Educación
De las aulas de Cáceres a la crónica: Emilio Arroyo, el profesor que se jubila tras 37 años de docencia y se convierte en cronista
El hasta ahora profesor del Moctezuma de Cáceres, entre muchos otros centros, se ha convertido en cronista oficial de su localidad, Zarza la Mayor, y de Valdastillas

Carlos Gil
37 años en la docencia, en los que ha pasado por infinidad de pueblos y ha educado a tal cantidad de niños que sería difícil contar. Años en los que ha tocado prácticamente todos los palos. La vida de Emilio Arroyo ha estado llena de enseñanzas, nunca mejor dicho si hablamos de un profesor, y ahora comienza una nueva etapa. Digamos, se cierra una puerta pero se abre una ventana.
Emilio este domingo 11 de enero no solo cumple 60 años, sino que hace efectiva su jubilación. Después de casi cuatro décadas de formación, cuelga los hábitos de docente y comienza su vida como cronista oficial de su pueblo, Zarza la Mayor. Además, este sábado toma posesión como cronista de otro, Valdastillas, en este caso de su mujer.
Quizás hayan leído su nombre alguna vez en este diario y en la sección 'El blog del cronista', donde hace una de las labores que más le gusta realizar: escribir. De hecho, su idea inicial cuando era pequeño era ser periodista. Sin embargo, acabó siguiendo la senda familiar, puramente docente.
Familia educadora
Emilio fue en su día un niño de Zarza la Mayor, sin saber por entonces que acabaría siendo profesor como su padre, el cual le llega a dar clase en cuarto de primaria. Cuando tenía 11 años perdió a su madre y tuvo que «buscar nuevos horizontes», marchando así al seminario de Coria. Posteriormente, llegó a Cáceres para realizar BUP en el colegio Diocesano y COU en el Norba Caesarina. «Ahí me llegó el momento de decidir qué camino seguía».
Su ilusión era ser periodista, pero la dificultad que suponía tener que ir a Madrid unos años después de salir de Zarza la Mayor le echó para atrás. «Uno era joven, había salido hace poco del pueblo y bueno, me asustó», cuenta. Es así como su padre le recomendó estudiar magisterio, al igual que él, su abuelo y sus tíos. «Hice magisterio y la verdad que estoy encantado de haber cumplido estos 37 años».
Aumentó sus capacidades, pues «después de hacer magisterio, a la vez que trabajaba, amplié horizontes y estudié ciencias de la educación, en la especialidad de orientación escolar». Y, a partir de ahí, fue escalando poco a poco. «En mi pueblo montaba una pequeña academia cuando estudiaba para ayudar a los niños que, bueno, iban un poco rezagados, como yo digo, en la escuela. Y que tenían que presentarse a los exámenes de septiembre», relata.
Le siguieron el Consejo de Juventud de Extremadura y la Consejería de Agricultura. Así, llegó al mundo de las oposiciones y acabó en educación infantil y, posteriormente, educación primaria. Así ha sido siempre hasta estos últimos 8 años, en el colegio Isabel de Moctezuma de Cáceres, donde se ha dedicado a la enseñanza especial, cumpliendo la función de maestro en Pedagogía Terapéutica.
Para Emilio, ser maestro en Pedagogía es «muy gratificante porque es ayudar a niños que presentan ciertas necesidades». Por ejemplo, niños que se distraen con cierta frecuencia, que les cuesta el comprender, que tienen problemas de lectura o tienen problemas de caligrafía. «Simplemente, ayudarlos. Para que tengan ahí siempre una persona de referencia en el colegio a la que acudan cuando tengan sus necesidades», añade. «No voy a decir un segundo padre, ni una segunda madre, pero sí una persona de referencia».
Aunque su asignatura favorita asegura que es Ciencias Sociales, lo cierto es que Emilio ha dado de todo menos dos especialidades: educación física e inglés. «Yo soy más de la época de cuando se estudiaba francés y cuando empecé a ejercer ya fue cuando se instauró el inglés en todos los colegios», apostilla.
