Cuando la ciudad miró al cielo y al pasado para construir su futuro
¿Qué pasaría si Cáceres tuviera un aeropuerto?
El proyecto del aeródromo de Cáceres, con un coste de 5,1 millones de euros, estará destinado a aviación privada, vuelos turísticos y emergencias, excluyendo el uso comercial por el momento

Imagen de la presentación del aeródromo de Cáceres. / Carlos Gil
Hubo un tiempo en el que llegar a la ciudad suponía horas de carretera, aislamiento administrativo y escasas oportunidades económicas. En ese contexto, la decisión adoptada en junio de 1951 por el Ayuntamiento y la Diputación Provincial de solicitar una escala del avión Madrid–Badajoz y de apoyar excavaciones arqueológicas en Casas de Millán fue algo más que una anécdota histórica: fue el primer esbozo de una estrategia de desarrollo que pretendía unir infraestructuras, patrimonio y proyección exterior.
Este reportaje analiza, a fondo, cómo aquella petición, de haberse hecho realidad, hubiera influido en la economía local, en la llegada de visitantes, en la protección del legado histórico y en la mentalidad de una provincia que empezaba a entender que su futuro también pasaba por el turismo cultural.
Si hubiera llegado el tráfico aéreo, aunque limitado en frecuencia y capacidad, habría supuesto una mejora cualitativa en la economía local de Cáceres. La posibilidad de reducir drásticamente los tiempos de viaje habría facilitado la llegada de técnicos, funcionarios, empresarios y representantes institucionales, lo que habría dinamizado sectores como la hostelería, el comercio y los servicios profesionales.
Hoteles y fondas hubieran en 1951 comenzado a registrar estancias más cortas pero más frecuentes, asociadas a viajes de trabajo y gestiones administrativas. Comercios locales habrían percibido un aumento del consumo vinculado a visitantes con mayor poder adquisitivo que el viajero tradicional por carretera. No hubiera sido una revolución inmediata, pero sí un cambio de tendencia que habría roto el techo del aislamiento histórico.
Gracias a la escala aérea empezarían a llegar perfiles de visitantes hasta entonces poco habituales en Cáceres: técnicos ministeriales, ingenieros, arqueólogos, investigadores universitarios y representantes culturales. A ellos se sumarían viajeros interesados por la historia y el patrimonio, atraídos por las excavaciones arqueológicas y por una ciudad que empezaría a ser accesible.
Este nuevo flujo impactaría directamente en el turismo local. No se trataría aún de turismo masivo, sino de un turismo especializado y prescriptor, que ha contribuiría a construir una imagen de Cáceres como destino histórico y cultural, sembrando la semilla de lo que décadas después es uno de los pilares económicos de la ciudad.
En los años cincuenta, los cambios en la infraestructura para facilitar el acceso aéreo en España fueron modestos pero estratégicos. Se mejoraron pistas, señalización y servicios básicos para permitir la operatividad de las escalas, en un contexto de recursos limitados y tecnología incipiente. Pero esa petición nunca se materializó. Y eso que en 1936, tras muchas gestiones, consiguió formar parte de una línea aérea de pasajeros bajo el revelador nombre de Iberia, que unía Vitoria con Tetuán y hacía escala en Salamanca, Cáceres y Sevilla. Hace una década llegaron incluso a soñar con una terminal internacional que les llevaría por medio mundo a bordo de Airbus y Boeing, en la época de los chollos de las líneas de bajo coste, que llegaban a vender billetes a 1 euro. Hoy solo sigue vivo un proyecto de aeródromo.
Fue en 2008 cuando una zona de pastizales a 17 kilómetros al sur de Cáceres, entre las dehesas de Casas Altas y Caraquino y junto al río Ayuela, se perfilaba como ubicación para el aeropuerto de Extremadura, según anunció Jesús Medina, entonces presidente de Caja Extremadura, entidad promotora del proyecto. El emplazamiento estaría situado a la altura de Aldea del Cano, justo en medio de la horquilla que forman la Autovía de la Plata y la futura autovía Cáceres-Badajoz. La ubicación estaba además muy próxima, a apenas un par de kilómetros, de la línea de ferrocarril que une Cáceres y Mérida y del lugar por donde pasaría el corredor del AVE Madrid-Lisboa.
El 2012 se manejaba como fecha en servicio del aeropuerto, con una inversión de 180 millones de euros en dos fases, de 150 millones y 30 millones, y la promesa de que durante la construcción se generarían 2.500 puestos de trabajo. Nada de eso vio la luz.
En estos momentos se trabaja en el aeródromo de Cáceres, una infraestructura fundamental para la ciudad y que viene siendo demandada desde hace décadas. Cuando el proyecto fue presentado el pasado mes de marzo, se anunció que la redacción de la construcción del recinto se licitaría durante los meses de verano por un importe de 225.000 euros, pero el proceso se ha ido retrasando y aún no se ha publicado el concurso. Según cuentan desde la Consejería de Infraestructuras, Transporte y Vivienda de la Junta de Extremadura, en estos momentos se está preparando el expediente de licitación, teniendo en cuenta todas las circunstancias necesarias y las necesidades.
