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Referente de la gastronomía extremeña

Una vida entre fogones: Manuel Espada, chef de Albalat, dice adiós tras una vida dedicada a la hostelería en Cáceres

Tras casi cinco décadas creando platos, el cocinero cacereño se jubila dejando un legado del que presume con orgullo

El cocinero Manuel Espada se jubila después de casi cinco décadas de trayectoria en Cáceres

Jorge Valiente

Gonzalo Lillo

Gonzalo Lillo

Cáceres

A punto de cumplir 68 primaveras, Manuel Espada se despide del trabajo diario en la cocina dejando tras de sí una de las trayectorias más sólidas y reconocidas de la gastronomía cacereña. Jefe de cocina y copropietario del restaurante Albalat en Cáceres, afronta ahora la jubilación con la tranquilidad de haber consolidado un proyecto y formado a un equipo capaz de continuar su legado.

La relación del chef cacereño con los fogones comenzó muy pronto. Con 14 años recién cumplidos consiguió entrar como pinche de cocina en El Figón de Eustaquio, donde conoció a un referente de la cocina extremeña como Eustaquio Blanco, figura clave en su formación. “Fue mi segundo padre y mi mentor”, recuerda. Junto a él aprendió no solo el oficio, sino también una manera de entender la cocina basada en valores como el compañerismo, el respeto y la constancia.

Después de aquella primera etapa, que se prolongó durante 36 años, continuó su andadura profesional de la mano de Eustaquio en el nuevo negoció que abrió en la avenida Ruta de la Plata, donde siguió acumulando experiencia y responsabilidad en un sector tan exigente como vocacional.

El nacimiento de Albalat

En febrero de 2017 dio un paso decisivo al inaugurar su propio proyecto: el restaurante Albalat, junto a su yerno Juan Miguel Palacios, que había sido su segundo de cocina en etapas anteriores. Casi nueve años después y tras sortear numerosas dificultades, el establecimiento se encuentra plenamente asentado y con una plantilla estable, algo que Espada considera uno de sus mayores logros profesionales.

Durante todo este tiempo ha huido de jerarquías rígidas. Nunca se ha visto como un jefe al uso. "He sido un compañero más", afirma. Su meta siempre ha sido formar y transmitir su experiencia a quienes han trabajado a su lado, muchos de los cuales permanecen hoy en Albalat, algo que le llena de orgullo.

Una filosofía de trabajo

Si hay una idea que este cacereño ha transmitido a lo largo de los años es que la cocina es un aprendizaje constante. "Cada día es un examen nuevo", resume. Una filosofía que refleja su forma de entender el oficio: trabajo diario, humildad y mejora continua.

Reconoce que la hostelería es una profesión "muy sacrificada", que exige muchas horas y deja poco espacio para la vida personal. “Por desgracia, he tenido poco tiempo para mi familia”, admite, una realidad que ha pesado en su decisión de jubilarse.

Tiempo para la familia

La certeza de dejar Albalat en buenas manos y el deseo de disfrutar más de su familia, sobre todo de sus nietos, han sido determinantes. Aun así, Espada afirma que no se desvinculará del todo del restaurante. Seguirá acudiendo, aunque desde un papel más relajado, confiando plenamente en un equipo que considera totalmente preparado. "Ya saben caminar solos", expone con orgullo.

Con su retirada, Manuel Espada cierra una etapa personal y profesional, pero deja una huella profunda en la cocina cacereña: la de un cocinero que empezó desde abajo, que entendió la gastronomía como un oficio de esfuerzo diario y que ha sabido transmitir su saber a nuevas generaciones.

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