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Metamorfosis comercial

El Descubrimiento, entre el declive del comercio local en Cáceres y la supervivencia diaria

Los comerciantes de la galería luchan por adaptarse a los nuevos tiempos y recuperar el dinamismo de antaño en un contexto de transformación constante

VIDEO | Galería comercial El Descubrimiento en Cáceres

Jorge Valiente

Gonzalo Lillo

Gonzalo Lillo

Cáceres

La galería comercial El Descubrimiento abrió sus puertas en el centro de Cáceres en 1989, siendo la tercera de la ciudad, tras las de Antonio Hurtado y Cánovas, y concebida como un espacio destinado a dinamizar el comercio local y ofrecer una alternativa cubierta a la tradicional compra en la calle. Durante años fue un lugar de paso habitual, con escaparates encendidos, actividad constante y un trasiego continuo de vecinos. Más de treinta años después, la sensación generalizada entre muchos cacereños es que el recinto se encuentra abandonado o en decadencia. Sin embargo, la realidad es algo más compleja y matizada.

Aunque a simple vista pueda parecer lo contrario, este espacio comercial, situado entre las avenidas de Alemania y Portugal y distribuido en dos plantas con más de un centenar de locales, mantiene una notable ocupación. Según varios comerciantes, en la actualidad solo "entre diez y quince" establecimientos permanecen cerrados, una cifra menor de lo que transmite la percepción inicial.

Juan Carlos Soler, responsable de la empresa de impresiones personalizadas ‘Qué Camiseta’, subraya además la diversidad de servicios que todavía ofrece El Descubrimiento. "Tenemos un poco de todo: joyería, tiendas de uñas, moda, seguros, reparación de calzado, hostelería, frutería, carnicería y pescadería. En la parte de arriba hay una academia, una psicóloga, peluquería...", enumera. Una variedad que, a su juicio, demuestra que el espacio sigue vivo, aunque reconoce que ha perdido atractivo como zona comercial propiamente dicha.

"Tienda de impresiones personalizadas, ubicada en una de las entradas principales del espacio comercial."

Tienda de impresiones personalizadas, ubicada en una de las entradas principales del espacio comercial. / Jorge Valiente

El perfil de su clientela le ha permitido conservar cierta estabilidad tras una década instalado. "Como trabajamos mucho con empresas, tenemos cubierto el día a día. La realidad es que las galerías comerciales están como están, pero nosotros aquí nos defendemos", señala.

De igual forma, Víctor Fernández, a cargo de la joyería Fercam, uno de los pocos negocios que sobrevive tras más de dos décadas, comenta que su establecimiento "funciona bien" dentro de la situación actual del sector local, aunque reconoce que la galería ha perdido vida y atractivo con el paso del tiempo. Recuerda que, en sus inicios, la galería estaba llena de locales tradicionales abiertos al público, con un constante trasiego de vecinos y clientes, mientras que "ahora quedamos pocos" dedicados exclusivamente a la venta directa.

Cambio de uso

El problema, afirman, no es tanto el número de locales vacíos como el cambio de uso que ha experimentado este espacio a lo largo del tiempo: donde antes predominaban los comercios orientados a la venta directa al público, ahora abundan despachos profesionales y servicios que no generan un flujo constante de clientes. "Casi todos los locales están ocupados, pero muchos son oficinas que únicamente funcionan hasta las tres de la tarde, y eso provoca que el ambiente se note cada vez más triste", explica Fernández, en referencia a la falta de movimiento durante buena parte del día.

Una visión similar comparte Juan José Torreño, propietario de Don Tacón, uno de los pocos talleres de reparación de calzado que aún resisten en Cáceres. Señala que las mañanas concentran la mayor actividad, sobre todo gracias a la presencia de servicios básicos como la carnicería y la pescadería, que atraen a una clientela fiel y habitual. Son estos establecimientos los que sostienen gran parte del movimiento diario.

Juan José Torreño, dueño de la zapatería Don Tacón.

Juan José Torreño, dueño de la zapatería Don Tacón. / Jorge Valiente

Dificultades para emprender

Tras 35 años gestionando su actividad en solitario y viendo cómo han cambiado las cosas, asegura que hoy en día "cuesta mucho abrir negocios y luego mantenerlos". Para él, la caída general del comercio local responde a varios factores: el impacto de la pandemia, que provocó "un bajón considerable", y las dificultades administrativas y burocráticas que enfrentan quienes quieren emprender. "No se dan facilidades, todo son pegas y trabas", lamenta, subrayando la complejidad de sostener un establecimiento en el contexto actual.

Juan Carlos Soler también destaca la necesidad de facilitar la llegada de nuevos proyectos al centro comercial. Para ello, advierte, "es fundamental que los propietarios de los locales cerrados pongan precios asequibles". A su juicio, sin una política de precios realista y adaptada a la situación del sector, resulta prácticamente imposible atraer a emprendedores dispuestos a apostar por el comercio físico

Pequeños impulsos

Otro de los factores clave que explican el declive del comercio local es el auge de la venta online y los cambios en los hábitos de consumo, que han reducido el flujo de clientes en los espacios comerciales tradicionales. Por ello, es fundamental buscar fórmulas que incentiven la afluencia de personas, promuevan la actividad económica y devuelvan a la galería parte del dinamismo y la vida que tuvo en sus mejores años.

En un intento por revitalizar el espacio, varios comerciantes están impulsando pequeñas iniciativas conjuntas que buscan atraer a distintos públicos y recuperar la animación del recinto. Entre ellas sobresale la programación especial de Navidad, que se desarrolla del 18 de diciembre al 5 de enero e incluye iniciativas solidarias, actuaciones musicales, actividades y una iluminación especial que llena la galería de luz y color.

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