Aventuras y desventuras
El enigma del doctor Ceresoles: médico, curandero y leyenda en el Cáceres del siglo XIX
Entre archivos incompletos, denuncias oficiales y testimonios vecinales, la figura de Mauricio Ceresoles sigue oscilando entre la medicina, el curanderismo y el mito más persistente de la historia local

El extraño caso del doctor Ceresoles. / E. P.

En nuestro archivo familiar tenemos conservados numerosos datos biográficos de no pocos personajes curiosos o misteriosos, que vivieron relacionados de una u otra manera con nuestra ciudad, a lo largo de su dilatada historia. Siendo el que seguidamente presentaremos uno de ellos, y cuya existencia conocimos en el año 1990 en una discreta tertulia, en la que descubrimos variados temas referidos a Cáceres en el siglo XVIII y XIX, gracias a descendientes de notables historiadores locales de siglos pasados.
Estos personajes «especiales» que aparecen en prácticamente todas las localidades suele deberse o bien a su profesión, o incluso al modo de vivir. En el caso que nos ocupa se trata de ambas cosas.
Nació nuestro protagonista a finales del siglo XVIII, en lugar en el que los historiadores aún no se ponen de acuerdo. Pero no es hasta el año 1824 cuando llega a la localidad cacereña de Arroyo de la Luz, con la profesión oficial de médico. Según las personas que le trataron respondía al nombre de Mauricio Ceresoles.
Aunque llegó como médico, inmediatamente también se dio a conocer como curandero, jugador empedernido, galanteador, violento polemista, y hasta intrigante político. Actividades todas ellas que, como es de suponer le crearon no pocos problemas y continuos enfrentamientos tanto con sus vecinos como con las autoridades locales y provinciales de la época. Fue diputado provincial por Navalmoral de la Mata.
Durante años fueron a verle a su consulta, como curandero y clarividente infinidad de vecinos de las localidades de los alrededores, y por supuesto de Cáceres de cunas muy diferentes y ascendentes familiares. Todo lo cual animó aún más a que desde distintos círculos se sintiese hacia su persona auténtica antipatía, incluso odio, dando pie a que se le investigase policial y políticamente. A pesar de todo ello no pocas familias de la zona, lo tenían como un auténtico oráculo.
Conocidas perfecta y detalladamente todas estas actividades por el entonces Gobernador Civil D. Joaquín Rodríguez Leal, nuestro protagonista fue denunciado al juzgado el 23 de diciembre del año 1830 por usar nombre supuesto y ejercer sin título de médico. Siendo encontrado culpable de todas estas acusaciones fue encarcelado aquí en Cáceres.
Por aquel entonces era regente de la Audiencia D. Joaquín de Palma y Vinuera, quién tenía una numerosa familia y que una de sus hijas, por esos días enfermó gravemente sin saber ningún médico dar con la curación. Entonces hubo alguien de su entorno más cercano que recordó al Regente que en la cárcel se encontraba preso desde hacía algún tiempo Ceresoles. Que bien podía recurrir a él en busca de la mejora de su hija, ya que se habían consultado a todos los médicos de los alrededores y nadie le daba soluciones, consumiendo de esta manera todas las posibilidades, dados los poderes extraordinarios que atribuían a mencionado personaje.
Don Joaquín así lo hizo, no sin cierta apatía y obtuvo casi inmediatamente la ansiada curación de su tan querida hija, utilizando para ello toda una serie de rituales que serían muy complicados de explicar aquí en este espacio. En señal de eterno agradecimiento dejo a Ceresoles libre al poco tiempo, sin muchas explicaciones, algo que no agrado a muchos vecinos que veían en este personaje un serio peligro.
Así las cosas, el atrevido Ceresoles continuó ejerciendo sus particulares actividades de curandismo y clarividencia, tanto en Arroyo como aquí en el propio Cáceres, donde se ganó una nada despreciable clientela. Todo lo cual le aportó unos considerables beneficios económicos y una importante estabilidad social. A pesar de todo esto según algunos historiadores aún en la actualidad en el archivo de la Real Audiencia de Extremadura, existe una gran confusión en todo concerniente a la figura de este personaje, no existiendo documento aclaratorio al respecto.
