Obituario
25 años sin José María Parra, institución y leyenda del periodismo cacereño
Apasionado del periodismo y aficionado a la fotografía, vivió una vida plena relatando el día a día de Cáceres en este diario, así como otros medios, la radio y la televisión

Jose María Parra, con Manuel Fraga, en 1974. / Cedida
Cuando una persona marca tanto a tantas personas suele ser sinónimo de que algo en la vida ha hecho bien. Y cuando tantos amigos, compañeros y familiares te recuerdan durante décadas es porque marcaste. Un 13 de diciembre del año 2000 la ciudad de Cáceres perdió a un emblema, un referente y una institución del periodismo cacereño: José María Parra Talavero. Sin embargo, pese a morir joven, vivió una vida digna de todo un todoterreno. Y lo hizo con el periodismo como forma de vida.
Nació un 3 de mayo de 1943 en la cacereña Cuesta de Aldana, hijo de Esteban Parra, carpintero, e Isaías Talavero, ama de casa que posee nombre de hombre por la onomástica de su día de nacimiento. Lo que tiene la época antigua. Estudió en el colegio Paideuterion y el IES El Brocense para, posteriormente, cursar la carrera de Magisterio en Cáceres.
Su primera pasión pasó por la enseñanza. Lo hizo en Andalucía, en las localidades de Ronquillo y San José de la Rinconada (Sevilla), para terminar en la antiguamente conocida como Aldea del Obispo (antiguamente Aldea de Trujillo). Muchos de esos años los dedicó a la educación de adultos, integrándose rápida y plenamente en la vida rural de aquellos pueblos en los que se había instalado.

José María Parra, en la década de los 60. / Cedida
Con la cámara siempre en mano
Ahí fue cuando comenzó con otra de sus aficiones que más marcaron su vida: la fotografía. Gracias a esta obtuvo a lo largo de su vida diversos premios y el reconocimiento de firmar carteles de la Feria de Mayo o de la Semana Santa de finales de los 70 y principios de los 80.
Esta última también tuvo un papel en su vida, siendo miembro siempre activo de la Cofradía de Jesús de Nazareno, y uno de los fundadores de la Cofradía de la Sagrada Cena, motivo por el que, durante un tiempo, el concurso de fotografía de esta llevó su nombre.

Parra, en 1998, fotografía en Santa María. / Cedida
Y llegó el periodismo a su vida
Fue en esta época cuando comenzó a colaborar en algunos medios escritos locales, lo que le llevó a conocer a su mentor y aquel que le acabaría introduciendo en el agitado mundo del periodismo: Dionisio Acedo Iglesias, director en ese momento de este diario, El Periódico Extremadura. Es él quien le convence para dejar los hábitos por las noticias del día a día de aquella ciudad que tanto amó hasta su último día.
Es así como, finalmente, en 1969 entra a formar parte de la plantilla de un diario en el que, seguramente sin imaginárselo, iba a dejar huella. Un año antes contrae matrimonio con Ana María Quesada, naciendo al año siguiente su único hijo, José María. Estas dos circunstancias son las que favorecen su decisión de trabajar de periodista, ya que le ofrecía la posibilidad de poder vivir en Cáceres capital.

Imagen de la redacción de El Periódico Extremadura en La Madrila, en los 80. / Cedida
Polilla
A partir de entonces, comienza una carrera como periodista local, siendo lo que se conoce como 'un periodista de calle', y siempre fiel a la información como servicio de la ciudad. Algo que, siendo la época que era, no era tan fácil, pero no le impidió acabar siendo un periodista referente en la ciudad.
No era difícil de ver en el bar 'La Muralla' tras el pleno del Ayuntamiento con diversos políticos o en el pub 'Bocoy' tras su paseo por el Gobierno Civil. Fue especialmente seguida su sección 'Burbujas', en la que firmaba con el seudónimo 'Polilla', y en el que trataba comentarios y cotilleos de la ciudad (chismes, como dirían los jóvenes de hoy). ¿Cómo se enteraba de todo en un mundo sin internet? Gracias a 'la ronda', preguntando, escuchando y metiendo la oreja allá donde iba. El periodismo clásico.
Pasó a ser redactor jefe de la sección local en 1986, coincidiendo con parte de los veteranos redactores que hoy siguen escribiendo todos los días en este medio, hasta que deja el periódico en 1990 por un cambio de estructuras. Pero cuando decimos que Parra era un todoterreno, no lo decimos por decir, sino porque de verdad lo fue. Durante los 70 también colaboró en el diario 'Cáceres', donde escribía sobre la historia de la ciudad con un enfoque más reportajeado que el que utilizaba en el Extremadura.

