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Aventuras y desventuras

Cuando la Navidad se vivía en familia y la nostalgia iluminaba las casas

Un viaje emocional a las Navidades de hace medio siglo, marcadas por las zambombas hechas en casa, los villancicos heredados, las mesas austeras pero compartidas, los juegos en la calle sin pantallas y una forma de celebrar que ponía en el centro a la familia, la tradición y la convivencia vecinal

Navidad en familia en Cáceres.

Navidad en familia en Cáceres. / Carlos Gil

Alonso Corrales Gaitán

Alonso Corrales Gaitán

Cáceres

Cuando ya hemos pasado algo más de sesenta años de nuestra vida, entramos en ese tiempo en el que nos convertimos, casi sin darnos cuenta, en esos seres nostálgicos en los que volvemos la vista atrás para recordar aquellos momentos de nuestra juventud, en los que junto a nuestra familia originaria, celebrábamos esas tradiciones que de siempre han caracterizado a nuestra civilización, y por supuesto a nuestra nación, y claro a esta ciudad en la que vivimos.

Tradiciones históricas

Y sin duda entre estas tradiciones históricas sea la Navidad, una de las más entrañables desde el punto de vista familiar. Ya durante el mes de noviembre estábamos sumidos en los preparativos, nuestros progenitores comenzaban a la realización de las tradicionales zambombas, ese instrumento tan vinculado a la interpretación de los clásicos villancicos que durante generaciones se interpretaban ante el Portal de Belén, que cada casa tenía instalado en un lugar preferente de nuestros hogares. Eran figuras de barro, muy simples, pero con notable antigüedad, incluso podrían proceder de generaciones atrás, lo que significaba que alguna careciese de algún miembro o con alguna rachadura, muestras de su notable antigüedad y de los diferentes cambios de almacenamiento.

Vimos la realización de las zambombas familiares paso a paso, con la piel de conejo o cabra, hábilmente puestas en tinajas de una arroba o incluso de cinco arrobas, y las mas pequeñas para los niños de la familia. A lo que había que sumar varias panderetas, el clásico almirez y por supuesto la botella vacía de anís, de una marca entonces muy conocida, sin olvidar la práctica caña que hábilmente golpeada producía un sonido especial.

Familia

Así prácticamente todos los miembros de la familia intervenían con un papel muy especial en la celebración. Previamente los mayores habían hecho los clásicos polvorones que los bisabuelos nos habían transmitido. Lo que era acompañado con deliciosos turrones, no tan variados como en la actualidad, además de las clásicas peladillas, garrapiñadas, mantecados etc. todo lo que hacía la delicia de la Navidad. Y en nuestra familia no faltaba en esa apetitosa mesa diferentes cuencos con miel. No podemos olvidar que el abuelo y nuestro padre eran apicultores.Sin faltar la apreciada sangría que se hacía en acontecimientos especiales y esos licores típicos de la época. La comida de entonces era más austera, no se daba tanta variedad de platos y manjares como puedan existir en la actualidad, pero no importaba pues toda la familia estaba junta, no había ausencias notables, y todos los presentes disfrutábamos de cada detalle. Pero sin duda lo más entrañable eran esos momentos después de la cena donde todos los miembros de la familia, las diferentes generaciones que la formaban, se concentraban alrededor de nuestros mayores para compartir villancicos, muchos de ellos procedentes de generaciones anteriores, y disfrutarhistorias y recuerdos en muchos casos referidos a familiares no presentes o vecinos ausentes o enfermos.

Las calles de aquellos tiempos, cincuenta o sesenta años atrás, no estaban tan iluminadas como la actualidad, era algo mas discreto, pero la verdadera iluminación estaba dentro de las casas, en los corazones de las personas y en la nostalgia.

Tecnología

En aquellas Navidades nadie pensaba en la aparición de la tecnología de la actualidad, con la gran variedad de elementos electrónicos que sirven prácticamente para todo, pero a pesar de ello los niños y menos niños, disfrutaban de infinidad de actividades y juegos, que se realizaban en las calles y plazas, por donde a penas pasaban coches.La imaginación era nuestra interminable colaboradora de entretenimiento y así pasábamos el tiempo.Había una relación humana mas real que la actual en la que cada uno está más que pendiente del móvil, Tablet o similar.

Y en las calles todo eran sonrisas, saludos con quienes te cruzabas, y de fondo en altavoces callejeros se escuchaban villancicos populares. Mientras en los cruces o en lugares especiales de tráfico, los guardias (hoy policía local), velaban porque no se produjera ningún percance, y los vecinos de la zona se acercaban para felicitarles las Pascuas y le entregaban alguna botella de licor, caja de dulces, o una bolsa de polvorones, lo que hacía que muchos de estos agentes, dependiendo de su simpatía, llegaban a verse obligados a retirar varias veces los regalos recibidos para evitar caerse, para al termino de su servicio poder llevarse esos donativos a sus casas para disfrutarlo en familia.

Cantidad generosa

Aquellos eran los años del aguinaldo, esa cantidad generosa que las familias entregaban al barrendero del barrio, al lechero, al basurero, al cartero o al profesional de nuestro entorno que de siempre nos atendía muy cordialmente.Algo que quizás hoy no todo el mundo entienda.

Así con estas ilusiones, olores y luces transcurrían nuestros alegres días de aquellas lejanas navidades, donde la familia era el centro de tan inolvidable celebración. Pero no cabe duda que el denominado «plato fuerte» era la llegada de los magos de Oriente, ese generoso y sonriente Melchor, Gaspar y Baltasar que el día 6 de enero saludarían a todos cuantos hasta ellos se acercaran y los aclamaran.

Nerviosismo

El nerviosismo del día anterior, el de la cabalgata, donde ni siquiera nos apetecía cenar. Y al final dormíamos agotados de creer que en el silencio de la noche escuchábamos como colocaban esosjuguetes que habíamos pedido. Nos consideramos afortunados por conseguir casi siempre lo soñado y lo pedido, además de esos detalles que nunca son esperados.

Hoy en la madurez del tiempo transcurrido, también recordamos emocionados lo disfrutado con nuestros hijos en celebración tan familiar, que en la actualidad muchas personas e incluso instituciones tratan de borrar la Navidad como celebración religiosa y familiar, para convertirla en algo tan abstracto como Vacaciones Invernales. Esto no es lo nuestro y no podemos permitirlo. Feliz Navidad a todos.

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