Paralelamente, se está tramitando otro documento imprescindible para la apertura del aeródromo de Cáceres: la solicitud de compatibilidad del espacio aéreo de la ubicación escogida, que es un terreno de unas 50 hectáreas al oeste de Capellanías, en una zona conocida como Marradas de la Sociedad. De conformidad con la normativa vigente, con carácter previo al establecimiento, modificación y apertura al tráfico aéreo de los aeródromos y helipuertos de competencia de las comunidades autónomas, se requiere este certificado, que lo emite la Dirección General de Aviación Civil con el informe previo de la Comisión Interministerial entre Defensa y Transportes y Movilidad Sostenible.
La documentación que, como mínimo, debe formar parte de la solicitud del informe es un escrito de presentación de la comunidad autónoma firmado por el órgano competente, un formulario con el titular, representantes, firma y datos del aeródromo y una memoria firmada por el director facultativo correspondiente. El plazo para su emisión, según aparece en la página web del Ministerio de Transportes, será de seis meses y empezará a computarse desde la fecha en que haya tenido entrada la documentación completa. Transcurrido el plazo se entenderá que tiene carácter favorable sin que se haya emitido el certificado solicitado. Tendrán una vigencia de dos años desde su fecha de emisión.

Imagen de uno de los búnkeres del antiguo aeródromo de Cáceres. / Samuel Rodríguez
El futuro aeródromo estará situado a ocho kilómetros de la ciudad de Cáceres y contará con 1,5 kilómetros de distancia con respecto al espacio natural protegido más cercano, lo que evitaría Declaraciones de Impacto Ambiental no favorables como ya ocurrió en 2022 con la ubicación de Los Arenales, que colindaba con una zona ZEPA. También está lo suficientemente lejos de la parte de especial conservación del embalse del Ancho, donde hay especies protegidas.
Estará destinado a la aviación privada, ultraligeros, vuelos turísticos, sanitarios y emergencias. Quedará excluido el uso comercial y el transporte de mercancías por el momento, ya que es un proyecto escalable y existe la posibilidad de ampliar su uso en un futuro si la ciudad lo requiere. Cabe recordar que el plan inicial era sacar el concurso de redacción del proyecto en el segundo trimestre del año, pero se fue retrasando al verano, aunque tampoco se han podido cumplir los plazos. La ejecución tendría un coste de 5,1 millones y estaría construido en cuatro años.
50 hectáreas
Contará con 50 hectáreas de superficie en suelo no urbanizable común. Tendrá cinco hangares pequeños para aeronaves particulares y dos de mayores dimensiones para mantenimiento y actividades aeronáuticas, además de una pista para veleros y zona de aeromodelismo. Por último, contará con viales de acceso, plataforma de estacionamiento de aeronaves, un edificio de usos comunes y un aparcamiento de 2.000 metros cuadrados. Además, dispondrá de acometidas de luz y agua.
La pista principal asfaltada tendrá una longitud de 800 metros y un ancho de 18. La de veleros no estará asfaltada y contará con 805 metros de largo y 30 de ancho. La de aeromodelismo será la más corta (también dispondrá de una marquesina para público).
El objetivo es desarrollar actividades de aviación que mejoren la conectividad de la ciudad y favorecer el desarrollo económico y social. Para ello, se llevó a cabo un estudio de implantación que permitió seleccionar la ubicación más adecuada atendiendo a condicionantes geográficos, ambientales y de cercanía con el núcleo urbano.
Se escogió este territorio por criterios aeronáuticos y medioambientales, orografía del terreno, ausencia de arbolado, facilidad de acceso, cercanía a la ciudad, uso del suelo, orientación favorable según los vientos dominantes, capacidad para acoger toda la infraestructura y que no hay obstáculos ni edificaciones que afecten.
También influyó la construcción de la nueva variante de Malpartida de Cáceres, que facilitará un acceso directo a la vía N-521 y a la A-66. Esto incrementerá la comodidad de los desplazamientos y facilitará la implantación de la señalización del recinto mediante cartelería en ambos trazados.
El consejero de Infraestructuras, Manuel Martín Castizo, ya señaló en su momento la importancia de este recinto:«Impulsará la cadena de valor económica de la región, generará oportunidades de negocio y consolidará el sector aeronáutico».
No es el único proyecto para la creación de aeródromos que está en marcha en la provincia. El Aeroclub de Cáceres, tras perder La Cervera en 2019 por Zona ZEPA, está intentando conseguir un espacio en el que volar sus avionetas. Estaba proyectado entre Torremocha y Valdefuentes (a la altura del cruce de Benquerencia) y solo necesita el permiso ambiental de Aesa (Agencia Estatal de Seguridad Aérea) para poder instalarse allí.
Ya recibieron la compatibilidad de vuelo y tienen listo el proyecto para construir los hangares en los que dejar sus aparatos. El problema es que el documento restante es el más costoso: necesitan más de 700.000 euros para su redacción.
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