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Movida cacereña

Jesús Lambretta, el hostelero que marcó historia en Cáceres, se jubila después de 38 años en la barra: "Esto ha sido mi vida. Me voy muy agradecido"

El emblemático bar continúa con los empresarios del sector Belén y Momi, quienes preservarán su nombre y esencia, manteniendo viva la tradición del local de la calle Venecia, en La Madrila Alta

Vídeo | El hostelero cacereño Jesús Lambretta se jubila

Carlos Gil

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

Uno se da cuenta de que pasa el tiempo cuando, por ejemplo, los jóvenes corrigen a los mayores sobre cómo usarlo, o cuando los llaman de usted o los definen como boomers. “Con las nuevas generaciones me voy sintiendo mayor”, se dice entre risas antes de empezar esta entrevista, la última de Jesús como empresario de hostelería, la primera como ya casi jubilado. Decir en Cáceres Jesús Luciano sería decir nada. Decir Jesús Lambretta es decirlo todo. Y, sí, es entonces cuando empieza lo importante: la memoria que solo conservan los boomers.

Treinta y ocho años en Cáceres. Treinta y ocho años que no estaban en ningún plan cuando este portero gaditano, criado entre La Viña y la playa de La Caleta (casi ná) llegó a la ciudad porque el Cacereño le ofreció jugar al fútbol. Venía para un año, pero se quedó para toda la vida.

Los Reyes Magos brindan en la barra.

Los Reyes Magos brindan en la barra. / Cedida a El Periódico

Jugó un año, luego nueve más. Pero el fútbol se acaba, como todo. Y cuando se acaba hay que pensar qué hacer. Jesús lo pensó mientras jugaba todavía, junto a Ángel Marcos, con quien decidió montar algo sin tener ni idea de hostelería. La idea no era un negocio. Era asegurarse una continuidad, quedarse en Cáceres, acompañar a su pareja, Toyi, que trabajaba aquí y ha sido, junto a sus hijos, el pilar fundamental de su vida.

Son las 11 de la mañana y quedamos en su bar, La Lambretta, que es historia de la ciudad de Cáceres y que está en la calle Venecia, a dos pasos de La Fontana (ambos, por cierto, fueron los pioneros de las Cañas de Nochebuena cuando estaban Pelo y Antonio), en la zona que todos conocemos como La Madrila Alta. Es extraño entrar en La Lambretta a las 11 de la mañana, sobre todo si tu costumbre, durante los últimos 38 años, ha sido hacerlo a la hora del tardeo o dispuesto a cerrar las icónicas y únicas madrugadas cacereñas. Jesús nos recibe con una sonrisa, un abrazo, dos besos. Porque Jesús abraza y lo hace con esos abrazos que son de verdad y que siempre te reconfortan.

El hostelero de Cáceres, Jesús Lambretta, se jubila

El Periódico Extremadura

No es fácil contar esta historia, tampoco escribirla, especialmente si la has vivido en primera persona. Se mete en la barra. Nosotros, detrás de ella, sentados en uno de esos taburetes que tanto hans frecuentado nuestras posaderas. Y Jesús comienza su relato, explica cómo empezó todo, sin saber nada, como empiezan las cosas importantes. En su época de jugador vivía en un piso de alquiler al que llamaban La Pensión Canalla. Allí estaban Sarratea, el propio Ángel Marcos, Ramos y Luis Jiménez Pulido. También la llegaron a llamar La Pensión Lenteja o la Pensión Filete y Medio, "porque se comía regular. Eso era el mercado entero". Imposible evitar la carcajada.

Con los Reyes Magos el pasado 5 de enero.

Con los Reyes Magos el pasado 5 de enero. / Cedida a El Periódico

Seguimos tirando de memoria. Era la época del boom de La Madrila: Faunos, Bol’s, Maribel (la abuela de La Madrila, mujer coraje donde las haya), el Keaton, donde Jesús conoció a Toyi, y siempre acababan en Acuario, el bar al que los jugadores no podían faltar tras el partido del domingo.Oñi, Parra, José Miguel el Tenca de Brozas, Vicente Chuzo, el utillero, y tantos otros. Jesús estaba recién llegado a Cáceres. Era portero, jugó en el Cádiz en Primera División. Se enfrentó a Arconada en ese tiempo en el que para los chavales de este país rozarse con Arconada era tocar un cromo vivo. Literalmente. Los cromos estaban en casa, también en la de quien escribe este reportaje porque Arconada y Cruyff eran mis jugadores fetiche. Años de intercambio de cromos en el recreo de un álbum en el que descubrimos que también salía Jesús.

