Reyes Magos en Cáceres
El desfile de Reyes de Cáceres cumple 100 años: así fue en 1926 'la cabalgata de la ilusión'
El 5 de enero de 1926, Melchor, Gaspar y Baltasar desfilaron por primera vez por las calles de Cáceres, un evento impulsado por el Ateneo que ahora cumple un siglo de historia

Imagen de un reparto de juguetes un 6 de enero de la década de los 20. / Conoce Cáceres
Este lunes, Cáceres volverá a vivir una nueva Cabalgata de Reyes. La ciudad ya está inmersa en su ambiente, habiendo recibido ya a Melchor, Gaspar y Baltasar en la concatedral de Santa María el sábado. Sin embargo, nadie ha caído en que esta ocasión se cumple un aniversario muy especial: 100 años de la primera Cabalgata.
Fue un 5 de enero de 1926 cuando los niños de Cáceres pudieron ver por primera vez a los tres sabios de Oriente. La comitiva fue bastante diferente a lo que podemos ver hoy en día, sin embargo, la ilusión era la misma. Estuvo organizada por el Ateneo de Cáceres y, gracias a la publicación de aquel día de El Periódico Extremadura, podemos conocer bastantes detalles.
Detalles y recorrido
Salió a las 18.00 horas de la Plaza de Toros, continuando por la calle Canalejas (Barrionuevo), plaza de la Concepción, calle General Ezponda, plaza Mayor, calle Alfonso XIII (Pintores), plaza de San Juan, calle Carniceros (Sergio Sánchez), calle Pizarro, bajando por la calle Fuente Nueva y continuando por el puente de San Francisco hasta llegar al Hospicio, situado en el actual Complejo Cultural ‘San Francisco’.
«La fiesta fue verdaderamente encantadora, siendo la primera vez que Cáceres presenciaba tan fantástico desfile», comienza el centenario artículo. «A las seis de la tarde, previo los ventiún cañonazos protocolarios, salieron de su Alcázar los Soberanos del Oriente, rodeados de una factuosa comitiva, en traje de gran corte, y llevando innumerables juguetes y caramelos, estos últimos generosamente ofrecidos al pueblo que los admiraba y aplaudía».

Imagen de la plaza Mayor de Cáceres entre 1926 y 1930. / E.P
La cabalgata la iniciaban dos guardias civiles a caballo, y le seguía la banda de cornetas y tambores de Segovia. El orden de los Reyes en «la imperial comitiva» era el mismo de siempre. Primero, Melchor, con su «venerable corona y porte severo». «Rodeado de su Estado Mayor, de los portadores de rúbrica y vestuario elegante, se alejaba en brioso cordel el primero de los Reyes de Oriente».
En segundo lugar, y «también rodeado de faroles vistosísimos y de pajes a caballo», avanzaba el rey Gaspar. «Con paso majestuoso en el pegaso que conduce el Rey Gaspar, se pierde entre la chiquillería bulliciosa que le sigue», continúa.
«¡¡Paso a Baltasar!!». Efectivamente, el tercero no podía ser otro que el rey Baltasar, «el Monarca enigmático y legendario». «Negro como la noche, sus ojos relampaguean como dos joyas más de su asiático monumento». El tercero de los Reyes, el favorito para algunos, iba rodeado de esclavos de su cortejo, y montado «sobre un caballo blanco como el de Santiago». Además, «como dos suspiros del Oriente bíblico, dos aretes de oro cuelgan de sus augustas orejas».
Según relata el artículo, «lo que más admira el público infantil son los reales borceguíes, admirablemente típicos. Un encanto de perfecta y lujosísima caracterización».
Carroza de la Alegría y Hospicio
Seguidamente, la comitiva la seguía la Carroza de la Alegría, «donde el público infantil saborea una colección de preciosos juguetes en los que ponen sus ilusiones, como en el gordo de esta última lotería».
La marcha la cerraba también la banda de música de Segovia, «que durante el trayecto ejecuta escogido programa». A los acordes de la Marcha Real, los Reyes llegaron al Hospicio, donde descabalgaron y se dirigieron al claustro. Allí, «uno de los pequeños niños del benéfico asilo, sube al estrado real y lee un discurso de saludación a los Magos».

Imagen del Convento de San Francisco, antiguo Hospicio, año indeterminado. / Esperanza Cruz Fuentes
Después, fue Melchor quien, «con soberano talante», procedió a recitar «una bellísima poesía del inspirado Giménez Aguirre, aplomado, dulce, con entonación y ademanes de verdadero declamador». Al finalizar, se llevó una «premiada ovación». Acto seguido, los niños del asilo fueron «obsequiados con lujosas bolsas llenas de caramelos y bombones».
Una vez acabado el acto, «con las mismas formalidades que a la ida, la cabalgata regresa a la ciudad, donde se disuelve en medio del mayor orden». El antiguo texto finaliza con el siguiente resumen: «fue la fiesta de anoche una gesta simpática y realizada con todo lujo de detalles». En definitiva, como dice su titular, «una fiesta brillantísima». En la mañana del 6 de enero, se conoce que se realizaba un sorteo y entrega de juguetes a niños de escuelas públicas de la ciudad.
Lamentablemente, no tenemos ninguna fotografía del momento, como es lógico, pero el relato que quedó registrado nos hace una idea de cómo fue y nos da la oportunidad de imaginarlo. Brutalmente lejos quedó de los desfiles actuales, sin embargo, la primera cabalgata de nuestra ciudad, que cumple ahora 100 años, se llevó el título de «la cabalgata de la ilusión».
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