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San Pedro en campaña

De boutique de Adolfo Domínguez a cuartel electoral de María Guardiola en el ‘Beverly Hills’ de Cáceres

El cierre de las grandes firmas en San Pedro de Alcántara ha dejado paso a la política: el local de la marca gallega se ha convertido en sede de campaña mientras la calle símbolo del lujo comercial encadena persianas bajadas

La antigua tienda de Adolfo Domínguez de la calle San Pedro de Alcántara de Cáceres se convierte en cuartel de campaña de María Guardiola

El Periódico Extremadura

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

La antigua boutique de Adolfo Domínguez en San Pedro de Alcántara, que ha cerrado el pasado mes de marzo, se ha convertido estos días en uno de los cuarteles de campaña de María Guardiola, presidenta de la Junta de Extremadura y candidata del Partido Popular a la reelección en los comicios autonómicos del 21 de diciembre. El mismo local que durante décadas ha sido escaparate de moda de autor ha amanecido ahora como centro de pegada de carteles, reuniones y planificación electoral.

Durante la jornada, el interior del establecimiento ha sido un constante ir y venir de colaboradores ultimando detalles, montando mesas, revisando listas y organizando actos. En los ventanales donde antes se han exhibido prendas de lino y colecciones de temporada, ya se han empezado a colocar las primeras imágenes y lemas de campaña de la dirigente popular.

Guardiola ha decidido pulsar el botón electoral desde una calle cargada de simbolismo para la ciudad. Tras año y medio al frente de la Junta en solitario, la candidata popular ha afrontado estos comicios con la intención de consolidar su hegemonía institucional. Parte con la ventaja de gobernar desde hace dos años una región que tradicionalmente se ha considerado sociológicamente inclinada a la izquierda, después de haber desbancado del poder al socialista Guillermo Fernández Vara. Ese cambio de ciclo político se ha escenificado ahora precisamente en un espacio asociado a la transformación del comercio cacereño.

De la pasarela al mitin

El giro del local de Adolfo Domínguez es también el reflejo de una ciudad que ha visto cómo sus referentes comerciales se han ido apagando. La llegada de la firma gallega a Cáceres, hace 28 años, se ha vendido en su día como un símbolo de prosperidad. Su aterrizaje en San Pedro de Alcántara, la calle de las grandes marcas, ha supuesto un revulsivo para la imagen de la capital.

El vínculo entre la marca y Cáceres ha sido intenso. El diseñador, que ha definido la ciudad como "una belleza, sorprendente, un pequeño milagro", ha visitado varias veces la capital. En 2005 ha recibido el título de profesor de honor del Colegio Internacional San Jorge, en un acto solemne de entrega de becas. En 2019 ha regresado para presentar su novela "Juan Griego" de la mano de TodoLibros, en el Espacio Belleartes, en un encuentro literario que ha llenado la sala.

Mientras el local cacereño ha bajado la persiana, la firma Adolfo Domínguez ha mantenido en los últimos años un proceso de transformación interna. La compañía, presidida por Adriana Domínguez, ha cerrado los primeros compases de 2025 todavía con números rojos, con un resultado neto negativo de 1,6 millones de euros, aunque ha recortado pérdidas alrededor de un 40 % respecto al ejercicio anterior. El ebitda se ha situado en 9,9 millones y la facturación anual del ejercicio 2023-2024 ha alcanzado los 126,7 millones.

A la vez, la casa de moda ha continuado su expansión internacional. Solo en el último otoño ha abierto catorce puntos de venta en países como Francia, México, Ecuador, Chipre o Uruguay, consolidando especialmente su presencia en América Latina, donde México sigue siendo su principal filial.

En Cáceres, sin embargo, el recorte ha llegado con fuerza. El cierre de Adolfo Domínguez se ha sumado al de Prénatal, otra enseña histórica de la calle que ha vestido a miles de bebés cacereños, en un contexto en el que la crisis del comercio físico, el auge de las compras por internet y el encarecimiento de los alquileres han pasado factura. Extremadura se ha situado, además, entre las regiones españolas con mayor peso del comercio en su economía, lo que amplifica el impacto de cada cierre en términos de empleo y tejido urbano.

San Pedro de Alcántara no es una calle cualquiera. Durante años ha sido conocida como el ‘Beverly Hills de Cáceres’ por concentrar algunas de las firmas más prestigiosas. Mucho antes de que llegara la marca gallega, el eje comercial ya tuvo la boutique de Elpidio y Leo uno de sus grandes emblemas.

Los hermanos Bernáldez decidieron en 1965 instalar su tienda de moda en una avenida que todavía estaba por consolidarse, cuando lo habitual era abrir en la calle Pintores. En aquel tramo de San Pedro apenas estaban el cine Astoria, el colegio de Las Carmelitas, una tienda de decoración, algún chalet y el bloque de pisos promovido por el comercial Pablo Vioque. En uno de aquellos bajos han levantado la boutique con dos grandes escaparates que se ha convertido en referencia: taller a medida y pret-à-porter de alta costura.

Elpidio y Leo marcaron época con sus trajes de novia y desfiles, y han vestido a la jet cacereña y a actrices y figuras públicas que han pasado por la ciudad. Su cierre en 2009 ha sido el primer síntoma del cambio de ciclo en una calle que ha visto encadenarse las persianas bajadas.

Tras décadas como escaparate de bodas, bautizos y grandes ocasiones, y luego como símbolo de moda urbana y diseño de autor, San Pedro de Alcántara ha pasado ahora a ser, al menos durante unas semanas, escenario de mítines, reuniones y estrategia electoral.

Política, comercio y memoria de ciudad

La reapertura del local como cuartel de campaña de María Guardiola ha sintetizado, en un mismo espacio, tres relatos que se han entrecruzado en los últimos años en Cáceres: la transformación del comercio tradicional, la proyección de la ciudad como referente cultural y la reconfiguración del mapa político en Extremadura.

En la memoria colectiva quedará la imagen del diseñador gallego caminando por la ciudad monumental, comiendo en Santiesteban y defendiendo su célebre eslogan "la arruga es bella" como una manera más libre y sostenible de entender la moda. También la de sus reflexiones sobre el consumo responsable, la ropa de usar y tirar o el impacto ambiental de la industria textil.

Ahora, el mismo espacio que ha concentrado aquella idea de elegancia tranquila se ha puesto al servicio de la batalla por la presidencia de la Junta. Cuando se apaguen los focos de la campaña, quedará por ver qué nuevo uso tendrá el local y qué papel jugará San Pedro de Alcántara en la siguiente etapa de la ciudad.

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