Balance demográfico
Más muertes que nacimientos: el saldo vegetativo de Cáceres, otra vez negativo
La capital ha registrado 623 nacimientos frente a 831 fallecimientos y ha vuelto a presentar números negativos, una tendencia que se produce desde hace años y se extiende a casi toda la provincia

E. P.

La ciudad de Cáceres ha cerrado el año 2024 con un saldo vegetativo claramente negativo, al haber registrado más defunciones que nacimientos a lo largo del ejercicio. Según los datos oficiales, en la capital se han contabilizado 623 nacimientos frente a 831 fallecimientos, lo que ha supuesto una pérdida natural de 208 vecinos en solo un año, sin tener en cuenta otros factores como la inmigración, la emigración o los cambios de residencia.
Este balance ha vuelto a confirmar una tendencia que la ciudad arrastra desde hace años y que refleja el envejecimiento progresivo de la población, incluso en el principal núcleo urbano de la provincia. Aunque Cáceres concentra el mayor número absoluto de nacimientos, también registra un volumen elevado de defunciones, lo que impide compensar el descenso natural y mantiene el crecimiento vegetativo en cifras negativas. Los años en los que se centra la tabla del Instituto de Estadística de Extremadura señala que esta situación se ha repetido en los últimos cinco años.
La capital, de hecho, ha sido el municipio con más nacimientos de toda la provincia, muy por delante del resto, pero también el que ha contabilizado un mayor número de fallecimientos. Esta doble condición resume bien la situación demográfica de Cáceres: una ciudad que sigue atrayendo población y servicios, pero que no logra revertir una pirámide de edad cada vez más envejecida.

El saldo vegetativo de Cáceres, otra vez negativo. / Carlos Gil
En otras ciudades
La situación de Cáceres no ha sido una excepción entre las grandes ciudades de la provincia. En Plasencia, la segunda urbe en número de habitantes, se han registrado 246 nacimientos y 392 defunciones, lo que ha dejado un saldo negativo de 146 personas. Tampoco han escapado de esta dinámica otros municipios de peso como Navalmoral de la Mata, con 118 nacimientos frente a 161 fallecimientos, o Miajadas, donde se han contabilizado 83 nacimientos y 97 defunciones.
La inmigración se ha convertido en el principal factor para sostener a la población cacereña
A partir de estos grandes núcleos, el desequilibrio se ha acentuado conforme se desciende en la escala poblacional. En el conjunto de la provincia de Cáceres, la inmensa mayoría de los municipios ha cerrado 2024 con más muertes que nacimientos, lo que ha consolidado un saldo vegetativo negativo prácticamente generalizado. Solo casos muy puntuales han logrado equilibrar la balanza o cerrarla con cifras ligeramente positivas, como Talayuela, que ha sumado 55 nacimientos y 53 defunciones.
55 sin nacimientos
Uno de los aspectos más llamativos del balance provincial ha sido el elevado número de localidades que no han registrado ningún nacimiento en todo el año. En las tablas oficiales, estos 55 municipios aparecen sin dato, lo que equivale a valor cero. En muchos de estos pueblos, además, sí se han contabilizado defunciones, lo que agrava aún más la pérdida natural de población y evidencia la falta de relevo generacional.
En otros casos, la natalidad ha sido meramente testimonial. Municipios que han registrado uno o dos nacimientos han contabilizado varias decenas de fallecimientos. Es el caso de Nuñomoral, con dos nacimientos frente a 26 defunciones; Logrosán, con siete nacimientos y 50 muertes; Zarza la Mayor, con siete nacimientos frente a 33 defunciones, o Valdefuentes, donde se han registrado tres nacimientos y 27 fallecimientos a lo largo del año.
Cabeceras comarcales
Las cabeceras comarcales han mostrado un comportamiento algo más equilibrado, aunque en la mayoría de los casos también han cerrado 2024 en negativo. Coria ha contabilizado 47 nacimientos y 134 defunciones; Trujillo, 41 nacimientos frente a 96 fallecimientos; Montehermoso, 35 frente a 68, y Moraleja, 31 nacimientos y 73 defunciones. En estas localidades, la diferencia ha sido menos acusada que en los pueblos más pequeños, pero suficiente para mantener la tendencia descendente.
Desde el punto de vista territorial, los datos han dibujado dos velocidades demográficas dentro de la provincia. Zonas como La Vera, el Valle del Jerte o el Campo Arañuelo han resistido algo mejor gracias a la presencia de municipios medianos que concentran la mayor parte de los nacimientos, mientras que otras áreas, especialmente las más envejecidas y con menor tamaño poblacional, han presentado cifras muy bajas o directamente nulas.
En conjunto, el balance de nacimientos y defunciones de 2024 ha confirmado que tanto la ciudad de Cáceres como el resto de la provincia siguen perdiendo población por la vía natural, un fenómeno estructural que se mantiene incluso antes de tener en cuenta factores como la movilidad residencial o la emigración y que vuelve a situar el reto demográfico como uno de los principales desafíos del territorio.
Migración
En este contexto, los datos de saldo vegetativo refuerzan la importancia que ha adquirido en los últimos años la inmigración como principal factor de mantenimiento poblacional tanto en la provincia como en la capital cacereña. Sin la llegada de nuevos residentes procedentes de otros países o de otras regiones, la pérdida de población sería mucho más acusada, especialmente en las zonas rurales.
En el caso de la ciudad de Cáceres, el crecimiento o la estabilidad demográfica de los últimos ejercicios se ha sustentado en buena medida en los movimientos migratorios positivos, que han compensado parcialmente el saldo natural negativo. La llegada de población extranjera y de nuevos vecinos atraídos por el empleo, los estudios universitarios o los servicios ha permitido amortiguar el impacto de una natalidad insuficiente para garantizar el relevo generacional.
De este modo, el balance anual de nacimientos y defunciones no solo refleja una pérdida continuada de población por la vía natural, sino que también pone de relieve la dependencia creciente de los flujos migratorios para evitar un descenso aún mayor del número de habitantes. Un factor que se ha vuelto estructural y que resulta determinante para entender la evolución demográfica presente y futura de la provincia.
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