Educación rural y diferencias
Aunque su labor haya acabado en la capital de provincia, lo cierto es que de sus 37 años como docente, 29 han sido en la escuela rural. Ha pasado por las aulas de Moraleja, Jaraíz de la Vera, Carbajo, Logrosán, Navalmoral de la Mata, Cañaveral, Ceclavín y Alcuéscar.
Se pueden imaginar la diferencia que hay con respecto a la ciudad. «La enseñanza rural es una enseñanza muy cercana», comienza. «El afán de los niños era ir a la escuela, y luego salir a experimentar, salir al campo, correr, brincar...».
Y si hay diferencia entre lo rural y lo urbano, lo hay también en las épocas. «Hoy, los niños son totalmente distintos a cómo eran y a cómo fuimos nosotros. Eso no quiere decir que sea malo, pero sí es verdad que hoy está la juventud y los niños más centrados en muchos artilugios». Básicamente, «muchas maquinitas». «Y lo que es el conocimiento del medio y el interactuar con el medio o con las personas, se va olvidando. Y ahí tenemos los docentes un hándicap».
Hace no mucho surgió el debate, ¿existe una sobreprotección en los padres? Él lo tiene claro: «totalmente de acuerdo». «Yo soy padre, tengo dos hijas, y también he sido muy protector. Pero es la tendencia actual», añade. «Hoy no podemos dejar a unos niños por ahí solos, pero en el medio rural sí. En el medio rural pueden salir porque los niños son conocidos por cualquier vecino, cualquier persona del pueblo los conoce. No hay ningún peligro».
Jubilación
Aunque todavía podría seguir dando clase, se le presenta la oportunidad de jubilarse, y se acoge a ella. No por falta de vocación, para nada, sino para dar una oportunidad a nuevas etapas que han llegado a su vida. Por ello, la jubilación no es que le suponga un alivio. «A estas alturas yo ya he dado, creo, lo que tenía que dar. Quizás me puede quedar más por dar, posiblemente me pudiera quedar. Pero hay que entender que llega una etapa de la vida, se abren unos nuevos horizontes y hay que dar paso a nuevas generaciones», explica.
«Ahora lo único que pido es salud. Tener salud para hacer las cositas que me gustan. Pero a mí me encanta la enseñanza, y además, la he mamado bien de mi familia». Sin embargo, se le ha abierto una nueva oportunidad que promete vivir «en cuerpo y alma»: ser cronista.
Cronista de Zarza la Mayor y Valdastillas
¿Qué es ser cronista de una localidad? «Ser un cronista es, nada más y nada menos, que ser como una especie de notario. Un notario que vaya recogiendo toda la información que va ocurriendo en la localidad de la que eres cronista y divulgando y poniendo en valor documentación que esté en el archivo municipal, en el archivo parroquial, en archivos históricos... y todo aquello que se considere oportuno para divulgarlo y darlo a conocer, sobre todo a las generaciones nuevas».
En ellos, los jóvenes, hace énfasis. «Debido a que ahora la juventud está mucho con las maquinitas, no se hace mucho caso a conocer la tradición y a conocer el pasado. Haya sido mejor o peor, es el pasado, y ese pasado creo que hay que conocerlo, y tenemos la obligación, sobre todo las personas que vamos teniendo ya una edad y los cronistas oficiales, de divulgar todas esas cosas para un mayor conocimiento entre las generaciones jóvenes».
Emilio es, desde agosto de 2025, cronista oficial de su localidad, Zarza la Mayor, y, a partir de este sábado, de Valdastillas. La oportunidad le cayó, sin comerlo ni beberlo, del cielo. «Miembros de la Asociación de Cronistas Oficiales de Extremadura se ponen en contacto conmigo porque hace un año me hicieron un trabajo de seguimiento». Estos hablaron con él y le propusieron la idea de ser cronista del pueblo. Pero puso una condición: que se aprobara en el pleno del ayuntamiento por unanimidad. «Y así fue».

Emilio Arroyo, con su segundo libro, en 2023. / E.P
«El 20 de junio del 2025, el Ayuntamiento en pleno, todos los miembros de la corporación, de los dos partidos políticos representados, me apoyaron y me nombraron cronista oficial del Ayuntamiento de Zarza la Mayor y el 20 de agosto del 2025 tomé posesión». Se fijaron en él por una razón, y es que llevaba escritos ya dos libros sobre el pueblo de poco más de 1.000 habitantes.
