Adiós cercano
Muere Antonio Monje, el 'catovi' que repartía los carteles del Cacereño y era forofo de las cofradías de Cáceres
Durante años ha repartido a pie los carteles de los partidos (y también de otros deportes) y quienes le han tratado le han recordado como alguien “bueno, dulce y siempre dispuesto”
Siso Blanco, que fue directivo del club verdiblanco, cuenta: "Era más cacereño que la Torre de Bujaco"

Antonio Monje, un emblema del Cacereño, ha fallecido. / Cedida a El Periódico

Cáceres ha despedido a Antonio Monje, un nombre muy conocido en la trastienda de la vida diaria: el de quien ha hecho ciudad a base de pasos, barrio a barrio, cartel a cartel. Durante décadas, según han recordado aficionados y antiguos directivos, Monje se ha encargado de repartir los anuncios de los partidos del Cacereño (y también de otros deportes), un trabajo humilde y constante que le ha convertido en una figura familiar para muchas puertas, comercios y esquinas. En el ámbito cofrade, su muerte ha corrido con la misma rapidez que las noticias que se dan “de boca en boca” cuando alguien ha dejado huella.
Siso Blanco, vinculado al club durante años, ha explicado que Monje era “la persona que tenía para los encargos, especialmente de los carteles”, en una etapa en la que esa tarea se repetía con frecuencia. “Cada 15 días… no solamente se dedicaba a repartir los del Cacereño, también repartía el baloncesto”, ha señalado.
Lo hacía andando, sin atajos y sin ruedas. “No tenía ni bici, ni moto, ni coche, ni nada”, ha contado Blanco, que ha subrayado su forma de ser como parte del motivo por el que todo el mundo confiaba en él: “A toda la gente le daban ese trabajo y él, encantado”.

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Quien lo ha tratado lo ha descrito con palabras que no necesitan adornos: cariño, dulzura, bondad. “Era una persona con un cariño y con una dulzura… buena persona”, ha resumido Blanco, que ha añadido que, de haber estado en Cáceres, habría acudido a trasladar el pésame a su familia.
Monje, según este testimonio, ha superado los 90 años y ha sido “cacereño, vamos”, de esos perfiles que no hacen ruido, pero sostienen rutinas que muchos dan por hechas. También se le ha situado en los últimos años por zonas como San Blas y el entorno de las (200 y 300 viviendas), sin que el recuerdo necesite precisión de callejero para ser reconocible.
Un oficio pequeño que mueve una ciudad
El reparto de carteles (tan simple en apariencia) ha sido durante mucho tiempo una pieza práctica del deporte local: anunciar el partido del fin de semana, colocar la cita en el escaparate, dejar la convocatoria al paso del barrio. Blanco ha recordado incluso el pago habitual por esa faena: “Yo le pagaba, no sé si eran 30 o 40 euros, por repartirlos del Cacereño”.
La muerte de Antonio Monje ha activado el recuerdo de quienes lo trataron de cerca. Entre ellos, Siso Blanco, nombre conocido en el club por su larga vinculación y por haber formado parte de la directiva en una de sus etapas más exigentes en lo cotidiano. Blanco ha explicado que su relación con el club se extiende durante “50 y pico de años”, un vínculo familiar y emocional que, según ha contado, le viene de casa: “El cariño al Cacereño es desde que me parió mi madre. Eso me lo inculcó mi padre y yo se lo he inculcado a mis hijos”.
En el plano institucional, ha relatado que ha colaborado con distintos nombres del Cacereño, citando a Félix Campos, Antonio Martínez Doblas y José Félix Nevado, entre otros. En la etapa con Martínez Doblas, Blanco ha indicado que llegó a ejercer como vicepresidente, con tareas ligadas a la publicidad y a la gestión de gastos del estadio Príncipe Felipe.
En su repaso a aquellos años, Blanco ha recordado un momento especialmente delicado: cuando, por los costes del Príncipe Felipe, el club llegó a plantearse abandonar el estadio y “se quedó como un sembrado”, llegando “hasta el césped a secar”, según su descripción. En ese contexto, ha afirmado que se hizo cargo junto a otros aficionados de trabajos y arreglos para recuperar el recinto: “Fuimos unos cuantos aficionados que dijimos: esto lo levantamos nosotros y volvemos. Y se volvió otra vez al Príncipe Felipe”.
También ha explicado que, cuando él estaba en la directiva, se ocupaba de coordinar y pagar parte de los encargos realizados a Monje: “Yo era el que más o menos le pagaba”, ha indicado, situando ese pago en torno a “30 o 40 euros” por el reparto del fin de semana. Blanco ha resumido su impresión personal con una frase que reitera: “Era una buena persona. He puesto un pequeño mensaje en La Resistencia, el grupo nuestro de la peña”. Y es que Antonio Monje era uno de esos catovis tradicionales (de Cáceres de toda la vida), casado, padre y abuelo, forofo de su equipo pero también de las cofradías porque, como bien cuenta Siso, "era más cacereño que la Torre de Bujaco".
Hoy, cuando los anuncios circulan por pantallas, el vacío que deja Monje no se mide en “publicaciones”, sino en algo más difícil de reemplazar: presencia, constancia y esa manera de pertenecer a una ciudad sin necesidad de protagonismo. Cáceres ha dicho adiós a uno de esos nombres que, sin estar en los focos, ha estado en todas partes.
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