Reportaje
La mina de litio y el Buda de Cáceres: polémicas, ríos de tinta y fracasos, ¿pero hay alternativas de desarrollo?
El alcalde de Cáceres, Rafael Mateos, confirma que no hay proyectos viables para la mina de litio ni para la estatua del Buda, tras el colapso de ambas iniciativas en la ciudad

FUNDACIÓN LUMBINI GARDEN

Cáceres ha vivido en los últimos años dos debates que han marcado su agenda política, social y urbana: la mina de litio proyectada en Valdeflórez y la estatua gigante de Buda. Dos iniciativas muy distintas en forma y discurso, pero con un desenlace común. Ambas han terminado colapsando. A enero de 2026, el alcalde Rafael Mateos ha sido tajante: “No hay ningún proyecto” viable ni para la mina ni para el Buda.
El fracaso simultáneo de estas propuestas ha dejado algo más que expedientes: abre en este reportaje qué modelo de ciudad necesita Cáceres, los límites del desarrollo y el peso real de la ciudadanía en las grandes decisiones.
La mina de litio se fue diluyendo entre retrasos administrativos, informes ambientales desfavorables y una parte de una oposición social. El Buda, presentado como icono turístico de proyección internacional, nunca logró cuadrar sus números ni garantizar financiación estable, además de chocar con limitaciones ambientales y urbanísticas.
Desde el ayuntamiento se ha insistido en que ambos proyectos “se cayeron solos”. Pero lo cierto es que su derrumbe, en el caso concreto de la mina, estuvo acompañado por movilizaciones ciudadanas y alegaciones técnicas. Al proyecto de la estatua gigante de Buda se unió un creciente escepticismo político, sobre todo en las filas del PP. Cuando muchos critican el inmovilismo del cacereño, en Cáceres el movimiento ciudadano ha demostrado capacidad de influencia real, convirtiéndose en un actor imprescindible en cualquier proyecto de gran impacto.

Extracción de litio para baterías / Agencias
El debate sobre la mina deja una pregunta sobre la mesa: ¿Qué modelo económico quiere y puede permitirse Cáceres? Frente al extractivismo, han ido ganando peso alternativas ligadas a la diversificación y la sostenibilidad.
La ciudad ha apostado por las industrias creativas a través del proyecto Cáceres Ciudad Laboratorio, que conecta cultura, tecnología y emprendimiento. A ello se suma la Estrategia de Economía Verde y Circular Extremadura 2030, que impulsa agricultura sostenible, empleo verde, infraestructuras ambientales y economía circular.

Cáceres es noche: Buda logra quitar la Cruz de los Caídos / FOTODENUNCIA CÁCERES / EDUARDO VILLANUEVA / FUL ARIAS / ANTONIO MARTÍN
Otros sectores emergentes son el turismo sostenible, la agroalimentación de valor añadido y las energías renovables, con ejemplos como los parques eólicos de Plasencia y Plasencia II. La Universidad de Extremadura y su parque científico han servido además de semillero para startups tecnológicas, algunas con proyección nacional e internacional.

Jorge Valiente
En paralelo, los fondos europeos y los PERTE vinculados al agroalimentario, al vehículo eléctrico o al hidrógeno abren oportunidades industriales que no requieren sacrificar territorio ni paisaje.
La mina de litio y el Buda han actuado como catalizadores políticos. La designación inicial del proyecto minero como Proyecto Empresarial de Interés Autonómico (PREMIA) fue duramente criticada por PSOE y Unidas por Extremadura, que denunciaron falta de transparencia y escasa participación municipal.
Plataformas ciudadanas como Salvemos la Montaña jugaron un papel clave, canalizando oposición social mediante protestas, alegaciones y recursos legales. Este pulso ciudadano ha fortalecido la exigencia de rendición de cuentas, pero también ha evidenciado una fractura social: mientras algunos celebran el fracaso como una victoria frente a los “pelotazos”, otros lamentan la pérdida de oportunidades de empleo.
Cultura y turismo: el otro gran eje de ciudad
Lejos de megaproyectos icónicos, Cáceres ha reforzado su apuesta por la cultura y el turismo como motores económicos. La Estrategia Cultural 2026-2036 busca consolidar la ciudad como referente nacional e internacional con una oferta diversificada, inclusiva e innovadora.
La promoción exterior se ha intensificado en ferias internacionales y programas como Hola Invierno, mientras la Diputación impulsa iniciativas ligadas a territorios Unesco, patrimonio inmaterial y turismo de naturaleza. En 2026, Cáceres acogerá una asamblea del Grupo de Ciudades Patrimonio coincidiendo con el 40 aniversario de su declaración por la Unesco.
Todo ello se enmarca en una aspiración de mayor calado: la candidatura a Capital Europea de la Cultura 2031, que refuerza un modelo basado en identidad, patrimonio y creación contemporánea.
El doble fracaso del litio y el Buda marcará previsiblemente el futuro de las inversiones en Cáceres. La ciudadanía exige ahora más transparencia, más garantías y un modelo de desarrollo menos dependiente de grandes anuncios y más anclado en el territorio.
Cáceres no ha dicho no al progreso. Ha dicho no a un determinado tipo de progreso. Y ese matiz, tras años de debate, empieza a definir el rumbo de la ciudad.
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