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Producto gourmet

Las claves del jamón ibérico 100% de bellota y el papel de Cáceres en su excelencia

El jamón ibérico de bellota ha sido uno de los productos más reconocidos de la gastronomía española, con Extremadura como uno de sus territorios de referencia por su entorno natural, su clima y su tradición artesanal

Vídeo | Toño Pérez elige su jamón favorito

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CEDIDA

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

El jamón ibérico 100% de bellota se ha definido por una serie de características muy concretas que lo han diferenciado de otros productos curados. Procede exclusivamente de cerdos de raza ibérica pura, identificados con precinto negro, que se han criado en libertad durante la montanera y se han alimentado principalmente de bellotas y pastos naturales. Este proceso ha dado lugar a piezas con una notable infiltración de grasa, aroma intenso y un sabor equilibrado, con matices dulces y persistentes que se prolongan en boca.

La dehesa extremeña ha desempeñado un papel clave en esta excelencia. Se trata de un ecosistema único, formado por encinas y alcornoques, que ha permitido una alimentación natural del cerdo ibérico y un manejo extensivo respetuoso con el entorno. La amplitud del territorio, la baja densidad de animales y una tradición ganadera profundamente arraigada han contribuido a que Extremadura se haya consolidado como una de las principales zonas productoras de jamón ibérico de bellota de máxima calidad.

Para seleccionar un buen jamón ibérico, los expertos han recomendado fijarse en varios criterios, como la etiqueta de color que certifica su origen y alimentación, el peso de la pieza, la forma estilizada de la caña y la textura de la grasa, que debe ser brillante, blanda y untuosa al tacto. También se ha tenido en cuenta el tiempo de curación, que en los jamones de bellota suele superar ampliamente los tres años y, en algunos casos, se acerca a los seis.

El clima de Extremadura ha influido de manera directa en la calidad final del producto. Los inviernos fríos y secos, junto a veranos calurosos, han favorecido una curación lenta y natural en secaderos y bodegas, permitiendo que el jamón haya desarrollado sus aromas de forma progresiva y estable, sin necesidad de procesos acelerados.

En este contexto, la Denominación de Origen ha actuado como una garantía de calidad y procedencia. Sellos como la Denominación de Origen Protegida Dehesa de Extremadura han certificado que el producto ha cumplido con estrictos controles en todas las fases, desde la genética del animal y su alimentación hasta la curación final de cada pieza.

Producción artesanal

La producción artesanal ha sido otro de los elementos diferenciales frente a los modelos industriales. Según los productores, este sistema ha implicado una mayor atención al detalle, un control más exhaustivo de los tiempos y una renuncia consciente al volumen en favor de la excelencia. Un enfoque que ha contribuido, además, a mantener el tejido rural y el empleo en las zonas productoras.

La genética del cerdo ibérico ha resultado igualmente determinante. La capacidad natural de esta raza para infiltrar grasa en el músculo ha marcado la diferencia en la jugosidad y el sabor del jamón, un rasgo que no se ha reproducido en otras razas porcinas y que ha sido clave en su reconocimiento internacional.

Este valor del producto extremeño también ha encontrado respaldo en la alta cocina. El chef Toño Pérez, al frente del restaurante Atrio de Cáceres, distinguido con tres estrellas Michelin, ha señalado públicamente su preferencia por un jamón ibérico puro 100% de bellota de la marca Extrem Puro Extremadura. “Es una historia de amor con nuestro cochinito feliz, el que da sentido a todo nuestro trabajo”, ha afirmado.

Equipo de Atrio, Cáceres

Equipo de Atrio, Cáceres / El Periódico

En el restaurante, el ibérico se ha convertido en un auténtico “compañero de viaje” dentro de la experiencia gastronómica. Según el cocinero, su presencia permite “hablar de nuestro pueblo, de cómo somos los extremeños y de lo que comemos”, vinculando el producto con el territorio y la identidad regional.

Para desarrollar esta propuesta, el equipo de Atrio se ha asesorado y ha contado con el acompañamiento de Extrem Puro Extremadura, uno de los grandes productores de ibéricos del país. “Son nuestros compañeros en este lío para presumir de producto, de territorio y de gastronomía”, ha señalado Pérez.

La firma ha destacado en su última campaña publicitaria un proceso controlado de principio a fin, desde la genética hasta la última loncha. “Escoger la excelencia significa renunciar a la abundancia. Cada animal disfruta de tres hectáreas en libertad, porque solo así la naturaleza y el sabor alcanzan un equilibrio perfecto”, han indicado. En su caso, las paletas han madurado más de 16 meses y los jamones más de 44, en un proceso artesanal que se ha prolongado casi seis años.

La campaña también ha puesto el acento en la historia y el clima de la región, recordando que “Extremadura es nuestro hogar, la cuna de la mayor dehesa del mundo y la Denominación de Origen más exigente”. Incluso han ido más allá, evocando el origen geológico del territorio y subrayando que “350 millones de años después, se vuelven a sentar en la mesa lo mejor de ambos mundos: el mar y la montaña”.

A la hora de consumirlo, el jamón ibérico de bellota se ha podido maridar con vinos finos y manzanillas, tintos suaves, cavas o productos sencillos como pan artesano y quesos curados. Combinaciones que han permitido realzar sus cualidades y que han reforzado su consideración como uno de los grandes emblemas de la gastronomía extremeña y española.

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