Negocios
Un premio a los 41 años a tijera limpia de Jorge Barrantes, el peluquero que sigue trabajando sin cita previa
La asociación vecinal de la avenida de Portugal reconoció la trayectoria por su defensa del comercio local

CEDIDA

Desde hace más de cuatro décadas, la puerta de esta peluquería de la avenida de Portugal se abre y se cierra al ritmo de una costumbre que parece inalterable: entrar, esperar y cortarse el pelo. Sin reservas, sin aplicaciones, sin prisas digitales. Detrás del sillón, casi siempre, está Jorge Barrantes, de 57 años, 41 de ellos dedicados al oficio que aprendió siendo apenas un adolescente. Se trata de la Peluquería Abdón.
Historia
"Empecé con 16 años, con mi padre, aquí mismo", recuerda. No es una forma de hablar: es literal. Barrantes ha pasado toda su vida laboral en el mismo local, cortando el pelo en la misma casa desde 1984. Una continuidad poco habitual en tiempos de cambios constantes, cierres y traslados. "Mi padre me enseñó y aquí sigo", resume.
Esa fidelidad al oficio y al lugar le ha valido el reconocimiento de clientes, vecinos y compañeros. Hace poco recibió el galardón de la segunda edición de la asociación vecinal avenida de Portugal, que ponía en valor toda una trayectoria. "Lo que sientes es agradecimiento", explica. "Que la gente que te rodea, que te conoce de toda la vida, valore tu trabajo… eso es lo más importante". No lo dice como quien recibe una medalla, sino como quien entiende el reconocimiento como algo compartido.
Peluquería
El negocio, además, funciona. En la peluquería trabajan cuatro personas: dos a jornada completa, una a media y otro compañero que se incorpora por las mañanas. Un pequeño equipo estable, con relaciones que se miden en décadas. "Con Vero y con José llevo más de veinte años; Edu va para seis", enumera.

Ángel Pedro Reviriego entrega el galardón a Jorge Barrantes. / E. P.
Barrantes no esquiva el análisis del comercio local. Reconoce que el pequeño comercio en Cáceres atraviesa dificultades, sobre todo por la competencia de las grandes superficies. "Hablan de conciliación, de cerrar antes, y yo soy el primero que quiere irse a casa a las siete", dice. "Pero si luego las grandes superficies abren hasta las diez, eso es una competencia que no podemos aguantar".
Resistencia
Sin embargo, la peluquería (y especialmente la barbería) ha resistido mejor que otros sectores. Barrantes lo explica con una mezcla de experiencia y ironía. "Esto no se puede hacer por internet. No puedes venir, probarte un corte y luego comprarlo en Amazon". Es un servicio imposible de deslocalizar, y ahí está parte de la clave.
La estrategia de este local es tan sencilla como contracultural: no trabajan con cita previa. "El cliente viene cuando quiere, no cuando queremos nosotros", explica. Eso evita ausencias, huecos vacíos y agendas rotas. Pero, sobre todo, ofrece algo cada vez más escaso: espontaneidad. "Hay mucha gente que viene precisamente porque no quiere pedir cita".
Siete años
¿Y el futuro? Barrante lo tiene claro. "A mí me quedan siete años". No habla de miedo ni de retirada traumática. Confía en que sus empleados continúen al frente del negocio. "Es lógico. Esto funciona y lo normal es que quieran seguir". Sus hijas, en cambio, han elegido otros caminos.
Cuando llegue ese momento, la peluquería seguirá abriendo cada mañana. Tal vez Jorge ya no esté al otro lado del sillón, pero quedará su forma de entender el oficio: constancia, cercanía y una tijera que nunca necesitó cita previa para ganarse la vida.
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