Raíces extremeñas
Amaia Montero vuelve a lo más alto con La Oreja de Van Gogh y despierta la expectación en un pequeño pueblo de Cáceres
La actuación en La 1, plato fuerte de la previa de las Campanadas, ha reavivado la historia menos conocida de la cantante: su vínculo familiar con Zarza la Mayor

Amaia Montero en TVE. / El Periódico Extremadura

Ha sido anunciado, comentado y casi mitificado durante semanas. El 31 de diciembre ha llegado convertido en una cita señalada para miles de seguidores de La Oreja de Van Gogh, pero también para muchos espectadores que, sin ser fans declarados, no han querido perderse uno de los grandes momentos televisivos del año. El regreso de Amaia Montero como vocalista del grupo ha sido el plato fuerte de la previa de las Campanadas de La 1 y ha confirmado que su vuelta no es solo un movimiento musical, sino un acontecimiento emocional y generacional.
La banda donostiarra ha reaparecido con Todos estamos bailando la misma canción dentro del especial La casa de la música, un programa de cuidada puesta en escena que ha reunido a distintos artistas en enclaves cargados de simbolismo. La Oreja de Van Gogh ha elegido jugar en casa: San Sebastián, el Palacio Miramar y la bahía de La Concha como fondo. Un escenario elegante y reconocible que ha reforzado la idea de regreso a los orígenes.
Allí han aparecido los miembros del grupo, sin el guitarrista Pablo Benegas, que se ha tomado un tiempo al margen de la formación, y con Amaia Montero de nuevo al frente. Vestidos de negro, sobrios, han dejado todo el foco a la cantante, que ha irrumpido vestida de blanco, con un atuendo tan comentado como simbólico. Las redes han reaccionado de inmediato, entre la sorpresa, la admiración y el debate estético, pero con un consenso claro: su presencia ha vuelto a imponer respeto.
El nuevo sencillo, cuyo estribillo incluye frases como "Yo creo en Dios, a mi manera" o "Hoy estamos aquí y mañana ya no", ha servido como carta de presentación de esta nueva etapa. Una etapa que llega tras años de silencio, dificultades personales y un largo culebrón mediático que ha mantenido en vilo a los seguidores del grupo. La respuesta no ha podido ser más contundente. La gira Tantas cosas que contar Tour 2026 ha agotado 100.000 entradas en una hora, pese a una caída global de Amazon que ha complicado la venta, y ha obligado a sumar nuevas fechas en Madrid, San Sebastián y Barcelona.
En el pueblo
Mientras el país comentaba el regreso, en un pequeño pueblo de Cáceres la actuación ha tenido una lectura especial. Zarza la Mayor, una localidad de apenas 1.134 habitantes, vuelve a aparecer ligada al nombre de Amaia Montero. No es una relación conocida por el gran público, pero sí una historia que en el municipio se cuenta desde hace años casi como una anécdota incrédula. "El abuelo de esa niña vive en el pueblo", dijo una vez un vecino al verla en televisión. Durante tiempo, pocos creyeron que aquella cantante famosa tuviera raíces extremeñas.
La conexión es real. El padre de Amaia Montero es natural de Zarza la Mayor y emigró siendo muy joven a Irún, donde más tarde nacería la artista. Durante años, ese vínculo pasó desapercibido incluso para parte de la familia. No fue hasta 2006 cuando la cantante pisó por primera vez el pueblo, coincidiendo con las fiestas del 24 de agosto. Aquella visita, casi improvisada, marcó un antes y un después en la memoria colectiva de la localidad.

Un momento de la actuación. / El Periódico Extremadura
Amaia subió al balcón del ayuntamiento junto a su padre para saludar a los vecinos. Los gritos de "¡que cante, que cante!" se repitieron una y otra vez, pero la situación, el agobio y el momento personal que atravesaba el grupo hicieron que no cantara. El pueblo lo recuerda todavía con cierta sorna, como una espinita clavada que se ha convertido en parte del relato popular. Aquel día, eso sí, sirvió para descubrir que la voz que sonaba en todas las radios también tenía una raíz en Extremadura.
Desde entonces, Zarza la Mayor ha seguido de cerca la trayectoria de Amaia Montero. Su marcha de La Oreja de Van Gogh en 2007, tras once años de colaboración, fue entendida como "la decisión más difícil de su vida". Su etapa en solitario, marcada por éxitos, pero también por problemas de depresión y ansiedad, fue seguida con discreción y respeto. Ahora, su regreso al grupo ha sido interpretado como un cierre de círculo.
A sus 49 años, Amaia Montero ha vuelto al punto de partida, a la banda con la que se convirtió en la voz de una generación y con la que vendió más de ocho millones de discos hasta 2007, consolidándose como el grupo español con mayores ventas del siglo XXI. Ha encontrado estabilidad en Irún y ha regresado con los compañeros con los que empezó todo, aquellos universitarios que a finales de los noventa enviaron una maqueta a Sony asegurando tener 25 canciones cuando apenas contaban con cuatro.
El tiempo ha pasado, pero la expectación permanece intacta. La actuación en La 1 lo ha demostrado y ha vuelto a situar a Amaia Montero en el centro del foco mediático. Y, de fondo, permanece la historia de un pequeño pueblo cacereño que, entre incredulidad y orgullo, sigue esperando que algún día aquella promesa se cumpla y la cantante regrese para cantar donde también se inició parte de su historia musical.
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