Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Blog del cronista

Galisteo: el secreto amurallado de Cáceres que hay que visitar antes de que se ponga de moda

Historia, fiestas singulares y sabores de toda la vida se dan la mano en uno de los pueblos medievales más desconocidos del norte de Cáceres, una villa amurallada única construida con cantos rodados del Jerte que conserva rituales ancestrales, tradiciones vivas y una gastronomía capaz de convertir la visita en una experiencia memorable para el viajero

Francesc Gómez Núñez

Francesc Gómez Núñez

Galisteo

A menudo, cuando pensamos en destinos medievales en Extremadura, nos vienen a la mente los clásicos de siempre, Cáceres, Trujillo o Guadalupe. Pero en el norte de Extremadura, vigilando la Vía de la Plata desde un cerro estratégico, se esconde una joya que ha sobrevivido a guerras, conquistas y al olvido: Galisteo. Si buscas una escapada que combine patrimonio insólito, adrenalina fiestera y una gastronomía que te hará volver, deja de buscar. Has encontrado tu próximo destino.

Silueta

Lo primero que te golpea al llegar a Galisteo es su silueta. No verás los típicos sillares de piedra cortada a escuadra. Aquí, la ingeniería almohade del siglo XIII tiró de ingenio y de lo que tenía a mano: el río Jerte. La muralla que abraza el casco histórico está construida íntegramente con cantos rodados. Millones de piedras lisas, pulidas por el agua durante siglos, amontonadas con una argamasa tan resistente que ha aguantado 800 años de historia.

Adarve

Pasear por el adarve (la parte alta de la muralla) es la mejor manera de empezar tu visita. Desde allí arriba, tienes una vista privilegiada del contraste extremeño: el verde intenso de la vega del Jerte frente a la dehesa de encinas y alcornoques. Es un balcón de lujo para entender por qué romanos, árabes y cristianos se pelearon por este trozo de tierra.

Un culebrón

La historia de Galisteo es un culebrón de Juego de Tronos a la española. Se dice que el mismísimo Almanzor descansó aquí en sus aceifas contra el norte, quizás en la antigua Medina Ghaliayah que yace bajo los cimientos actuales. Pero el carácter monumental que vemos hoy se lo debemos a una mezcla de culturas fascinante.

Iglesia

Dentro del recinto, no puedes perderte el ábside de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Es una rareza absoluta en estas latitudes: un ejemplo de mudéjar castellanoleonés, con sus arquerías de ladrillo rojo, que parece teletransportado directamente desde Tierra de Campos. Justo al lado, desafiando al cielo, se alza la Torre Picota. Es lo que queda de la antigua alcazaba y palacio; un símbolo de poder que, curiosamente, tiene una forma piramidal en su remate muy característica.

Puente Medieval

Y si sales extramuros, cruzarás el Puente Medieval (o de Manrique Lara), una obra del siglo XVI financiada por los Condes de Osorno. Esta familia noble, los Manrique de Lara, controló la vida de la villa durante siglos, dejando su escudo de armas grabado en piedra para que nadie olvidara quién mandaba en el paso del ganado de la Mesta.

Vaquilla

La Vaquilla, es una antigua costumbre que se produce el 8 de septiembre, día dedicado a la festividad de Ntra. Sra. de la Fuensanta. La tradición se supone nace en el s. XV. Es una tradición folklórica única donde solo participan mujeres, vestidas con traje regional, que bailan al son de tamboril y flauta, representando una danza militar para ahuyentar el mal y traer buena fortuna, A diferencia de otras regiones donde la vaquilla es masculina y ruidosa, la versión de Galisteo es un ritual femenino, elegante y con vestimentas tradicionales, destacando por su singularidad en Extremadura.

"El Verdeguea"

Galisteo también tiene un lado más íntimo y lírico. Una de sus tradiciones más bonitas es «El Verdeguea». En las vísperas de las bodas, los vecinos rondan la casa de los novios cantando coplas tradicionales para desearles suerte, un rito que ha sobrevivido a la modernidad y mantiene vivo el folclore local. Y si vas en Navidad (Nochebuena), pregunta por «Las Rajás», una cofradía de solo 33 hombres (los años de Cristo) que recorre el pueblo cantando y escenificando autos sacramentales.

Caminar por la muralla da hambre, y en Galisteo saben cómo solucionarlo. La cocina aquí es honesta, contundente y de «kilómetro cero» real, tal como os cuento. Tienes que probar el cochifrito, trozos de cochinillo adobados y fritos hasta que la piel cruje como cristal y la carne se deshace en la boca. Pero si quieres ir de experto, pide landrillas. No es un plato fácil de encontrar fuera de aquí; se trata de mollejas (generalmente de ternera o cordero) preparadas de una forma que solo las abuelas del pueblo conocen bien.

Vía de la Plata

Para los peregrinos que hacen la Vía de la Plata —porque sí, Galisteo es parada obligatoria en el Camino Mozárabe—, lugares como la Pensión Los Emigrantes se han convertido en leyenda. Curiosamente, su especialidad es el pulpo a la gallega, un guiño a la meta final del camino que sorprende por su calidad en plena Extremadura.

Y para cerrar, el toque dulce, tenemos las floretas, las perrunillas y los pestiños, pero yo os recomiendo los huevillos (o panecillos con leche). Son pequeñas bolitas de masa de pan y huevo, fritas y luego cocidas en leche aromatizada con canela y limón. Un postre humilde, de aprovechamiento, que sabe a gloria bendita. La verdad, es que si te comes uno, ten por seguro que caen cinco más.

Filtros

Galisteo no necesita que uses filtros con tu móvil. Su belleza reside en la autenticidad de sus piedras rodadas y en la hospitalidad de una gente que ha visto pasar peregrinos, ejércitos y reyes durante mil años. Es un destino para el viajero lento, el que se para a leer las inscripciones en los puentes, a hablar con su gente y se atreve a probar platos con nombres extraños.

Si buscas una experiencia real en la España vaciada que está más viva que nunca, pon rumbo a Cáceres. Cruza el puente, sube a la muralla y deja que Galisteo te cuente su historia. Te prometo que querrás escucharla entera.

Tracking Pixel Contents