Conventos de Cáceres
Entre mantas y rezos: así es la vida de las monjas de clausura de Cáceres ante la ola de frío
Las religiosas de los conventos cacereños, que viven de forma austera, afrontan las bajas temperaturas con mantas y abrigos, recordando que su economía no permite el uso constante de radiadores

El Periódico Extremadura
La vida en los conventos de clausura es tal y como se suele imaginar: vivir entre rezos y a base de trabajo para sustentarse. A estos lugares se les asocia rápidamente con los dulces, y más en la ciudad de Cáceres donde sus conventos realizan una de las mejores reposterías de España.
Sin embargo, hay aspectos que, aunque si lo piensas puede ser evidente, no todos los ciudadanos conocen. Por ejemplo, ¿cómo conviven en un convento con el frío? En estos días de enero, Cáceres roza, o incluso llega, a las temperaturas bajo cero. La gran mayoría de los ciudadanos cuentan con una calefacción que les sustenta un acomodo mínimo, pero en los conventos la situación es distinta.
Mucho espacio para calentar
En el convento de San Pablo, en lo alto de la ciudad, las proporciones son engañosas. Aunque puede parecer pequeño, lo cierto es que es bastante grande, por lo que calentar todo ese espacio es prácticamente tarea imposible. Allí no se puede decir lo típico de 'cierra que se escapa el gato' porque, básicamente, no hay 'gato'.
«Es cierto que pasamos frío», comentan las hermanas. No cuentan con una calefacción central, pues «es un espacio muy grande y calentarlo todo es imposible». La economía es justa e instalar una calefacción central en un espacio así saldría por un pico, más para alguien que vive en la pobreza.
Sin embargo, el frío lo combaten como pueden. «Tenemos alguna estufa y braseros para calentarnos un rato. Tampoco queremos que las hermanas pasen mucho frío», explican, precisamente, abrigadas. «La gente en sus casas o en las oficinas pueden estar sin abrigo, nosotras no». Es decir, viven de una forma sencilla, más cercano a las personas pobres que a las más 'ricas'.
Si ya de por sí hace frío, señalan que las paredes son gruesas y que transmiten especialmente esta temperatura. Un edificio del siglo XV es de esperar que sea bastante gélido. Aunque cuentan con estas estufas humildes sobre las que se reúnen varias hermanas, es cierto que «casi que es como si nada». «Obviamente preferimos un clima más templado porque pasamos frío, pero es lo que hay».
Otro factor a sumar es que en San Pablo muchas hermanas vienen de África, es decir, un clima mucho más tropical que el que se encuentran aquí. Sin embargo, podría ser peor, porque tal y como admiten, «el frío del norte no lo soportarían». No obstante, se encuentran más que agradecidas con la ciudad que las ha acogido y por la que rezan todos los días.
La vida en un convento de clausura es laboriosa. La economía con la que cuentan para sustentar el edificio y poder tener una vida sale de los dulces, y no tienen permitido tener bienes propios, aunque, realmente, cada caso es distinto. Su vida se reduce a dos acciones: rezar y trabajar en sus labores.
Vivir entre mantas
Algo más radical es el caso de otro convento como es el de las Jerónimas. Allí, al igual que en San Pablo, no cuentan con una calefacción central, sin embargo, no suelen utilizar tampoco estufas. «Vivimos acorde al clima, no hay otra opción», comenta la madre superiora.

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En el convento, que se encuentra dentro del Monasterio de Santa María de Jesús, viven acorde a tres premisas: «pobreza, castidad y obediencia». Es por lo que, en base a esto, conviven con el frío. «Nosotras vivimos en la pobreza y la luz es cara, no podemos mantener el uso constante de radiadores o estufas», explica.
Si hace frío en el edificio que data del siglo XVII, deben convivir con ello, porque será «por amor de Dios». Por ello, todo el abrigo que usan son las mantas, al menos hasta cierto punto. «Si alguna hermana se pone mala y le hace falta, o si alguna no aguanta, un ratito sí puede tener una estufa», añade.
Son muchas las veces las que pasamos por la puerta de estos conventos, pero pocas las que nos damos cuenta de cómo es la vida de esas personas que, sin nosotros ser demasiado conscientes, rezan por todos.
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