Los amigos le regalaron una tarta.

Los amigos le regalaron una tarta. / Cedida a El Periódico

Desde que fichó por el Cacereño vive en Cáceres. Aquí nacieron sus hijos, Jesús y Víctor. Hoy es socio de pago del club. Número 388. Cuando Ángel Marcos y Jesús se hicieron socios en 1987, La Lambretta ya existía. Era de Alfonso, que se la traspasó. El local había sido decorado por Antonio Pelo y Perico Valhondo, pintor de una de las obras más reconocibles del bar: una mujer de generosas proporciones inspirada en un cómic argentino, de la que el doctor Rosado siempre decía que parecía tan real como la vida misma.

La scooter

La Lambretta tomó su nombre de la scooter italiana, icono juvenil de los años 50 y 60, adoptada por los mods británicos. Nunca desbancó a la Vespa, fue la eterna segundona. En Cáceres, sin embargo, La Lambretta no es una moto: es uno de sus bares fetiche. Empezó como una aventura y acabó siendo media vida. Abrieron en septiembre de 1988. Agradece a sus clientes y a sus trabajadores todo el esfuerzo, la entrega, la fidelidad. El día 31 será el último. No habrá despedida. “Me voy como vine”, dice sin poder evita una lágrima.

Jesús en el Cádiz.

Jesús en el Cádiz. / Cedida a El Periódico

Y es que el público fue extraordinario desde el principio. Futbolistas y aficionados llenaban el bar: Juanito el de Las Carmelitas, Mami Quevedo y Cristina Tárrega, Quini, Gregorio Manzano, Caminero, Salas, Andrés, Josemi el Oreja, Manolino. Teresa González, a la que siempre le ponia 'Ritmo de la noche' o Miguel, que cuando entraba por la puerta ya estaba Jesús pinchando aquella de Sabina: "Apenas llegó, se instaló para siempre en mi vida, no hay nada mejor que encontrar un amor a medida". Políticos, artistas como Coup de Soupe o Los Centellas, los de Ese toro enamorado de la luna, disco de platino.

El día de las Cañas de Nochebuena a las puertas de La Lambretta.

El día de las Cañas de Nochebuena a las puertas de La Lambretta. / Cedida a El Periódico

Pero hay una visita que convierte el bar en leyenda. De forma ininterrumpida, a lo largo de este tiempo tras la cabalgata, los Reyes Magos de Oriente han parado en La Lambretta. Antes a pie, ahora en microbús. Este año hasta le entregaron una placa. "Yo que no estoy acostumbrado a recibir placas”.

En la parada de Sus Majestades, el pasado 5 de enero, le pidieron una cosa: que hablara con los nuevos gerentes para que la tradición continúe. “Ponlo en el contrato”, le dijeron en broma. Ya está hablado. El bar se queda en manos de Belén y Momi. "Gente seria. No van a mover ni una alcayata. Mantendrán el nombre y todo igual. Vienen del mundo de la noche, de la discoteca Acuario, y llegan ilusionados. Eso es lo importante", reitera mientras enseña un poster de cuando el Cacereño subió a segundo y otro en el que aparece el arquitecto Ángel González cuando fue rey mago: "Otro genio", reconoce.

Jesús se va tranquilo. Agradecido. Emocionado. Con amigos que son familia: Alejandro el Gordino, David el Sordo. Con historias que se quedan dentro, como el libro gordo de Petete, que no se cuenta entero. La Lambretta no cierra. Cierra una etapa. "Tengo 68 años 'pa' 69 y soy el único de Cádiz que paga por trabajar. Que cuando voy allí me abuchean". Más carcajadas. Y en Cáceres, cuando un bar ha sido vestuario, refugio, casa y memoria compartida, eso es historia. No escrita en mármol lapidario, qué va. Escrita en barras, risas, cañas de Nochebuena y paradas de Reyes.

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