La mañana después
Calle Pizarro de Cáceres: canelones de pollo de corral
Un recorrido pausado por la historia, el comercio, el arte y la vida diaria en la frontera entre la ciudad monumental y la ciudad habitada
Arte, vida cotidiana y recuerdos se entrelazan en uno de los ejes más simbólicos de Cáceres

El Periódico

Nuestro recorrido matutino comienza hoy por la calle Pizarro, uno de los ejes más reconocibles del centro de Cáceres y, al mismo tiempo, uno de los espacios urbanos más complejos de la ciudad, donde conviven ocio, residencia, comercio, turismo y patrimonio. A estas horas, con la actividad nocturna ya apagada, la calle ofrece una imagen muy distinta distinta, más cercana a la rutina diaria y a la vida vecinal que sostiene a una de las zonas de referencia de la capital
En el número 1 se alza La Habana, antiguo palacete modernista, casa solariega de una fuerza arquitectónica impresionante. Antes de convertirse en local de ocio de la actualidad, fue también espacio para exposiciones, refugio creativo y laboratorio cultural. Allí estuvo La Casa Recreada, iniciativa del colectivo Artistas y Obreros del Mundo, y más tarde Habana Espacio Libre, que abrió sus puertas el 17 de diciembre de 2009. El edificio conserva una presencia arquitectónica notable, ligada a su pasado residencial y a su posterior transformación en espacio cultural.

Fotogalería | Pizarro, la calle de Cáceres en imágenes / Miguel Ángel Muñoz
Unos pasos más adelante aparece el primer local cerrado del paseo. Foodie, hoy con la persiana bajada, mantiene en su balcón una bandera de Stop Genocidio, recordatorio silencioso de que Pizarro no vive ajena al mundo ni a las heridas abiertas de Oriente Próximo. La calle incorpora también elementos de expresión social y política que forman parte de su paisaje cotidiano.
En el número 4, un edificio cuya fachada pide a gritos una reforma recuerda otros tiempos: aquí hubo incluso una academia. Justo al lado, frente al Museo de Arte Contemporáneo Helga de Alvear, resisten los talleres de encuadernación Roma, más de 23 años dedicados a la artesanía del libro, al oficio paciente y casi heroico de coser páginas en una época de pantallas. Un ejemplo de permanencia de los oficios tradicionales en una zona sometida a constantes cambios.

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Con el avance de la mañana, la actividad comercial y hostelera comienza a tomar protagonismo. El pequeño Gin se ha convertido en una de las grandes revelaciones de la movida local: ginebras premium, rones preparados, mojitos de sabores y una decoración minimalista que invita a quedarse. Muy cerca, el Capitán Haddock, con Sara al mando, anuncia tardeos de jueves a sábado demostrando que la forma de concebir el ocio se centra ya más en el horario vespertino que en la madrugada.
Helga Alvear
El arte vuelve a asomarse con fuerza en el Museo Helga de Alvear a través de la exposición Thomas Hirschhorn: My Atlas # Our Atlas, la primera gran antológica en Europa en 20 años dedicada al artista suizo que estará abierta al público hasta el próximo mes de mayo. El edificio que alberga el museo de la célebre coleccionista alemana es heredero de la larga historia de la Casa Grande. El inmueble, construido entre 1905 y 1910 por el arquitecto leonés Francisco de la Pezuela, obtuvo la Tercera Medalla de Arquitectura en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1908. Es un edificio ecléctico, con mezcla de elementos medievales, neoárabes, renacentistas, regionalistas y modernistas, con vidrieras originales de J.E. Maumejean y una historia ligada a la alta burguesía cacereña.

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La Casa Grande fue encargada por Eduardo Gutiérrez, propietario de fincas en Salorino y Cáceres, orgulloso de su ascendencia santanderina, lo que explica esa curiosa mezcla de casona montañesa y alfices árabes. Tras décadas de transformaciones -algunas tan traumáticas como la pérdida de la galería posterior en 1977-, el edificio fue adquirido por la Universidad de Extremadura y rehabilitado por Emilio Tuñón y Luis M. Mansilla para convertirse en uno de los grandes templos del arte contemporáneo de la ciudad.

Carlos Gil
Antes de su actual uso cultural, la Casa Grande fue durante décadas una residencia privada. Por sus salones pasaron marquesas, condesas y doncellas como Lola García, que entró a trabajar allí en 1947. Ella recordaba un mundo casi de cuento: mantelerías numeradas, vajillas de plata, partidas de cartas vespertinas y un orden milimétrico que hoy suena a otra época. Las doncellas dormían en torres en invierno y en habitaciones a ras de calle en verano, cuando los señores marchaban a Santander o San Sebastián.
Del Mistura a Girasoles
De regreso al trazado urbano, a la altura del número siete se localiza un apartamento turístico junto a Mistura, y, en el número 9, una tienda de artesanía en piel cuyo escaparate exhibe una antigua máquina de coser, testimonio del trabajo manual. Artesanía Girasoles, el taller de Víctor Azabal y Gloria Jabato, permanece cerrado por descanso entre el 10 y el 24 de enero, pero su fachada sigue siendo uno de los rincones más fotografiados de Pizarro.
El Hotel Casa Pizarro —el antiguo Albarragena—, de cuatro estrellas y completamente reformado, convive con el Pan de Huerta, el restaurante que ofrece menús de 20 euros (wook de verduras, solomillo, canelón de pollo de corral y tarta de tres chocolates entre los platos), Panotecca (que abre los fines de semana), locales como Las Caballerizas o Cambalache, y una nueva generación de apartamentos turísticos de lujo que aportan brillo y debate a la zona (Cáceres Deluxe). En el número 19, una casa en venta espera una reforma que la devuelva a su esplendor.

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Las tradicionales vidrieras, la imponente casa del número 18 con cinco balcones a la calle, garaje y una cerrajería exquisita, y el apartamento turístico del número 23 —que albergó una peluquería— ponen el broche al recorrido. Desde allí se enlaza con Fuente Nueva y la calle Fuente Nueva, donde nació el maestro Solano, hijo predilecto de Cáceres, y una placa en la fachada lo recuerda.
A primera hora transitan el camión del butano, los de reparto y las familias que acompañan a los niños a la guardería y al colegio Paideuterion. La imagen dista por completo de la que ofrece la calle durante la noche. Pizarro es ahora una calle familiar, vivida, tranquila, una puerta natural entre Santa Clara y San Juan, entre la ciudad cotidiana y la monumental.
La calle Pizarro ha ido configurando una oferta diversa en la que conviven bares, cafés, locales de copas, espacios culturales, comercios y usos residenciales. Un nuevo modelo para entender el arte, la cultura y la vida del hogar.
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