Imagen de una recepción en el ayuntamiento con diversas figuras periodísticas locales (1971). / Cedida
Buenos días, señor Alcalde
Sin embargo, también colaboró en radio y televisión. En la ya extinta Radio Popular (ahora conocida como Cadena COPE), era bastante conocida su sección 'Buenos días, señor Alcalde', donde trataba diversos temas de la ciudad, y que alguna vez acabó siendo un dolor de cabeza para el regidor en ese momento, Alfonso Díaz de Bustamante y Quijano, alcalde desde 1969 a 1977. «Eran momentos en los que la crónica municipal se consideraba como una de las informaciones que más podía interesar, en un tiempo en el que posiblemente era la única actividad que disfrutaba de cierta libertad», llegó a escribir en un artículo sobre aquella época, en 1988.
Su colaboración en la radio duró hasta el fin de sus días, trabajando en una sección semanal todos los sábados en dicha cadena con el que acabó siendo gran amigo de la familia, José Luis Franco 'Franquete', que aún hoy lo recuerda con muchísimo afecto.
Franquete
Mi amigo fue, y sigo mirando la silla que él ocupaba todo los sábados. Un embajador de Cáceres que hablaba en la COPE en el Programa de Franquete. Nos enseñaste a vivir contigo, pero te fuiste sin enseñarnos a vivir sin ti.
Hermanino, Jose María Parra
Es mencionable su etapa en la televisión como corresponsal de Televisión Española, trasladándose por toda la provincia de Cáceres con un histórico de la cámara como Enrique Caldera y realizando reportajes sobre temas variopintos. A su vez, colaboró con medios como Diario 16 o la agencia EFE.
También en la segunda mitad de los 70, fue el Delegado en Cáceres de la Cruz Roja del Mar, organización que se encargaba del salvamento en aguas marítimas e interiores, teniendo que asumir la gestión de medios de rescate en las inundaciones acaecidas en Coria en febrero de 1979. Ese mismo año recibe el I Premio Dionisio Acedo, lo que le ocasionó una inmensa alegría por lo que es el premio en sí y por lo que significó esa persona para él.

Parra, en Radio Popular, en la década de 1970. / Cedida
La vida después del Extremadura
Una vez finaliza su etapa en el periódico, entra a formar parte de la organización de los actos que conformaron la Capitalidad Cultural de Extremadura con la que se designó a Cáceres en el año 1992, participando en la Oficina de Comunicación. ¿Qué pensaría al ver que ahora su ciudad se disputa la candidatura a nivel europeo? Ironías de la vida.
Tras este periodo, crea el 'Gabinete de Comunicación', donde presta servicio a diferentes entidades locales como el Colegio de Médicos y Veterinarios, la Cámara de Comercio, Caja Duero o el Obispado de Coria-Cáceres, siendo esta su tarea periodística hasta el momento de su fallecimiento.
Llegó a escribir un libro sobre la Ermita de San Benito de Cáceres, 'Ermita de San Benito, Antecedentes Histórico-Artísticos', ubicada en las inmediaciones del Complejo Ceres Golf, acerca de la historia de este edificio como apoyo a lo que fue su restauración y por encargo de la constructora Progemisa. También regresó a la docencia durante unos meses en el CEIP Delicias.

