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Memoria castrense

Cuando Pedro Sánchez era “guapo y de buen porte”: la mili en Cáceres, la escuadra de gastadores, el encontronazo con un cabo y su jura presidida por Juan Carlos I

Fuentes militares sitúan al actual presidente del Gobierno en el CIR de Cáceres en 1996, en una etapa marcada por la transición al Ejército profesional y la incertidumbre sobre el futuro del acuartelamiento

Pedro Sánchez, el más alto, segundo por la derecha, en la base militar de Cáceres.

Pedro Sánchez, el más alto, segundo por la derecha, en la base militar de Cáceres. / El Periódico Extremadura

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

Pedro Sánchez, hoy presidente del Gobierno, realizó el servicio militar obligatorio en el Centro de Instrucción de Reclutas (CIR) de Cáceres a mediados de la década de los noventa. Fuentes militares vinculadas al acuartelamiento sitúan su estancia en torno a 1996, en un periodo de transición, cuando el Ejército español avanzaba hacia su profesionalización y durante un tiempo convivieron soldados de reemplazo con personal profesional.

En aquellos años, el CIR mantenía una presencia muy visible en la vida cotidiana de la ciudad. “Era otra época”, recuerdan, cuando “se bajaba de uniforme por la calle con normalidad” y el cuartel formaba parte del paisaje social de Cáceres.

Pedro Sánchez fue inicialmente seleccionado para formar parte de la escuadra de gastadores, una unidad ceremonial integrada por soldados de reemplazo elegidos “por su estatura, su buen porte y su buen físico”. “Los gastadores son los que desfilan primero”, explican, “los que abren todos los desfiles y van delante de las compañías”.

La escuadra estaba compuesta por nueve soldados organizados en tres filas de tres, bajo el mando de un cabo primero. “Quince días antes de la jura ensayaban para hacerlo mejor que nadie”, recuerdan, ya que se trataba de un grupo “más distinguido que el resto”. En ese contexto, añaden, Sánchez “como era muy alto”, fue incluido en la escuadra.

“Estaba hasta la nariz del cabo primero”

La permanencia de Sánchez en la escuadra de gastadores no se prolongó hasta el acto final. Dos días antes de la jura de bandera, siempre según fuentes militares, se produjo un enfrentamiento verbal con el cabo primero que mandaba la unidad. “Se enfrentaba muy a menudo al cabo”, relatan, hasta que en un momento de tensión llegó a comentar, en voz alta, que “estaba hasta la nariz del cabo primero”.

Ese comentario fue escuchado por el propio mando, que tomó una decisión inmediata. “Le dijo: ‘mañana ya no vuelvas, cojo a otro’”, explican estas fuentes. Como consecuencia, Pedro Sánchez fue apartado de la escuadra y juró bandera finalmente “con su compañía”, y no como gastador.

Este episodio se enmarca como “anécdotas de la mili”, habituales en la convivencia diaria del reemplazo. “En aquel momento era un anónimo total”, subrayan, sin que el incidente tuviera entonces mayor trascendencia.

La familia real en el Cefot en 1996.

La familia real en el Cefot en 1996. / El Periódico Extremadura

La jura de bandera tuvo lugar en julio de 1996 y fue un acto especialmente relevante para el CIR de Cáceres. La ceremonia estuvo presidida por el rey emérito Juan Carlos I, coincidiendo con la jura de bandera de Alfonso Zurita de Borbón, sobrino del monarca.

“Aquel año vino el Rey”, recuerdan las fuentes militares, lo que supuso un importante despliegue de seguridad y protocolo. La Casa Real envió personal con antelación para coordinar el acto, que quedó señalado como una de las juras más destacadas celebradas en el acuartelamiento durante aquella década.

Felipe González y el Cáceres del uniforme

El paso de Pedro Sánchez por el CIR se inserta en una relación más amplia de dirigentes políticos con el servicio militar obligatorio. Fuentes castrenses recuerdan también la estancia en Cáceres de Felipe González, en una etapa anterior. “Felipe González estuvo aquí y bajaba de uniforme por la ciudad”, señalan, recordando una época en la que esa imagen era habitual. Locales como la cafetería Acuario formaban parte de esa vida cotidiana, frecuentada por reclutas y mandos en sus salidas.

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Jorge Valiente

Las mismas fuentes evocan otras presencias llamativas en la ciudad en aquellos años. Entre ellas, Pepe Barroso, al que sitúan alojado en el Hotel Extremadura, “enfrente de la Alcántara”, desde donde acudía a atender su negocio vinculado a la moda. “Llamaba la atención”, recuerdan, por el contraste con la mayoría de los soldados: “cuando los demás teníamos un 124 o un R11”.

También mencionan la presencia de Finito de Córdoba, así como de jugadores de baloncesto del Real Madrid, que acudían al CIR de manera puntual. “Eran de alta competición”, explican, “estaban quince o veinte días y se iban”. Aunque no siempre se concretaban nombres, estos perfiles formaban parte de las anécdotas habituales del cuartel.

Durante aquellos años, el futuro del CIR de Cáceres estuvo rodeado de incertidumbre. “Durante mucho tiempo se hablaba de que lo iban a cerrar”, recuerdan las fuentes, especialmente con el avance del Ejército profesional. Ese temor impulsó a algunos militares a recopilar datos y documentación para evitar que “dentro de veinte años nadie se acordara de que aquí hubo cuartel”.

En ese contexto, las fuentes destacan el papel del coronel Bernal y, anteriormente, del coronel Domínguez Valor, a quienes atribuyen una labor decisiva para evitar el cierre del acuartelamiento. “Trabajaron mucho para que no se cerrara”, afirman, y vinculan ese esfuerzo con la posterior consolidación del centro como espacio de formación de referencia.

El paso de Pedro Sánchez por el CIR de Cáceres fue, en su momento, el de un soldado más en una experiencia compartida por toda una generación. “Era la mili”, resumen las fuentes. Con el paso del tiempo y a la luz de su trayectoria política posterior, aquellas vivencias cotidianas han adquirido una nueva lectura, integrada en la memoria militar de la ciudad y en la historia reciente del acuartelamiento.

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