Vuelve la lluvia
Cáceres mira al cielo… y al “trasvase”: el Almonte toma el relevo definitivo de Portaje
Con lluvias regulares este martes en la ciudad, el debate del agua reaparece con una obra ya tramitada: nueva toma en el Almonte (600 l/s), depósito de 15.000 m³, fotovoltaica y 30 meses de ejecución

Trasvase del Almonte al Guadiloba. / E. P.

La lluvia ha vuelto a asomar en Cáceres este martes, con un día marcado por precipitaciones regulares según la previsión, y con un ambiente que invita a pensar que, al menos por unas jornadas, el agua dejará de ser noticia por su ausencia. Pero en esta ciudad la meteorología funciona también como recordatorio: cada episodio de lluvia reactiva una conversación que lleva años latente, la del llamado “trasvase”, una etiqueta popular que ha terminado englobando dos historias distintas (y a menudo confundidas): el proyecto Portaje–Guadiloba, convertido en símbolo de frustración, y el bombeo desde el río Almonte, nacido como solución de emergencia y hoy reconvertido en la gran apuesta técnica.
El abastecimiento de Cáceres ha tenido su eje en el Guadiloba, el embalse que actúa como reserva principal. Pero el sistema ha convivido con una dependencia cada vez más visible de una impulsión desde el Almonte, con captación en el entorno del llamado Puente de San Francisco (área de influencia del embalse de Alcántara), según recoge un informe de viabilidad del Ministerio. Esa impulsión, diseñada para sostener el grifo cuando el embalse baja y el cielo no acompaña, ha pasado con el tiempo de “apoyo” a pieza decisiva.
La clave es que el “trasvase” ya no se plantea solo como un recurso de emergencia. La Administración ha tramitado un proyecto para reforzarlo y modernizarlo con una idea de fondo: asegurar cantidad y reducir vulnerabilidades (también energéticas).
El giro de 2005: se descartó el gran embalse del Almonte y Portaje quedó como alternativa
En 2005 se ha producido uno de los grandes puntos de inflexión que explica el presente. El “Proyecto de Regulación del Río Almonte”, que pretendía ser una solución definitiva mediante un embalse, se ha descartado por motivos ambientales (según el propio informe de viabilidad estatal). Con esa puerta cerrada, el mismo documento ha señalado como opción viable la construcción de una conducción desde el embalse de Portaje hasta Guadiloba para garantizar el abastecimiento a Cáceres y a numerosos municipios del entorno.
Ahí se ha asentado durante años la expectativa: Portaje como “la gran obra” llamada a blindar el suministro.
El tiempo ha terminado convirtiendo aquel proyecto en un capítulo incómodo. Portaje ha seguido apareciendo en el debate público como obra discutida y como símbolo de un plan que no se ha materializado como se esperaba. De hecho, el propio proyecto actual incorpora una idea reveladora: aprovechar (en parte) la conducción existente de Portaje para conectar el nuevo sistema del Almonte con Guadiloba.
Mientras tanto, el paso de los años ha ido desplazando el foco hacia el bombeo desde el río, que es el sistema que se ha activado cuando Guadiloba ha bajado y la previsión de lluvias no ha sido suficiente.
El alcalde de Cáceres que hizo el Guadiloba
Nacido en Corrales de Buelna, el santanderino se convirtió en regidor de la ciudad entre 1963 y 1977. A él se debe la obra del pantano de Guadiloba, que con las últimas lluvias está que rebosa de agua
Alfonso Díaz de Bustamante y Quijano nació en 1911 en Corrales de Buelna (Santander) y llegó a Cáceres como aristócrata, así que Alfonso nunca fue Alfonso, Alfonso fue siempre Don Alfonso.
Don Alfonso vivía en la calle Ancha, en una casa preciosa que hay frente al Parador de Turismo. En aquella época, como el gobierno era el que elegía a los alcaldes, a él lo nombraron alcalde en 1963, un cargo que ocupó hasta 1977.
En Cáceres se metieron mucho con él, decían que tenía mucha influencia con los peces gordos --era cuñado del ministro de Justicia de Franco, Francisco de Oriol y Urquijo-- y le reprochaban sus comilonas. Craso error el de los críticos porque, en honor a la verdad, Don Alfonso fue uno de los alcaldes que más hizo por esta ciudad: el pantano del Guadiloba, el desvío ferroviario hasta Cáceres, el semidistrito de la universidad, el inicio del Parque del Príncipe y las reformas de la ciudad monumental que años después impulsarían su declaración como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Don Alfonso era un hombre con mucho carácter al que le gustaba tenerlo todo muy atado, tan atado que cuentan que cuando los Príncipes (hoy Reyes eméritos) venían a Cáceres, dos días antes mandaba que le pusieran una cama en el ayuntamiento y se quedaba allí a dormir para que todo estuviera a punto.