Según algunos investigadores, era Jenaro Candillero, italiano natural de Piamonte. Pero en la Dirección General de Empleo, en su registro no aparecía expedido título alguno de médico, entre los años 1800 y 1839, y menos aún a este nombre.
El subdelegado de medicina en Cáceres, D. Vicente Canales elaboró una relación trienal en el año 1828, para lo cual pidió los correspondientes datos a la localidad de Arroyo, apareciendo en los papeles que la persona que nos ocupa dijo llamarse Mauricio Quinqués Ceresoles, examinado de medicina en Madrid el 21 de agosto de 1807. Contradictoria información si tenemos en cuenta que, según la documentación presentada en el propio Ayuntamiento de mencionada localidad, indicaba que el título fue dado en la ciudad de Huesca en 1824.
Mientras que por su parte afirmaba ser hijo de Vicente Ceresoles y de Antonia Borrell, nacido en Castell Fullis, siendo hijo único, todo lo que no pudo comprobarse ya que dicha localidad fue totalmente destruida en el año 1822 por las tropas del general Mina.
Al tiempo en que, en muchas conversaciones mantenidas de manera informal con personas de su entorno y vecinos, afirmaba haber estudiado en Gerona, Pavía, Turín, Paris, Montpelier, Madrid e incluso en Barcelona.
Como se puede apreciar continuas contradicciones que lo único que conseguían era impedir de conocer la verdad de todo lo concerniente a la vida y el origen de este misterioso personaje, que según los documentos oficiales falleció en el año 1856 en Malpartida de Cáceres.
A pesar que las investigaciones sobre su verdadera identidad y vida se prolongaron durante muchos años y que todo ello era de alguna manera algo público, no evitó que la gente en general siguiera acudiendo a su consulta o a entrevistas privadas con el señor Ceresoles, buscando todos estos pacientes remedios a sus padecimientos que eran de todo tipo. Tanto es así que incluso apareció un número de seguidores de nuestro protagonista, que mostraron en varias ocasiones su apoyo público y sus quejas ante las autoridades competentes.
Pero incluso con su fallecimiento continúo dando que hablar en toda nuestra provincia, y más allá de nuestras fronteras, y tuvieron que pasar algunos años para que las generaciones siguientes se olvidaran de su misteriosa existencia en nuestra tierra. Lo que ocurriría también con muchos de aquellos vecinos que afirmaban haber sido curados de sus males.
Con su óbito dejó no pocos objetos personales que inmediatamente se repartieron entre algunos curiosos y simpatizantes suyos. Una veintena de libros, un par de extrañas cajas de madera, varios animales disecados, cuadros de personajes desconocidos, distintos recipientes de cristal, un peculiar bastón, artísticos muebles y poco más. Estamos convencidos que la mayoría de estos objetos del doctor Ceresoles, fueron minuciosamente estudiados para ver si tenían oculto algo que descubriera a la sociedad la verdadera personalidad de nuestro misterioso personaje, y el origen de sus extraordinarios poderes
En la actualidad cuando ya ha transcurrido más de un siglo desde su fallecimiento, nada nuevo se ha podido esclarecer sobre tan curioso individuo, que continúa siendo inspiración para no pocas leyendas y alguna que otra conversación fantasiosa.
Teósofo, espiritista, clarividente, brujo, incluso loco, son algunos de los títulos que le colocaron personas que no llegaron a conocerlo personalmente, simplemente fueron algunos que oyeron de su existencia y se hicieron caso de muchos rumores trasmitidos por terceras personas.
Debemos de tener en cuenta que nuestro protagonista vivió en una sociedad carente de muchas cosas, necesidades que no pocas personas aprovecharon su inteligencia para triunfar sobre familias de diferentes niveles sociales, reconociendo que con sus «actuaciones» beneficiaron a no pocas personas.
Poco más podemos agregar sobre la existencia de este titulado Doctor Ceresole. Hemos cumplido con nuestra obligación moral de compartir estas breves líneas, que cada uno haga su propio análisis y decida si esta página de nuestra historia local merece o no su divulgación.
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