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Aventuras y desventuras

Francisco de Ovando, el marino de Cáceres que luchó en medio mundo y murió en alta mar

El militar cacereño Francisco de Ovando destacó en la guerra contra Portugal y en campañas navales, llegando a ser nombrado Marqués de Ovando por el rey Carlos de Borbón

Un barco en alta mar.

Un barco en alta mar. / El Periódico Extremadura

Alonso Corrales Gaitán

Alonso Corrales Gaitán

Cáceres

Gran militar que llevó orgulloso a cuantos lugares visitó su origen cacereño, y que hasta el último momento de su vida siempre le acompañó la visión de su tierra y su familia, a pesar de la distancia geográfica. Desgraciadamente ha sido una de esas personas que no han valorado aún ni sus paisanos ni su tierra, a pesar de todas las hazañas en las que participó y cuantas tareas realizó, motivos por los que fue recompensado en varias ocasiones por el Rey además de las principales autoridades de la época. Suficientes argumentos para traerlo a esta página y recordar su enriquecedora existencia en honor de nuestra tierra.    

Nació en Cáceres, siendo sus padres Pedro Mateo de Ovando, Regidor perpetuo de la villa y heredero de los mayorazgos de la Casa de Ovando, y su madre Lucrecia María de Solís. Por aquella época y dado que era el segundo de los hijos, se le ofrecía un triste porvenir, ya que todos los bienes irían a parar a su hermano primogénito, Alonso Pablo, pero el destino tenía otros planes muy distintos para Francisco. Inició la carrera militar como oficial de caballería en el año 1710 en la guerra contra Portugal, tomando parte delsitio de Campo Maior, donde destacó por su gran valor. Participa posteriormente en la campaña de Cataluña. En 1717 es nombrado Guardia Marina, luchando en 1718 contra los ingleses a bordo del navío San Luis, visitando Málaga y participando en la toma de trece navíos ingleses. Vuelve posteriormente a Cádiz y allí empieza sus estudios náuticos en la Isla de San León. Con la llegada del año 1720 regresa al destino de las tropas terrestres, con la graduación de Capitán del 2º Regimiento de la Corona, recorriendo así las principales guarniciones de Galicia, Ceuta, Andalucía, Castilla y Navarra.

Pero a pesar de todo esto, llega al firme convencimiento de que su vida está estrechamente ligada a la Marina, por ello en 1728 es nombrado teniente de navío, obteniendo el mando de la fragata Génova, con la que navegó hasta el año 1730, en que fue trasladado a Cádiz y más concretamente a los astilleros para dedicarse al estudio naval. Fruto de estos trabajos intelectuales fue el idear una bomba para achicar el agua de los navíos.

Llevó su invento a Sevilla en cuya Maestranza se fundió, ensayándose en la Carraca, pero con la aparición de no pocas dificultades y oposiciones fuertes en el propio Arsenal, lo que le obligan moralmente a embarcarse inmediatamente, motivo principal por el cual se suspenden las pruebas oficiales de la bomba de sacar agua. Según consta en los archivos generales de la marina española, don Francisco de Ovando además de ser un magnífico hombre de mar y notable patriota, aportó a la misma toda una serie de novedades que beneficiaron a nuestros marineros, mejoras que en muchos casos se han mantenido hasta nuestros días a pesar del tiempo transcurrido.Gracias a sus numerosos diarios de navío se han podido conocer infinidad de detalles de sus hazañas y logros, además de sus sinsabores.

Francisco de Ovando.

Francisco de Ovando. / El Periódico Extremadura

El 18 de junio de 1733 yendo en el navío Príncipe, en la escuadra del almirante don Serrano Encabera, deja en el diario lo siguiente: "Con el favor de Dios y de su Santa Madre de el Buen Fin, mi Patrona, en cuyo nombre e celebrando la fiesta acostumbrada salgo a executar la campaña en calidad de 2º teniente de navío sobre este el llamado “el Príncipe”, que hace de capitán de la Armada, que va mandando el Excelentísimo Señor Don Antonio Serrano, teniente general de las Reales Armadas, que lleva su pabellón blanco y Cruz de Borgoña a el tope mayor. Sigue también el jefe de escuadra conde de Clabijo en el navío nombrado Reina con su corveta en el trinquete y el jefe de escuadra don Gabriel de Alderete con su corveta y también Cruz de Borgoña en la mesana y el navío nombrado “la Princesa”. Salen a un tiempo el navío San Felipe y Santa Ana y la Paloma, dos burlotes y dos bombardas”.

