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Ronda cotidiana

El mejor lugar para pasear y salir a correr: la ronda desde que se ve el Cáceres más bonito

Un anillo verde de casi cuatro kilómetros convertido en paseo diario, circuito deportivo y balcón privilegiado a la ciudad histórica

Vídeo | Paseando por la ronda Este de Cáceres

Carlos Gil

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

Cáceres ha aprendido a mirarse desde la distancia. A hacerlo sin prisas, a ritmo de zancada o de paso corto, con el horizonte siempre abierto y la silueta monumental al fondo. La ronda que conecta la charca Musia con el residencial Universidad no solo ha servido para coser extremos urbanos, sino que se ha convertido en una forma distinta de habitar la ciudad, de recorrerla y de entenderla.

Desde su apertura en junio de 2021, este trazado de 3,8 kilómetros ha ido mucho más allá de su función viaria. Ha sido carretera, sí, pero también paseo, circuito deportivo, mirador continuo y espacio de encuentro cotidiano para cientos de cacereños que la han incorporado a su rutina diaria.

La ronda ha ofrecido una experiencia poco habitual en Cáceres: caminar o correr con la ciudad siempre a la vista, pero sin estar dentro de ella. Desde sus márgenes se ha podido observar el perfil de la ciudad monumental, los barrios que crecieron hacia el norte y el oeste y los nuevos desarrollos residenciales que han ido apareciendo con el tiempo.

El trazado ha permitido unir dos puntos muy distintos de la capital sin necesidad de callejear ni atravesar el casco urbano. Para muchos vecinos, ha sido la posibilidad de dar un paseo largo, continuo y seguro, sin interrupciones, semáforos ni tráfico peatonal denso. Un recorrido pensado para avanzar, respirar y mirar.

A determinadas horas del día, especialmente al amanecer y al atardecer, la ronda se ha transformado en un auténtico balcón urbano. La luz ha ido cambiando el color de la piedra, los perfiles de torres y murallas han emergido entre sombras y la ciudad ha parecido, por momentos, un escenario detenido en el tiempo.

Atletas, corredores y rutinas diarias

La ronda ha sido adoptada rápidamente por corredores, caminantes y deportistas. Sus casi cuatro kilómetros han encajado a la perfección en los entrenamientos habituales: una vuelta completa, dos, o solo un tramo según el ritmo y la resistencia de cada cual.

La amplitud del espacio, la ausencia de cruces conflictivos y la sensación de continuidad han convertido este recorrido en uno de los preferidos para salir a correr en Cáceres. No ha sido extraño encontrar desde atletas más experimentados hasta personas mayores caminando, familias con carritos o grupos que han hecho del paseo diario una costumbre compartida.

El circuito ha funcionado como un gimnasio al aire libre, pero también como un espacio social. Saludarse, coincidir, reconocerse en la repetición diaria del recorrido ha generado una forma silenciosa de comunidad, basada en el hábito y en la presencia constante.

Uno de los grandes valores de la ronda ha estado en su relación con el paisaje. Los puentes que salvan vaguadas y desniveles no solo han cumplido una función técnica, sino que han abierto nuevas perspectivas sobre el entorno natural y urbano de Cáceres.

Desde estos puntos elevados, la vista se ha ampliado. Se ha podido observar la ciudad extendida, los contrastes entre lo histórico y lo contemporáneo, el verde que rodea determinados tramos y la transición gradual entre campo y ciudad. Miradores improvisados que no siempre han estado señalizados, pero que han sido descubiertos por quienes se han detenido a observar.

La ronda ha ofrecido así una lectura distinta de Cáceres. No la del turista que entra al casco histórico, sino la del vecino que la rodea, la observa desde fuera y la reconoce como un conjunto vivo y en transformación.

Una infraestructura que cambió hábitos

En términos de movilidad, la ronda ha absorbido una parte importante del tráfico diario. Desde su apertura, ha canalizado alrededor de 14.000 vehículos al día, aliviando otras vías y mejorando la fluidez en distintos puntos de la ciudad.

Pero su impacto más profundo no ha estado solo en los coches. Ha cambiado hábitos. Ha generado nuevas costumbres de paseo, de ejercicio y de relación con el entorno. Ha ampliado los kilómetros de rondas de Cáceres, que ya contaba con la Norte, y ha consolidado una idea de ciudad más abierta y transitable.

El reconocimiento no ha sido únicamente vecinal. El sector de la construcción ha incluido esta ronda en su ranking de las 26 construcciones más relevantes del país en el último año, destacando tanto su funcionalidad como su integración en el entorno urbano.

La ronda no ha sido solo una obra. Ha sido una forma de mirar Cáceres desde otro lugar, de rodearla para entenderla mejor. Un espacio donde el paseo se ha mezclado con el deporte, donde la infraestructura ha convivido con la contemplación y donde la ciudad ha ganado un nuevo modo de ser recorrida.

Hoy, para muchos cacereños, Cáceres no solo se camina por dentro. También se bordea. Se rodea. Se observa. Y en ese gesto cotidiano, casi sin darse cuenta, la ciudad se ha vuelto un poco más cercana.

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