Vida
Cáceres multiplica el número de centenarios y España se consolida entre los países más longevos del mundo
Un estudio revela que la longevidad no solo depende de la genética, sino de factores como el entorno, los hábitos y el acceso a la salud; la vitalidad y el compromiso son claves para llegar a los cien años

Envejecimiento, ancianos / EDUARDO PARRA / EUROPA PRESS
Cuando la alcaldesa de Irún llamó a su puerta el 27 de julio de 2025, Juan Cobos Sánchez acababa de alcanzar una edad reservada a una minoría casi invisible: 110 años. Nacido en la localidad cacereña de Jerte, llevaba alrededor de siete décadas viviendo en Euskadi y celebró aquel cumpleaños rodeado de familiares y amigos. Menos de seis meses después, el 10 de enero, la ciudad guipuzcoana despedía al que muchos conocían como el 'aitona de Irun'. Con su fallecimiento no solo se cerraba una biografía excepcional; también se reabría una conversación de fondo sobre la longevidad, sus causas y sus implicaciones en Extremadura y en el conjunto del país.

Juan Cobos Sánchez. / Extremeños Centenarios
Más años... y más centenarios
La fotografía demográfica confirma que estos casos ya no son anecdóticos. En Extremadura, el número de personas con 100 o más años se ha multiplicado casi por cuatro en dos décadas: de 121 en 2005 a 447 en 2025, según datos del INE difundidos por Canal Extremadura. España avanza en la misma dirección. El Ministerio de Sanidad sitúa la esperanza de vida al nacer en 83,9 años en 2023 —81,1 en hombres y 86,6 en mujeres—, una cifra que, tras la recuperación posterior a la pandemia, coloca al país entre los más longevos del mundo, solo por detrás de Japón y Suiza.
Cuando el foco se acerca, Extremadura aparece en la zona media del ranking autonómico. En 2023, la esperanza de vida regional fue de 83,3 años, ligeramente por debajo de la media nacional, con Madrid a la cabeza (86,1) y Ceuta y Melilla en la parte baja (81,4). La lectura cambia si se observa el tramo final de la vida: a los 65 años, en España se esperan 21,9 años adicionales; en Extremadura, 21,3. No es un dato neutro: son años que requieren cuidados, redes y políticas capaces de sostener la autonomía el mayor tiempo posible.
La ciencia huye de los atajos cuando se habla de vidas que superan el siglo. No hay un 'secreto' único, sino una combinación de factores: genética, entorno, hábitos, acceso a servicios sanitarios y una dimensión psicológica y social que suele quedar en segundo plano. Un estudio publicado en Journal of Happiness Studies, basado en entrevistas a centenarios en España, subraya que llegar lejos no equivale solo a evitar la enfermedad, sino a afrontar pérdidas y cambios acumulados durante décadas. Vitalidad, disfrute de la interacción, compromiso, sentido de control, motivación intelectual, positividad y resiliencia aparecen como rasgos recurrentes. El propio trabajo advierte de una carencia: pese al crecimiento de esta población, en España aún hay pocos estudios centrados específicamente en los centenarios.

FOTOGALERÍA | Jesús Redondo Bermejo es, a sus 110 años, el hombre de más edad de España /
Vida cotidiana: comer, moverse, pertenecer
Las biografías concretas ayudan a poner rostro a esas conclusiones. En el caso de Juan Cobos, los medios recordaron que hasta poco antes de su fallecimiento salía a pasear y mantenía una relación cercana con su entorno. El reconocimiento que recibió no fue solo institucional, sino vecinal. Esa mezcla de rutina, movimiento y vínculo aparece también en proyectos de investigación actuales, como el proyecto RENACE, impulsado por la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia, que plantea estudiar a los centenarios desde una perspectiva integral en la que ya asoman tres pilares clásicos: alimentación saludable, ejercicio habitual y red de apoyo social.
El aumento de la longevidad obliga a mirar no solo cuántos años se viven, sino cómo. En Extremadura, el SEPAD orienta sus programas para mayores autónomos hacia el paradigma del envejecimiento activo, con actividades centradas en la salud física, cognitiva y emocional, la participación social y cultural y la formación. A esta red se suma la política pública más visible: la región cuenta con 37 centros de mayores de gestión directa, más de 140.000 personas vinculadas y servicios que van desde fisioterapia y entrenamiento cognitivo hasta atención psicológica. El mensaje es claro: convertir más años de vida en más bienestar, y hacerlo sin que dependa solo del azar o de la capacidad económica.
Los centenarios suelen decir que han visto cambiarlo todo: el trabajo, el campo, la familia, la tecnología y la forma de enfermar y de curarse. Su valor no es únicamente testimonial. Son también un espejo que obliga a preguntarse qué tipo de comunidad permite llegar a los 100 con dignidad, compañía y sentido. En una región marcada por la emigración y con un número creciente de mayores muy longevos, el reto pasa por sostener cuidados, combatir la soledad no deseada y reforzar entornos comunitarios que, sin hacer ruido, llevan décadas siendo una de las mejores pólizas de salud.
Historias como la de Juan Cobos Sánchez, del Jerte a Irún, recuerdan que la longevidad no se mide solo en años. También se mide en vínculos.
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