Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Servicio público

Chema y Andrés, los policías que llegaron a tiempo para salvar una vida en la Gran Vía de Cáceres

Los agentes de la Policía Local trasladaron de urgencia a un hombre que sufría un infarto y evitaron un desenlace fatal gracias a su rápida decisión

VIDEO |  Los policías que llegaron a tiempo para salvar una vida en la Gran Vía de Cáceres

Jorge Valiente

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

Cáceres ha vuelto a comprobar el valor de la intervención policial cuando cada segundo cuenta. Los agentes de la Policía Local Chema Melchor y Andrés García han salvado la vida de un hombre que estaba sufriendo un infarto en plena vía pública gracias a una actuación inmediata y decisiva en la calle Gran Vía.

Los hechos ocurrieron el pasado 13 de diciembre, cuando varios viandantes alertaron a los policías de que un hombre se encontraba mareado, con un fuerte dolor en el pecho y serias dificultades para respirar. Aunque el servicio de emergencias 112 ya había sido avisado, los agentes no esperaron y decidieron trasladar al afectado de inmediato al hospital San Pedro de Alcántara, ante la evidente gravedad del cuadro.

Una vez en el servicio de urgencias, los facultativos confirmaron el diagnóstico: ataque cardíaco. La rapidez en la actuación resultó clave para salvarle la vida.

“Es una vida más la que salvamos”

Chema Melchor, con 18 años de experiencia en el Grupo Especial de Seguridad (GES), resta protagonismo al gesto, aunque reconoce la importancia de no dudar. "Es una vida más la que salvamos. Fue al inicio de las Navidades, cuando empiezan las comidas", ha explicado. No era la primera vez que se enfrentaba a una situación límite: "Hace tres meses también saqué a un amigo, le dio un infarto mientras estábamos en una casa rural".

Para ambos agentes, la vocación resulta esencial. "Sin vocación, este trabajo no sería posible", coinciden.

El concejal de Servicios Públicos y Seguridad, Pedro Muriel, ha valorado públicamente la actuación de los policías y ha subrayado que su intervención "fue de vital importancia, pues de haber esperado unos minutos más, el hombre podría haber fallecido".

Tras su recuperación, el afectado remitió una carta a la Policía Local de Cáceres en la que expresó su agradecimiento por la "desinteresada labor de los dos agentes" y solicitó que su actuación fuera reconocida públicamente.

Un historial marcado por rescates y humanidad

Chema Melchor y Andrés García forman parte del Grupo Especial de Seguridad (GES) de la Policía Local de Cáceres, integrado por cuatro efectivos divididos en dos brigadas. Trabajan de miércoles a domingo, en semanas alternas, en horario nocturno, de nueve de la noche a cinco de la madrugada.

Su trayectoria reciente los ha situado en varias ocasiones en el foco informativo. Así, de su amplio historial destacan el día en que auxiliaron a un matrimonio octogenario en Aguas Vivas que estuvo a punto de morir por deshidratación. O el rescate de un niño que se había escapado de la mano de su madre, localizado finalmente en la calle Abilio Rosillo, en el barrio de La Madrila.

Su paso por Paiporta

Lleva 19 años en el Grupo Especial de Seguridad de la Policía Local de Cáceres y a lo largo de su trayectoria ha visto de todo, pero nada comparable a su experiencia en Paiporta. Chema Melchor fue uno de los 12 agentes que componían el operativo dirigido por el subinspector Julio Flores y que se desplazaron a Valencia. Desde entonces está conmocionado por una tragedia que ha movilizado al mundo y que, dice él, no hay adjetivos que la puedan describir.

Tras regresar de la zona cero, en el núcleo mismo del horror y la desolación, Chema Melchor hablaba con este diario cuando roza la medianoche. Lo hace desde un templo bahaí que ha cedido sus instalaciones a un centenar de policías llegados de toda España. Allí dormian (a veces no podían pegar ojo ante tanto dolor) y de allí salían a diario a las siete de la mañana para regresar, exhaustos, a las ocho de la tarde.

