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Maestro artesano

El adiós más triste a Luis Reyes, el ebanista de Cáceres que hizo de la madera una herencia familiar

Considerado por muchos el mejor carpintero ebanista de la ciudad, ha fallecido a los 87 años tras toda una vida dedicada al oficio y al taller que hoy continúa su familia

Su nieto, Nicolás, y su hijo, Francisco Nicolás, sostienen un cuadro de su abuelo en el taller de carpintería.

Su nieto, Nicolás, y su hijo, Francisco Nicolás, sostienen un cuadro de su abuelo en el taller de carpintería. / E. P.

Ángel García Collado

Ángel García Collado

Cáceres

Luis Reyes ha fallecido a los 87 años dejando tras de sí mucho más que un taller lleno de herramientas y trabajos memorables. Ha dejado una forma de entender la ebanistería, el trabajo bien hecho y la transmisión de un oficio que ha pasado de generación en generación en Cáceres. Carpintero desde niño, fue la tercera generación de una saga familiar dedicada a la madera y una referencia indiscutible para quienes valoran la artesanía.

Su hijo, Francisco Nicolás Reyes, recuerda que su padre aprendió el negocio con apenas 12 o 13 años. "Empezó recogiendo púas en el taller de Bonifacio Martínez y ya no dejó nunca la carpintería". Desde entonces, su vida ha estado ligada al oficio durante más de medio siglo, hasta que se jubiló a los 65 años. Aunque, en realidad, nunca dejó de trabajar.

Nació en la posguerra

Nacido en plena posguerra, vivió tiempos de escasez. "Pasó mucha hambre y no tenía nada. Todo lo que consiguió lo hizo trabajando", recuerda Francisco Nicolás, quien subraya el valor de haber levantado su casa, su taller y su patrimonio desde cero.

Luis Reyes, un gran aficionado a la caza menor.

Luis Reyes, un gran aficionado a la caza menor. / E. P.

Tras formarse durante años como asalariado, Luis Reyes se estableció por su cuenta en 1975. La carpintería comenzó en la calle Margallo, junto a un colegio, bajo el nombre de Carpintería Reyes, una denominación que se ha mantenido hasta hoy. En 1998, ya con sus hijos incorporados al negocio, el taller se trasladó al polígono ganadero para poder asumir trabajos de mayor envergadura.

Obras más destacadas

Entre sus obras más destacadas figuran trabajos en la concatedral de Santa María, en iglesias como Santiago, Fátima o la biblioteca de la actual Escuela Superior de Arte Dramático, al lado de la Preciosa Sangre: "La hizo sin planos ni nada. Le dijeron que querían una biblioteca, le dieron el presupuesto y la hizo. Es una de sus grandes obras". También construyó las andas del paso de la Soledad y del Santo Entierro.

Alguno de sus trabajos.

Alguno de sus trabajos. / E. P.

Viudo desde hace 25 años, Luis Reyes no rehízo su vida. "Quería mucho a mi madre y nadie la iba a superar", explica su hijo. Encontraba la felicidad en el taller, el campo, su huerto, sus naranjos y la caza menor, que practicó hasta hace unos meses.

Jubilación activa

Tras jubilarse oficialmente, Luis Reyes ha seguido acudiendo al taller cada día. "No sabía vivir de otra manera. No le gustaba ir a los bares ni estar parado. Su sitio era el taller, conmigo, acompañándome y aportándome ideas", explica su hijo. Esa jubilación activa se ha prolongado durante años, siempre pendiente de los trabajos, sugiriendo soluciones y afrontando retos técnicos con una creatividad que sorprendía incluso a quienes le conocían desde siempre.

"Era un maestro. Nunca llegaré a saber todo lo que sabía él", reconoce Francisco Nicolás. Luis Reyes se enfrentaba a trabajos complejos sin planos ni estudios técnicos. "Se proyectaba las cosas en la cabeza y las sacaba adelante. Incluso fabricaba sus propias herramientas: hacía los hierros de las molduras a mano, sin necesidad de encargarlos a ninguna fábrica".

Su nieto Nicolás

El legado continúa ahora en su nieto, que estudia carpintería y comparte nombre con su abuelo. Fue él quien decidió incluir en la esquela una frase que ha llamado la atención de muchos: “El mejor ebanista de Cáceres”. "Me salió de dentro. Mis profesores siempre me han dicho que lo era", explica.

Luis Reyes se ha ido, pero su forma de trabajar, de pensar la madera y de enfrentarse a cualquier encargo sigue viva en el taller familiar. Un legado que no se mide solo en obras, sino en valores, paciencia y amor por un oficio que hoy es ya parte de la historia de Cáceres.

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