Es así como empieza a escribir, siendo publicados algunos de sus textos en este diario. Sin embargo, una nueva oportunidad le sería brindada poco después. «Al mes, la Asociación de Cronistas nos pide que realicemos también trabajos relativos a localidades pequeñas», cuenta. Lo vio claro. Una localidad pequeña con la que también tiene relación desde hace más de 40 años, en este caso gracias a su mujer: Valdastillas, en el Valle del Jerte.
Entonces, publicó un artículo sobre el pueblo de 300 habitantes: 'Valdastillas. entre dos gargantas'. Según cuenta, bastaron dos o tres horas para recibir una llamada del alcalde, proponiéndole ser cronista del pueblo. Y al igual que pidió con Zarza la Mayor, debía aprobarse por unanimidad. El 25 de noviembre se aprobó y es ahora cuando tomará posesión.
Futuro
Ahora, con la llegada de su jubilación, va a tener más tiempo libre. No solo para dedicarse a la labor de cronista, sino para poder estar más con su familia y disfrutar de sus aficiones. Entre ellas se encuentra la de pasear, pero hacerlo solo. «Soy muy de sociedad, pero a la hora de caminar me gusta hacerlo solo porque voy pensando». De hecho, asegura que «muchas de mis crónicas nacen a raíz del encuentro que tengo en mi soledad en los paseos que me doy, y eso me ayuda muchísimo». También admite, entre risas, que le gusta tocar la guitarra.
Pero, sobre todo, se va a dedicar a escribir y, además, aumentar su bibliografía, ya que está en camino su tercer libro. El primero nació en 2013, bajo el nombre de 'Homenaje a Zarza la Mayor. Recuerdos de mi infancia y juventud'. Diez años después, en 2023, publicó otro libro que versó sobre 35 biografías familiares zarceñas.
Sin embargo, en estos momentos está terminando una nueva publicación junto a otro compañero cronista, José Antonio Ramos Rubio, de Trujillo. «José Antonio y yo estamos terminando un nuevo libro histórico y de más aspectos sobre Zarza la Mayor», explica. No obstante, asegura que no puede adelantar el título, más que nada porque aún no lo conocen. Está prevista su publicación en los próximos meses.

Un viaje a Zarza la Mayor / El Periódico
A su vez, está recopilando todos sus escritos para una futura publicación. Aquello que escribe, no como cronista, sino como Emilio Arroyo Bermejo. «Publiqué durante un tiempo en un blog en internet, y luego apareció Facebook. Ahí empecé a abrir un apartado que lo denominé 'Desde la Puentita Km 0'», afirma. «La puentita, para quienes me conocen y la gente que es de Zarza, saben que es el sitio donde yo me crié. Mi placita, la placita al lado de mi casa. Es la atalaya desde la que yo escribo».
También ha elaborado una guía sobre Zarza, la cual utiliza cuando realiza visitas guiadas, y está comenzando a escribir la crónica del pueblo desde el 1 de enero de 2023, con «todo lo que ocurre en Zarza, es decir, a nivel asociativo, a nivel cultural, a nivel deportivo, a nivel municipal... cosas relevantes». También hará lo propio con Valdastilla.
Habrán podido notar su apego hacia su localidad, pero una vez que se conoce el motivo se vuelve mucho más legítimo. A la pregunta, responde: «mi amor por Zarza la Mayor está en mi madre». «Ser hijo de una zarceña y ser tú de Zarza, te imprime carácter».
Emilio afronta esta semana su adiós a las aulas, pero abraza su nueva labor de cronista. Afirma que lo que más le motiva es que lo que él escriba, la gente procure divulgarlo. «¿Cuántas cosas no se saben? Es una pena que a lo mejor por no leer o por no escribirlo o por no difundirlo la gente se quede con un desconocimiento de una cosa que tiene muy próxima y que lo tiene frente a sus ojos, pero que posiblemente no se ha fijado nunca en ello».
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