Pedro Almódovar, que estudió en Caceres: "Ojalá hubiera tenido fe, pero no me la dieron"
"La fe es un don", dice el director manchego en La 2 de Televisión Española tras el rodaje de 'Amarga Navidad' para el programa 'Historia de nuestro cine', que rinde homenaje a su actriz fectiche: la fallecida Marisa Paredes

Almodóvar en Cáceres /

“Ojalá hubiera tenido fe, pero no me la dieron. La fe es un don”. La frase, pronunciada por Pedro Almodóvar en el programa Historia de nuestro cine de La 2 de Televisión Española, funciona como una confesión íntima y, al mismo tiempo, como una clave para entender a uno de los cineastas más influyentes del cine europeo. Una reflexión que llega en un contexto cargado de memoria y homenaje: el pasado viernes, el espacio que dirige y presenta Elena S. Sánchez rindió tributo a Marisa Paredes cuando se cumple un año de su fallecimiento.
La actriz, una de las voces más graves, rotundas y reconocibles del cine español, mantuvo con Almodóvar una de las relaciones creativas más fecundas de su filmografía. Versátil, magnética y de una personalidad arrolladora, Marisa Paredes encontró en el director manchego los personajes que marcaron su carrera. Por eso, el homenaje se articula desde la mirada de quien mejor supo entenderla y llevarla a la pantalla.
El programa recuperó La flor de mi secreto (1995), una de las obras más contenidas y literarias de Almodóvar, donde Paredes firmó una interpretación esencial. A partir de esa película, el cineasta acompaña a Elena S. Sánchez en una entrevista en profundidad en la que repasa su trayectoria, su manera de mirar el mundo y también sus ausencias, entre ellas la fe, entendida no solo en un sentido religioso, sino como un refugio emocional que, según admite, nunca tuvo.
Hablar de Marisa Paredes es hablar de una presencia que llenaba la pantalla incluso en silencio. Su colaboración con Almodóvar trascendió lo profesional para convertirse en una complicidad artística basada en la admiración mutua. Personajes complejos, mujeres al límite, heridas y orgullosas, encontraron en ella una intérprete capaz de sostener el peso emocional de cada historia sin estridencias. El homenaje televisivo no solo recuerda a la actriz, sino que subraya la importancia de ese vínculo creativo en la historia reciente del cine español.
La conversación en Historia de nuestro cine también ha servido para mirar al futuro. Almodóvar ha hablado de Amarga Navidad, su nueva película, producida por El Deseo y Movistar Plus+, que llegará a los cines el 20 de marzo de 2026 de la mano de Warner Bros Pictures Spain. El reparto reúne a actrices con las que ya ha trabajado, como Bárbara Lennie, Milena Smit, Aitana Sánchez-Gijón y Victoria Luengo, junto a Quim Gutiérrez y Patrick Criado, que se estrenan a sus órdenes, y Leonardo Sbaraglia, con quien ya coincidió en Dolor y gloria. Un elenco que anticipa un nuevo universo femenino intenso y reconocible.
Cáceres, el origen silencioso
Más allá de los focos y los festivales, el reportaje conecta al cineasta con una etapa menos conocida pero decisiva: su paso por Cáceres. En 1965, con solo 15 años, Pedro Almodóvar ingresó en el internado del colegio San Antonio de Padua, donde cursó 5º y 6º de bachillerato. Llegó a la ciudad porque su padre trabajaba en Madrigalejo y sus padres decidieron que continuara allí sus estudios. Tras un año en el internado, se trasladó a una pensión de la calle Postigo, junto a la taxidermia, muy cerca de la plaza de San Juan.
En aquellos años formó, junto a Paco Martín y los ya fallecidos Curro Álvarez y José María Jiménez Campos, el grupo musical Los Santos, que versionaba temas de The Beatles, The Rolling Stones, Los Salvajes o Dionne Warwick. Ensayaban en una clase situada bajo el salón de actos del colegio. Sus compañeros lo recuerdan como un chaval inquieto, inteligente, con poco talento para el baloncesto, pero con unas dotes escénicas fuera de lo común.
Entre el Capitol y la calle Pintores
Además de la música, el cine empezó a abrirse paso muy pronto. En Cáceres, Almodóvar se aproximó al séptimo arte gracias a la mítica sala Capitol, que frecuentaba con asiduidad. Años después, ya consagrado, evocó aquella etapa en un artículo para el fanzine Rita, con una mirada tan irónica como reveladora: “Toda aquella época fue algo muy kitch. No se puede decir que Cáceres fuera una ciudad divertida. Había demasiada gente pija y poco vicio. O al menos eso me parecía a mí. Todo se resumía en paseos arriba y abajo de la calle Pintores”.
Hoy, esas vivencias forman parte del sustrato creativo de un director que ha convertido la memoria, la identidad y las carencias en materia cinematográfica. Entre la fe que no tuvo, las actrices que lo acompañaron y las ciudades que lo moldearon, Pedro Almodóvar sigue mirando atrás para seguir avanzando.
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