cartel de la película 'El trio de la vencina'. / Cedida

Popular comedia alemana

Fue una popular comedia alemana, estrenada en 1930, que narraba la historia de tres amigos que venden todo cuanto poseen para abrir una gasolinera, Benzina, "gasolina" en italiano, aunque pronto todo se complica cuando los tres se enamoran de la misma mujer. Desde entonces, la expresión se utiliza para aludir a tres personas que aparecen inseparablemente juntas y empeñadas en sacar adelante un proyecto común.

Suceso doméstico

Por otro, un suceso doméstico conmocionó a un barrio cacereño, Pilar Arroyo, una niña de 11 años residente en la calle Caleros, sufrió un profundo corte al clavarse un cristal de una botella de lejía mientras lavaba en el corral. El doctor Ramón Sánchez Cayetano se encargó de prestarle asistencia médica.

Riesgo real para muchas familias

En torno a 1930, muchas viviendas de la ciudad carecían de las comodidades modernas: la iluminación dependía aún de quinqués o lámparas de petróleo, el abastecimiento de agua era incierto y buena parte de las casas no contaban con saneamientos adecuados. En ese escenario, no era extraño que las tareas domésticas se convirtieran en fuente de accidentes, quiebras de cántaros al transportar agua, cortes por fragmentos de cristal o lesiones provocadas por caídas en patios y corrales eran percances comunes. El entorno doméstico, frágil e inseguro, convertía un simple gesto cotidiano en un riesgo real para muchas familias.

Las cocinas eran espacios reducidos y mal ventilados, lo que aumentaba el peligro de incendios. Las chimeneas acumulaban hollín y, en ocasiones, el fuego se extendía a cortinas, muebles o utensilios cercanos. Los vecinos solían acudir de inmediato ante el menor indicio de humo, convirtiéndose en los primeros bomberos improvisados de la ciudad.

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