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Modelo de éxito

La galería Antonio Hurtado de Cáceres, un símbolo del comercio local que resiste al paso del tiempo

Desde su apertura en 1986, este histórico recinto ha sabido adaptarse a los cambios del consumo gracias al trato cercano y la colaboración de su comunidad

VIDEO | Galería comercial de Antonio Hurtado en Cáceres

Carlos Gil

Gonzalo Lillo

Gonzalo Lillo

Cáceres

«Es una de las mejores galerías de Cáceres, si no la mejor», aseguran quienes trabajan en ella. En un contexto marcado por el declive del comercio local, el cierre de pequeños establecimientos y la transformación de los hábitos de consumo, este espacio de Antonio Hurtado se ha convertido en una excepción dentro de la capital cacereña.

Inaugurada en 1986, la galería no solo ha resistido el paso del tiempo, sino que hoy mantiene una actividad constante y una ocupación muy elevada. Prueba de ello es que de los cerca de treinta locales que la conforman, «actualmente solo queda uno libre», señala Carmen Díaz, propietaria de Brezo Cafés e Infusiones e instalada en el recinto desde hace más de dos décadas. «Cuando abrí había muchos vacíos, pero esto ha cambiado muchísimo», recuerda.

Comenzó a funcionar con una oferta comercial que fue creciendo de forma progresiva. Durante sus primeros años convivieron etapas de mayor y menor ocupación, hasta que la implantación del supermercado Eroski (hoy La Plaza de Día) a inicios del siglo XXI marcó un punto de inflexión y potenció notablemente la actividad de la zona. «Al estar ubicado al fondo de la galería, obliga a los clientes a atravesar el pasillo principal», explica Díaz, lo que beneficia de forma indirecta al resto de negocios.

A su vez, trajo consigo la instalación de un ascensor y unas escaleras que conectaban con la planta baja y daban acceso a Arturo Aranguren, lo que permitió que el espacio dejara de estar cerrado y se configurara como una especie de calle interior, aumentando así el tránsito diario de personas.

«Aquí hay movimiento constante todos los días», comenta Itziar Falque, dueña de la mercería Niki, uno de los comercios más veteranos, al subrayar uno de los factores que explican la estabilidad del recinto. Una idea que comparte Tamara Bravo, al frente de CopyNext. En solo dos años ha percibido un mayor flujo de clientes. En su caso, la ubicación es clave para mantener una gran carga de trabajo».

Además, pone de relieve otro aspecto diferencial: el confort. «En los días de frío o de mucho calor no es lo mismo comprar en la calle que hacerlo en el interior, con calefacción o aire acondicionado», expone, destacando cómo estas condiciones agradables favorecen que los clientes se queden más tiempo y regresen con frecuencia.

Diversidad comercial

La variedad de comercios es otra de sus principales fortalezas. Frutería, mercería, papelería, regalos, herbolario, peluquerías, centros de estética, inmobiliarias, bar o supermercado conforman una amplia oferta que cubre necesidades muy distintas en apenas unos metros.

El hecho de que muchos dispongan de locales en propiedad también supone un alivio en un contexto de alquileres elevados. «Lo único que nos falta son tiendas de ropa», aseguran.

Constancia y cercanía

Este ambiente favorable ha provocado que varios establecimientos se mantengan en la galería desde sus inicios, aunque reconocen que no ha sido un camino de rosas. Es el caso del Herbolario Shangrilá, que hoy gestiona el hijo de su fundadora. «Estamos aquí desde el principio y esperamos seguir muchos años más», cuenta Lucía, la antigua propietaria. El secreto, afirma, es «tratar al público como te gustaría que te tratasen a ti» para generar una clientela fiel, y poner mucho sacrificio y ganas.

Una vecina con su carro de la compra junto al único local inactivo.

Una vecina con su carro de la compra junto al único local inactivo. / Carlos Gil

El relevo generacional también ha desempeñado un papel fundamental en la estabilidad de la galería. Según Ángeles Pacheco, «casi todos los locales, salvo dos o tres, han pasado de padres a hijos», lo que ha permitido mantener la experiencia, la atención al cliente y la identidad de cada comercio a lo largo de los años.

Una comunidad unida

Pero más allá de los números, todos coinciden en resaltar la unidad y la cercanía que se respira entre los comerciantes. «Formamos una gran familia», resume Lucía. Una percepción compartida por quienes llevan menos tiempo. «Aquí nos damos todos la mano», afirma Tamara Bravo. «Si a mí me va bien, le irá mejor a otros negocios de la galería, y al revés igual».

Ese clima de colaboración y apoyo mutuo es, para muchos, una de las claves de su estabilidad. En un momento complicado para el pequeño comercio, la galería Antonio Hurtado se mantiene como un espacio vivo, adaptado a los cambios y sostenido por el trabajo diario de quienes siguen levantando la persiana cada mañana.

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