Carmina Caldera fue su secretaria, Juan Ramón Marchena su jefe de protocolo y Francisco Pache su conductor, aunque tuvo varios conductores. Entonces el coche oficial era el Land Rover. Como a Don Alfonso le pilló toda la polémica del cabo Piris (ese que mandó quitar del escaparate de la Librería Figueroa la Maja Desnuda alegando que era una imagen porno), durante un viaje a Madrid un gracioso de turno gritó a Don Alfonso: «¡Adiós Majo!» , entonces, el conductor, airado, se acordó de la madre del gracioso de turno con un tremendo taco.
Don Alfonso se casó con María Cristina de Ulloa y Ramírez de Haro y tuvieron 8 hijos. Ella murió en accidente de tráfico y tiempo después el alcalde volvería a contraer matrimonio con Rocío Falcó, grande de España, 20 años menor que él. Se casaron en Plasencia pero el matrimonio no duró mucho porque Rocío moriría a los 57 años al caer por unas escaleras del Galerías Preciados de Serrano. Fue condesa de Berantevilla y perdió el equilibrio en la escalera al salir de espaldas del ascensor con el carrito de la compra camino del aparcamiento.
Don Alfonso era muy elegante. Así que su abrigo preferido era el Loden. Los Loden de Don Alfonso eran de color verde. Dicen que a Juanito el del Agua le regaló algunos de esos abrigos. Juanito el del Agua era un señor muy grandote que cobraba los recibos del agua por las casas y que cantaba muy bien la ópera. Vivía por Santiago, cerca de la calle Belén, por donde estaba el Bar del Chicha, que lo llamaban así porque su dueño era alto y delgado. Don Alfonso logró que los Príncipes de Mónaco, Rainiero y Grace Kelly, visitaran la ciudad en 1974 En estos días, en el que el Guadiloba, está a rebosar por las lluvias viene a colación destacar la labor de Bustamante y su interesante legado.
La percha de este invierno lluvioso llega con un proyecto ya descrito en el BOE y con cifras concretas. La resolución ambiental estatal publicada en 2023 ha detallado la actuación principal: una nueva toma en el río Almonte con capacidad máxima de bombeo de 600 litros por segundo, mediante una torre de toma vertical, localizada aproximadamente 300 metros aguas abajo del viaducto de la A-66.
A esa pieza se suma el paquete que convierte el plan en algo más que “bombear agua”: un depósito de regulación de 15.000 m³, pensado para estabilizar el sistema y una instalación de autoconsumo fotovoltaico asociada a las infraestructuras para rebajar el coste energético del bombeo.
El proyecto, además, se ha concebido para enlazar con la infraestructura existente de Portaje, reordenando el mapa: Portaje deja de ser “la solución” y pasa a ser, en la práctica, una parte del camino del nuevo modelo.
La diferencia con etapas anteriores es que el proyecto ha bajado del plano al calendario. El BOE ha publicado el anuncio de la Confederación Hidrográfica del Tajo con un dato que marca horizonte: “El plazo de ejecución de las obras es de treinta (30) meses, incluidas la puesta en marcha y las pruebas de funcionamiento”. Y el Diario Oficial de Extremadura ha reproducido ese mismo plazo en el trámite de información pública y bienes afectados.
En otras palabras: mientras la lluvia ha vuelto hoy a las calles, el “trasvase” ha dejado de ser solo un concepto difuso para convertirse, otra vez, en un expediente con plazos, obras y cifras.
Contado de forma lineal, el relato del agua en Cáceres ha seguido una lógica: se ha buscado una gran solución estructural (el embalse del Almonte), se ha descartado por razones ambientales, se ha apostado por Portaje como alternativa y, con el tiempo, el sistema ha terminado dependiendo cada vez más de un bombeo desde el río que ahora se ha proyectado reforzar con capacidad, regulación y energía.
La lluvia de estos días puede aliviar la conversación durante un tiempo, pero no la cierra. En Cáceres, el agua siempre vuelve por dos caminos: por el cielo y por la infraestructura. Y la segunda, según el BOE, ya ha empezado a contar el tiempo en meses.
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