Jose María Parra, en la década de 1990. / Cedida
Se han mencionado la fotografía y el periodismo como aficiones, pero cultivó muchas más. Entre ellas, los toros, a los que también fotografió; el cine (se salía de las salas si no le gustaba la película); los libros, teniendo en casa una gigantesca biblioteca de libros de muchos temas pero, sobre todo, de su Cáceres y su Extremadura; el tiro olímpico y con arco; o la música, especialmente el jazz o el folclore sudamericano.
En cuanto al deporte, siempre fue fanático del rugby y el boxeo, y del baloncesto en sus últimos años, coincidiendo con el auge de este en la ciudad. Con el fútbol y su entorno, sin embargo, tenía un especial desapego.
Recordado
«Quien es recordado nunca muere», se suele decir. Y es que, como se ha mencionado anteriormente, son muchos los compañeros suyos en este periódico quienes, aún hoy, lo recuerdan con especial cariño. Por ejemplo, José María Ortiz, jefe de la sección de Deportes, del cual fue su primer maestro. «Tengo maravillosos recuerdos de él. En mi primera ‘misión’ me mandó investigar unos problemas con un anciano y la basura en la plaza de Garrovillas. Eso en realidad fue raro, ya que fue por teléfono. A él le gustaba más que se pisara la calle en el antiguo oficio del periodismo, con su agenda y su grabadora», comenta. «Le gustaba hacer la ronda por las instituciones y los bares, centros reales de las noticias. "¿Quién quiere café?", decía cada vez que llegaba, para ir después al bar Félix a comentar las cosas del día».
«Me inculcó lo de hablar con los vecinos y me pasó un montón de teléfonos de las asociaciones vecinales. Era un periodista de raza, muy orgulloso de la profesión que ejercía con profundo apego. Y como persona era un extraordinario tipo. Me trató siempre con respeto, dentro y fuera del trabajo», recuerda. Miguel Ángel Muñoz, quien ocupa hoy el puesto de redactor jefe de la sección local que vio ocupar a Parra, también lo recuerda con muy buenas palabras.
'HOMENAJE A JOSÉ MARÍA PARRA', por Miguel Ángel Muñoz, redactor jefe de El Periódico Extremadura
Larga vida al periodista que nos enseñó a mirar la calle
Periodista de raza. Así fue José María Parra, y así lo recuerdo cada vez que pienso en mis primeros pasos en este oficio. Con él aprendí lo que era el periodismo de verdad, el que se hace en la calle, en los portales, en los despachos con puertas entreabiertas, en las barras donde las noticias hierven sin que nadie las anuncie.
Aún guardo en la memoria la sección con la que me estrené: “En la calle con…”, una serie de retratos de personajes de la vida diaria cacereña. Al verla, Parra me dijo, con esa mezcla de ironía y sabiduría que solo tenían los veteranos: “Ese es el único secreto para ser un buen periodista: contar a la gente lo que pasa y hacer del periódico un espejo donde puedan verse reflejados”. Desde entonces entendí que la calle debía ser siempre la verdadera protagonista de un periódico.
Hoy, en tiempos dominados por la tiranía de las audiencias, me doy cuenta de que la receta de José Mari —como lo llamábamos quienes tenemos el honor de haber sido sus amigos— no solo era la correcta: era la única eficaz. Pisar la calle. No hay más. No lo hubo antes y no lo habrá nunca.
Sin embargo, la profesión se ha llenado de periodistas que trabajan encerrados en redacción, que tiran de teléfono, que evitan mirar a los ojos. Y eso, lo sé ahora con más claridad que nunca, es un error. En este oficio hay que ver, escuchar, interpretar. Hay que ponerse en la piel del otro y contarlo sin miedo: apasionadamente, con voracidad, con coraje y con la profesionalidad que siempre tuvo Parra.
Él hacía cada día una ruta que marcó escuela: ayuntamiento, diputación, Gobierno Civil… y después, cargado de noticias y de historias humanas, aterrizaba en la redacción. Pero no acababa ahí su jornada: al caer la noche continuaba su ronda por los bares de moda de Cáceres, consciente de que detrás de una barra podía esconderse la gran exclusiva del día siguiente. Él lo sabía y lo ejercía con la naturalidad de quien entiende que el periodismo real comienza donde terminan los comunicados.
José María Parra nos enseñó a muchos lo más valioso: mirar la calle, escucharla, olerla, sentirla. Hacer del periodismo un oficio vivo y valiente. Por eso hoy, en un tiempo en que el ruido amenaza con eclipsar la esencia, reivindico su legado.
Larga vida a Parra, el periodista que me enseñó cómo ser periodista.
O José Luis Bermejo, quien, como Parra, estuvo al frente de la sección de Cáceres en el Periódico Extremadura y que coincidió con él en sus primeros años en el rotativo. No duda en mostrar su consideración por quien estima que fue «una institución en su época». «La historia de Cáceres en la década de los 70 y 80 del pasado siglo no se entendería sin la labor de José María Parra en el Extremadura», asegura. «Su trabajo destacó en el mundo del municipalismo, reflejando en sus informaciones el devenir de la política local en unos momentos trascendentales, con la transición y los primeros años de la democracia».

Jose María Parra, con Miquel Roca, padre de la Constitución, y el diputado Jose Luis Mariño, en la década de los 80. / Cedida
Isabel Zaballos, esteticien y responsable junto a su hermana Ana de Aniza (primer instituto de belleza que tuvo la ciudad, en la avenida Virgen de Guadalupe), fue muy amiga de él, a quien considera «familia prácticamente». Comenta que solo puede «hablar maravillas». «Era un apasionado, vivía el periódico como si fuera su dueño. Le decíamos que parecía hijo del periódico».
«Organizábamos desfiles o exposiciones para dar vida a la ciudad (certámenes de Maja de España o las colecciones de arte del Parador). Colaboraba con todo. Y estaba siempre alerta de todo para lograr noticias, incluso por la noche tomando algo. Lo vivía con mucha intensidad y, sobre todo, mucha pasión».
Y como persona, lo define como «una maravilla». «Era muy agradable, tenía buen carácter, y era un gran profesional. Un amor de persona». Cuando se le metía algo entre ceja y ceja, hacía lo que sea con tal de obtener su exclusiva. Vivió el periódico, y lo hizo como si fuera parte suya.
Pocos son los homenajes que ha tenido su persona tras su fallecimiento teniendo en cuenta la labor trascendental que realizó. Algún artículo esporádico. Sí cuenta con un olmo a su nombre en la Ribera del Marco, como parte de una iniciativa del consistorio del 2022 en la que se reconoce a diferentes figuras importantes de la comunicación en Cáceres, y que cuenta con unas preciosas vistas a la parte antigua cacereña que, seguro, le habrían encantado.
Sin embargo, súmese este artículo como el más emotivo homenaje que se le puede realizar.
Fue un día como hoy, hace 25 años, cuando un infarto lo pilló en plena calle y nada se pudo hacer por él. Partió sin imaginarse la huella que había dejado. Y lo hizo sin saber que su hijo se casaría dos años después y que se convertiría en abuelo de tres nietos, de los cuales uno de ellos sigue su camino en el mundo del periodismo, llevando el apellido Parra, como él hizo, a las noticias diarias locales y a numerosas fotografías cofrades o de su ciudad. Es ese nieto quien hoy, 25 años después, presume de abuelo y firma estas sentidas líneas en su honor.
Ojalá un día llegar a parecerme mínimamente.
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