Ribera del Marco
Ribera del Marco y acuífero de El Calerizo: causas de su deterioro, riesgos ambientales y por qué urge protegerlos
Organizaciones como AmA Cáceres alertan sobre la degradación de la Ribera del Marco, un espacio natural que sufre contaminación, sobreexplotación hídrica y falta de protección legal

Ribera del Marco. / Turismo de Cáceres
La Ribera del Marco, considerada por muchos como el “río de Cáceres”, atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. Lo que antaño fue un curso estable y fértil, alimentado por el acuífero de El Calerizo, es hoy un espacio amenazado por contaminación, sobreexplotación de recursos hídricos y falta de medidas de conservación. Organizaciones como AmA Cáceres han advertido que la degradación del ecosistema avanza sin que exista, a día de hoy, un plan público integral que garantice su protección.
Los principales problemas ambientales de la Ribera del Marco incluyen vertidos urbanos e industriales, pérdida de caudal, deterioro de las riberas, acumulación de residuos y presencia de especies invasoras. La disminución del aporte natural de agua ha reducido la vitalidad de un espacio que fue esencial para el abastecimiento humano hasta la creación del embalse del Guadiloba en 1971. Según AmA Cáceres, su caudal histórico —unos 95 litros por segundo— dependía de un sistema hídrico complejo y en equilibrio que hoy se encuentra gravemente alterado.
La historia ecológica del acuífero de El Calerizo es fundamental para entender esta situación. Con una extensión de unos 14 kilómetros cuadrados y una reserva estimada en 13 hectómetros cúbicos, este acuífero kárstico ha abastecido a la ciudad durante siglos y ha permitido la existencia de 7 kilómetros de ribera fértil y productiva. Sus aguas afloraban en la Fuente del Rey, en la Charca del Marco, un manantial emblemático que dejó de brotar tras el descenso del nivel piezométrico provocado por obras urbanas y por la progresiva contaminación del subsuelo.
Degradación
Según la organización, la degradación del acuífero se ha acentuado en las últimas décadas por la explotación de canteras en los años 80, por la presión industrial en el entorno de la Charca Musia, por vertidos irregulares y por la proliferación de pozos ciegos que han elevado la concentración de nitritos en el agua. La construcción del Palacio de Congresos agravó aún más la situación al obligar a bombear agua subterránea hacia la Ribera, alterando el flujo natural del sistema hídrico.
El ecosistema que depende de estas aguas es de enorme valor. Las vegas y zonas cerealistas del Sinclinal de Cáceres son refugio de aves esteparias como la avutarda o el cernícalo primilla, así como de especies botánicas singulares como varias orquídeas presentes en la finca La Alberca. A ello se suma la biodiversidad de la Sierra de la Mosca, donde sobreviven especies tan emblemáticas como el águila imperial, el alimoche o el buitre negro, cuya presencia está directamente vinculada al buen estado del acuífero y de los arroyos asociados.
Este valor natural contrasta con la ausencia total de figuras de protección tanto para El Calerizo como para la Ribera del Marco. AmA Cáceres recuerda que la Confederación Hidrográfica del Tajo rechazó en 2021 la declaración del acuífero como masa de agua subterránea —un paso imprescindible para blindar su conservación— argumentando falta de información técnica, pese a las evidencias de deterioro acumulado durante años.
La contaminación del agua tiene también implicaciones para la salud pública. Aunque la Ribera no se usa para consumo, la presencia de vertidos y aguas estancadas puede favorecer la proliferación de mosquitos, bacterias y malos olores, además de degradar la calidad paisajística de zonas transitadas por vecinos y escolares. El deterioro también afecta al bienestar social y al valor cultural del entorno, profundamente ligado a la historia del asentamiento humano en Cáceres, desde los neandertales de Maltravieso hasta las culturas romana y árabe, que ocuparon la zona por su disponibilidad de agua.
Ejemplos
La defensa de este espacio pasa por medidas institucionales y ciudadanas. Otras ciudades españolas han llevado a cabo proyectos exitosos de restauración fluvial: Madrid ha renaturalizado el Manzanares, Vitoria ha revitalizado su Anillo Verde y Murcia ha recuperado zonas degradadas del Segura. A nivel global destaca el caso de Seúl, que derribó una autopista para devolver vida al río Cheonggyecheon. Estas experiencias demuestran que recuperar un río urbano es posible si existe voluntad política, inversión continuada y participación social.
En Cáceres, los ciudadanos pueden colaborar evitando vertidos, participando en jornadas de limpieza, apoyando iniciativas de conservación y exigiendo a las administraciones la protección del acuífero. La organización AmA Cáceres ha recordado que desde la sociedad civil se seguirá trabajando para lograr que este patrimonio natural —esencial para la historia y el futuro de la ciudad— reciba la atención que merece.
Las amenazas no solo proceden de la contaminación: el proyecto minero de extracción de litio en el Valle de Valdeflores, anunciado en 2016, situaría balsas de lodos y escombreras sobre la zona mejor conservada del acuífero. La organización ambiental advierte que su ejecución supondría «la destrucción completa de este importante acuífero», una reserva estratégica en tiempos de sequía y un pilar vital del equilibrio ecológico de Cáceres.
Integración
La integración de la Ribera del Marco en el urbanismo moderno solo será viable si se afronta su recuperación ecológica. Convertirla en un corredor verde funcional, conectado con rutas naturales y espacios educativos, permitiría recuperar su valor histórico, mejorar la calidad de vida y reforzar la identidad de la ciudad. Hoy, sin protección legal y sin un plan de restauración efectivo, la Ribera del Marco y el acuífero de El Calerizo continúan deteriorándose.
El futuro de este espacio dependerá de la capacidad de Cáceres para conciliar desarrollo urbano, memoria histórica y sostenibilidad. De lograrlo, la Ribera podría volver a ser lo que fue: el eje natural que ha dado vida a la ciudad durante milenios.
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