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Sucesos

"Los médicos nos dijeron que, si hubiéramos tardado dos minutos más, el hombre habría fallecido": el testimonio de Chema y Andrés, los policías locales salvavidas de Cáceres

Una decisión en minutos que marcó la diferencia

La escena se produjo en plena Gran Vía de Cáceres, a pocos días de la Navidad. Eran alrededor de las nueve y media de la noche cuando dos agentes de la Policía Local, Chema Melchor y Andrés García, agentes del Grupo Especial de Seguridad (GES), patrullaban la zona y se encontraron con un grupo de personas visiblemente alteradas. En medio del tumulto, un hombre se encontraba sentado, pálido, con un dolor intenso en el pecho, el brazo y la espalda.

"Se nos acercaron porque no sabían cómo reaccionar. Habían llamado al 112 y estaban esperando una ambulancia, pero no recibían respuesta", ha explicado Chema. El hombre había comenzado a sentirse mal durante una cena de amigos y su estado empeoraba por momentos.

"Esto no eran gases"

Cuando los agentes se entrevistaron con él, el propio afectado les relató que se encontraba mareado y que había vomitado hasta en tres ocasiones. "Nos dijo que otras veces había tenido ataques de gases, pero que esto era mucho más fuerte", ha recordado el policía. La espera se alargaba y la situación empezaba a ser crítica.

Ante la falta de respuesta sanitaria y la gravedad de los síntomas, los agentes tomaron una decisión rápida: trasladarlo ellos mismos en el coche patrulla hasta el hospital San Pedro de Alcántara. El hombre subió al vehículo acompañado de su mujer, consciente de que algo serio estaba ocurriendo.

"El trayecto se hizo largo. Iba tranquilo, pero nosotros teníamos el apuro de no saber si le podía pasar algo dentro del coche. Lo único que queríamos era llegar cuanto antes", ha relatado Chema.

Dos minutos

Nada más llegar a urgencias, el hombre fue atendido por los sanitarios, que confirmaron el peor de los temores: estaba sufriendo un infarto. Los médicos trasladaron después a los agentes que la rapidez en el traslado había sido clave. "Nos dijeron que si hubiera tardado dos minutos más, habría fallecido", ha señalado el policía.

El hombre permaneció ingresado entre ocho y diez días y, aunque todavía continúa en pruebas médicas, su evolución ha sido favorable.

Reconocimiento

Domingo, oficial de la Policía Local y jefe de servicio de la patrulla aquella tarde, ha explicado que fue la propia familia la que quiso mostrar un agradecimiento especial a los agentes: "Les conozco y fue su mujer la que contactó conmigo. Tenían claro que querían reconocer la actuación porque había sido decisiva".

El oficial elevó un informe al jefe del cuerpo y al concejal del área para que se tuviera constancia de la intervención. "Nuestro trabajo muchas veces se conoce solo por el lado negativo, por el tráfico o las sanciones, pero también está este lado, el de ayudar", ha señalado.

Para los agentes, el reconocimiento no deja de ser una consecuencia secundaria. "Nos sentimos orgullosos, claro, pero al final hicimos lo que creímos que había que hacer en ese momento", ha concluido Domingo.

El concejal de Servicios Públicos y Seguridad, Pedro Muriel, ha valorado públicamente la actuación de los policías y ha subrayado que su intervención "fue de vital importancia, pues de haber esperado unos minutos más, el hombre podría haber fallecido".

"No dudar"

Chema, con 18 años de experiencia en el Grupo Especial de Seguridad (GES), resta protagonismo al gesto, aunque reconoce la importancia de no dudar. No era la primera vez que se enfrentaba a una situación límite: "Hace tres meses también saqué a un amigo, le dio un infarto mientras estábamos en una casa rural". Para ambos agentes, la vocación resulta esencial. "Sin vocación, este trabajo no sería posible", coinciden.

Su historia

Chema Melchor y Andrés García forman parte del Grupo Especial de Seguridad (GES) de la Policía Local de Cáceres, integrado por cuatro efectivos divididos en dos brigadas. Trabajan de miércoles a domingo, en semanas alternas, en horario nocturno, de nueve de la noche a cinco de la madrugada.

Su trayectoria reciente los ha situado en varias ocasiones en el foco informativo. Así, de su amplio historial destacan el día en que auxiliaron a un matrimonio octogenario en Aguas Vivas que estuvo a punto de morir por deshidratación. O el rescate de un niño que se había escapado de la mano de su madre, localizado finalmente en la calle Abilio Rosillo, en el barrio de La Madrila.

En otro servicio especialmente delicado, localizaron a un menor de 8 años con trastorno del espectro autista que había desaparecido. "Con mucho tacto le dijimos: ‘Somos policías, vamos a llamar a tu madre para que sepa que estás bien’", recuerda Chema. El niño terminó tranquilizándose al ver la emisora.

Más allá del control del ocio nocturno, hostelería, seguridad ciudadana o menudeo de drogas, los agentes subrayan la carga emocional del trabajo. "Sobre todo cuando se trata de niños o de precipitados o atropellados llegas a casa muy mal", confiesa Melchor.

A lo largo de sus años de servicio han evitado suicidios, atendido a ancianos que viven solos, intervenido en incendios, robos y numerosos casos de violencia de género. "Tengo archivados todos los casos desde que empecé. Me daría para escribir un libro", bromea el agente.

Ambos policías insisten en que el GES desarrolla, ante todo, una labor humanitaria, muchas veces invisible. "Hay veces que la gente reprocha que no está la policía. Pero sí está: vestimos de paisano", subrayan.

Su compromiso les ha llevado incluso fuera de España. Chema Melchor participó en una expedición solidaria para trasladar refugiados desde la frontera de Ucrania, una actuación que le valió la Cruz de Servicios Distinguidos en su categoría de bronce, concedida por la Asociación Nacional de Agrupaciones y Asociaciones de Voluntarios de Protección Civil de España.

Historias como la vivida en la Gran Vía confirman que, en Cáceres, la vocación y la rapidez siguen salvando vidas.

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