Capitán de fragata

En 1733, al mismo tiempo que asciende por méritos propios a Capitán de fragata, envía dos cartas al Ministerio Patiño, así como a otras personas influyentes de la época. En ellas se queja que, pese a haberse demostrado documental y prácticamente que su invento saca el doble de agua que las otra existentes hasta el momento, que por cierto son de madera, efectuando por ello con la nueva máquina menos esfuerzo y pudiendo ser empleada con menos gente, sin embargo, no se le autoriza a comercializarla. EL Ministerio le contesta simplemente que la fundación es muy costosa.

Paralelo a estos acontecimientos técnicos, continua con su labor de marino. Así en 1734 desembarca en Italia, tomando el Castillo de Brindisi, haciendo prisioneras a las fuerzas alemanas que lo defendían. Dado su enorme valor en esta campaña, el monarca le concede el título de Marqués de Castell-Brindis, a lo que nuestro protagonista contesta que más le agradaría el título de su origen, porlo que el 18 de octubre de 1734 es nombrado Marqués de Ovando, por el rey D. Carlos de Borbón.   

Pero don Francisco de Ovando no se había dado por vencido en todo este tiempo. Continuaba intentando convencer a todos de la necesidad de tener al servicio de la Marina Española su bomba de achicar agua, por la simple seguridad de los hombres y de los costosos barcos. A su regreso a España es ascendido a Capitán de navío y jefe de la escuadra, así se hace a la mar llegando a Cartagena de Indias, participando valientemente en la batalla del Cerro de San Luís contra las tropas inglesas, que son muy numerosas.

El 28 de octubre de 1746 se produce un horrible terremoto que destruye gran parte de Lima y el Callao, quedando destruidas las poblaciones de las más de doce mil casas que existían antes de la catástrofe solamente quedaron en pie veinticinco y los numerosos navíos de la Armada española. Ante tal catástrofe don Francisco no duda en utilizar todos los medios a su alcance para ayudar a todos cuantos lo necesitan. Tarea generosa y humanitaria que es reconocida por todas las autoridades de allí y de aquí.  

En 1749 contrae matrimonio por poderes en Puebla de los Ángeles, con su prima doña María Barbara de Ovando y Rivadeneyra, nacida el año 1732 en San Nicolás de Malpaís, quién le dio tres hijos. Es nombrado inspector y comandante General del Mar del Sur, por el rey Fernando VI, pero sobre todo por el inestimable apoyo de su ministro, el cacereño don José Carvajal y Lancaster, amigo de nuestro protagonista, pero sobre todo de su hermano. Desde donde pasará al Gobierno y a Capitán General de Filipinas, así como a presidente de su Real Audiencia, donde fundó una obra pía dedicada a mantener el culto a Nuestra Señora del Buen Fin, creando al mismo tiempo en el Colegio de los Jesuitas de Manila una Cátedra de Matemáticas, algo verdaderamente novedoso en aquel tiempo y que resulta muy exitoso.       

Según carta dirigida a su hermano con fecha 14 de diciembre de 1747, le informa que le manda el nuevo bastón de mando de comandante del Mar del Sur, que tiene puño de oro, y en su extremo una flor de tumbaga. El antiguo muy usado lo utilizó como Gobernador de Chile con puño de plata y toda la caña embutida en nácar y plata, los que pondrá Camarena a los pies de la Virgen (del Buen Fin), al mismo tiempo que le indica que tal y como es costumbre, desde Lisboa le enviará también los ramos y flores desde Lisboa. El continuará viajando durante toda su vida con el pequeño cuadro donde está reproducida la pintura de su amada imagen de la Madre de Dios.  

El 9 de diciembre de 1755 fallece en alta mar a bordo del galeón La Santísima Trinidad, cuando hacía el trayecto de Filipinas a América Central. Con la adquisición aquí en Cáceres de una finca, lo que ocurre en el año 1756, que da una renta de 400 reales anuales, utilizan según consta en su testamento 300 para que se celebre cada 15 de agosto una solemne fiesta en honor de Nuestra Señora del Buen Fin, advocación originaria que se venera en el Convento de Santa Clara de esta ciudad de Cáceres, y los otros 100 reales restantes para dárselos al Guardián del Convento de San Francisco El Real, para que cuidase esta disposición testamentaria.

Era tanta la devoción que procesaba don Francisco y su familia a esta imagen que hizo una talla igual que la aquí existente, la cual depositó para su devoción pública allí en Filipinas, además de un pequeño cuadro que siempre llevaba en cuantos desplazamientos hacía por todo el mundo. Y hasta aquí una pequeña reseña de cacereño que llevó orgulloso por todo el mundo el nombre de Cáceres, al igual que otros muchos ciudadanos. Ojalá nunca sean olvidados.

Alonso J. R. Corrales Gaitán es investigador.

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