Melchor trabajó, junto al resto de compañeros cacereños, en el denominado Sector III, justo donde estaba el centro de salud de la calle Catarroja («aunque calles ni hay», aseveraba el agente) y de lo que quedaba de un restaurante chino que tras la tragedia era un lugar de reparto de alimentos y productos de limpieza. «Cuando llegamos aquí el lunes por la mañana apenas si se podía entrar. Estaba todo lleno de coches, enseres, el agua nos llegaba hasta las rodillas. Ese día comenzaron a llegar más medios humanos, más ayuda, y ahora está un poco más transitable».

Pero es una tarea, la de la retirada del barro, que se ve poco recompensanda. «Quitas el fango y al día siguiente está otra vez todo lleno porque las alcantarillas no tragan. Y está así el pueblo entero. Un pueblo que será como Trujillo. ¿Imaginan todo Trujillo inundado, destruido?», relataba de forma gráfica.

En Paiporta hacían de todo: «cualquier cosa porque hay que ir solucionando sobre la marcha. Igual coges una pala, que una escoba, que llevas medicinas a quienes las necesitan, que te montas en una furgoneta...». Y así todo el día parando para comer gracias al chef José Andrés. «Hay un puesto de mando que gestiona él mismo y desde el que está dando de comer a todos los servicios de emergencia. Es una persona maravillosa», comenta con emoción. Chema insiste en destacar la solidaridad de cientos, de miles de personas, que han llegado a Valencia para actuar contra la tragedia climática más mortífera de España durante el último siglo. La situación apocalíptica en Paiporta, el epicentro de la tragedia valenciana, es indescriptible para Chema. «No hay palabras suficientemente grandes para explicar lo que estamos viendo».

La solidaridad es imparable. «Los jóvenes están dando una lección increíble. Vienen de todos lados, dando el callo». Y luego está el nombre de Cáceres, «que suena por todos sitios. A cada paso que damos, los vecinos nos estrechan las manos, ‘Gracias, Cáceres’, ‘Gracias, Cáceres’, repiten una y otra vez».

Estando en Paiporta llamaron alertando de que se había producido el hundimiento de una vivienda. «Había una retroexcavadora retirando escombros. Comenzamos a escuchar los gritos desgarradores de una mujer. Debajo de los escombros encontramos el cuerpo de un chaval de unos 40 años. Fue terrible. Lo peor que hemos visto. Qué impotencia. Pobre chico», acertaba a decir Chema Melchor, siempre en el tajo.

En otro servicio especialmente delicado, localizaron a un menor de 8 años con trastorno del espectro autista que había desaparecido. "Con mucho tacto le dijimos: ‘Somos policías, vamos a llamar a tu madre para que sepa que estás bien’", recuerda Chema. El niño terminó tranquilizándose al ver la emisora.

Más allá del control del ocio nocturno, hostelería, seguridad ciudadana o menudeo de drogas, los agentes subrayan la carga emocional del trabajo. "Sobre todo cuando se trata de niños o de precipitados o atropellados llegas a casa muy mal", confiesa Melchor.

A lo largo de sus años de servicio han evitado suicidios, atendido a ancianos que viven solos, intervenido en incendios, robos y numerosos casos de violencia de género. "Tengo archivados todos los casos desde que empecé. Me daría para escribir un libro", bromea el agente.

Ambos policías insisten en que el GES desarrolla, ante todo, una labor humanitaria, muchas veces invisible. "Hay veces que la gente reprocha que no está la policía. Pero sí está: vestimos de paisano", subrayan.

Su compromiso les ha llevado incluso fuera de España. Chema Melchor participó en una expedición solidaria para trasladar refugiados desde la frontera de Ucrania, una actuación que le valió la Cruz de Servicios Distinguidos en su categoría de bronce, concedida por la Asociación Nacional de Agrupaciones y Asociaciones de Voluntarios de Protección Civil de España.

Historias como la vivida en la Gran Vía confirman que, en Cáceres, la vocación y la rapidez siguen salvando vidas.

Tracking Pixel Contents