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Soliloquios

Domingo Barbolla, sociólogo de Cáceres: "Cuando el cine se convierte en arte"

El cine como catarsis contemporánea y espacio donde el arte ordena la experiencia humana

El casco antiguo de Cáceres, transformado para la grabación de La casa del dragón.

El casco antiguo de Cáceres, transformado para la grabación de La casa del dragón. / El Periódico

Domingo Barbolla Camarero

Domingo Barbolla Camarero

Cáceres

El cine es una expresión artística –cuanto menos tiene esa posibilidad–, emulando a las antiguas tragedias griegas sirve para comopaideiadel pueblo. No es teatro en su multiplicidad de formas, pero son historias que sirven para canalizar sentimientos y, por tanto, costumbres y con ellas cultura posible entre la fragilidad de la convivencia. El cine, al comportarse como arte, se convierte en ese elemento mediador entre el concepto y la cosa representada; el sentimiento abarca toda la realidad del hombre siendo el arte el organizador posible en ese conjunto de cosa y razón que le lleve a la acción misma.

El cine –de convertirse en arte– vehiculiza como ningún otro esos sentimientos necesarios para el convivir. El filósofo Deleuze, a través de imágenes y signos –nos dejó dicho– permite llegar a los conceptos fruto de la razón misma. Schrödinger, el físico de la ecuación diferencial, entendió la vida como entropía negativa, como orden en estado puro. En ocasiones, este orden se pone de manifiesto en la creación artística y se hace álgidamente presente a modo de catarsis, de hondo sentir en los destellos imposibles para la razón. La vida es orden, y nos alimentamos de ese mismo orden, en el decir del premio nobel.

La energía colectiva que conforma el espíritu absoluto, si nos detenemos en Hegel, es patrimonio de la creación humana en su forma artística. Creador y espectador rehacen la realidad, una vez el objeto es conformado por el artista el espectador renueva esa misma energía ordenada hasta multiplicarla en su conciencia, de ahí nace la paideia para el ciudadano ateniense en sus comienzos y para todos los demás en nuestro tiempo. No es tan solo la razón el alimento de la realidad, está esa otra forma de ver, oler, sentir, organizar la realidad para seguir llamándonos seres humanos. El arte como mediador entre nosotros y la naturaleza misma, y para que eso sea posible se alza álgida la catarsis, sublime momento que nos descubre verdaderamente humanos.

Es para recordar la última frase que pronuncia el jefe de los samuráis cuando está a punto de morir, en la película El último samurái: “¡todo es perfecto!” En ese momento, la cámara recogía el lento caer de los pétalos de los cerezos en flor. La muerte unifica la realidad de toda materia viva, nosotros, los hombres, somos esa conciencia de esa realidad. Desorden y orden se unifican en un incesante canto como último tributo a lo que no acabamos de entender: la vida misma.

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