Comercio local
Los vecinos de Llopis en Cáceres lamentan la pérdida de La Maruchi, un referente del barrio: "¿A dónde iremos ahora?"
El cierre de este conocido supermercado deja a los residentes de la barriada cacereña sin un punto de venta clave, especialmente para quienes llevaban décadas acudiendo casi a diario

Carlos Gil

El barrio de Llopis Ivorra ha empezado 2026 viendo cómo cerraba definitivamente uno de sus comercios más emblemáticos. El histórico supermercado La Maruchi, fundado en 1954, decidió bajar sus persianas el pasado 31 de diciembre tras más de siete décadas de actividad, dejando un vacío difícil de reemplazar entre los residentes.
Para muchos, este establecimiento, dirigido durante los últimos años por la cacereña Toñi Brillo, era un punto de encuentro donde se conocían todos los clientes y donde varias generaciones del barrio han realizado sus compras. “Lleva aquí desde que mis niños eran pequeños. Los conocemos de toda la vida, siempre nos han tratado bien y tenían productos de calidad. Es una pena”, lamenta María del Carmen Ibáñez, clienta habitual, recordando la cercanía y la confianza que siempre ofrecía el negocio.

María del Carmen Ibáñez, clienta habitual de La Maruchi. / Carlos Gil
Principales afectados
La noticia ha resultado especialmente dolorosa para los vecinos de mayor edad, quienes constituyen la mayoría en el barrio. Francisca Alonso, de 92 años y residente de Las 300, asegura que tanto en Llopis como en otros barrios de la ciudad “están cerrando” todos los comercios locales. “Y ahora, ¿dónde vamos a ir los que no tenemos coche?”, se pregunta, poniendo en evidencia la importancia de estos puntos de venta para quienes tienen movilidad reducida.

Francisca Alonso, de 92 años y vecina de Las 300, acudía con frecuencia al supermercado. / Carlos Gil
Referente del barrio
Por su parte, José María Barrantes, residente en Llopis desde hace décadas, expone que La Maruchi ha sido durante mucho tiempo “uno de los pocos comercios” que mantenían viva la barriada. “Ahora los vecinos tendrán que ir hasta el barrio del Espíritu Santo, ya que es el único local de alimentación que quedaba”, subraya con cierta preocupación.

José María Barrantes, residente del barrio de Llopis Ivorra. / Carlos Gil
Barrantes recuerda que el supermercado siempre funcionó bien y que, junto con otros negocios ya desaparecidos como La Josefa, representaba un punto de referencia para los residentes. “Ahora sí que el barrio se ha quedado sin nada”, advierte. Con su cierre, Llopis Ivorra despide con tristeza un pequeño pero significativo pedazo de su historia cotidiana.
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