Blog del cronista
El secreto visigodo que vibra en la Vía de la Plata es un pueblo de Cáceres
Historia milenaria, tradiciones que siguen marcando el calendario y una gastronomía nacida de la dehesa convierten este pueblo en una escapada imprescindible

Galería | Así es Alcuéscar /

Mucho visitantes que vienen a Cáceres capital, se olvidan que en los pueblos cercanos tenemos lugares realmente increíbles y únicos, como es el caso de Alcuéscar, un municipio estratégicamente situado en las estribaciones de la Sierra de Montánchez, justo donde la provincia de Cáceres se funde con la de Badajoz, un rincón donde el tiempo parece haber decidido tomarse un respiro. No es solo un punto de paso obligado para el peregrino que recorre la histórica Vía de la Plata; es un destino en sí mismo que ofrece al viajero una mezcla fascinante de misticismo medieval, tradiciones ancestrales y una gastronomía que sabe a gloria. Es una escapada obligada para el visitante.
Monumento
Si Alcuéscar tuviera que definirse por un solo monumento, este sería, sin duda, la Basílica de Santa Lucía del Trampal. A unos cuatro kilómetros del núcleo urbano, escondida en un valle donde el agua de los manantiales corre libre entre alcornoques, se alza esta construcción del siglo VII. Su importancia no es solo local, sino europea: es el único templo de origen visigodo que se conserva prácticamente íntegro en toda la mitad sur de la Península Ibérica.
Guías
Cuando visité la basílica, tuve la suerte de contar con un guía excepcional: Luis Caballero, uno de los arqueólogos que excavó el lugar en la década de los ochenta para sacarlo a la luz y mostrarlo tal como lo conocemos hoy. Diversas investigaciones sostienen la hipótesis de que el Trampal en el inicio fue un espacio dedicado a Ataecina, diosa de la fertilidad, la curación y los ciclos de la naturaleza para los pueblos íberos, lusitanos y celtíberos. Sin embargo, el auténtico templo consagrado por nuestros antepasados es el bosque que rodea el edificio; os recomiendo pasear por él y solicitar la protección de la diosa.

Galería | Así es Alcuéscar / Cedida
Santa Lucía
Entrar en Santa Lucía es realizar un viaje de trece siglos al pasado. Su arquitectura de tres capillas rectangulares, separadas y con arcos de herradura, crea una atmósfera de recogimiento difícil de encontrar en otros lugares. El Centro de Interpretación contiguo ayuda a descifrar el misterio de este edificio que fue, sucesivamente, templo pagano, iglesia visigoda, lugar de culto mozárabe y, finalmente, ermita cristiana. La luz que se filtra por sus estrechos vanos al atardecer convierte la visita en una experiencia casi espiritual.
Más patrimonio
Pero el patrimonio de Alcuéscar no termina en la Basílica. Al adentrarse en sus calles, muy peculiares debido a su orografía, el visitante percibe rápidamente la huella de la Orden de Santiago. Durante siglos, esta institución militar y religiosa gestionó estas tierras, dejando como legado la emblemática Casa de la Encomienda.

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Iglesia
En el punto más alto del pueblo se yergue la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Construida entre los siglos XVI y XVII, es un ejemplo soberbio de cómo el gótico final se entrelazó con el renacimiento. Sus proporciones catedralicias y su torre, que vigila el horizonte extremeño, son el orgullo de los alcuesqueños. Pasear por sus alrededores permite descubrir las cruces de piedra que jalonan el municipio, y capillas devocionales en cada barrio, testigos mudos de una fe que ha dado forma a la identidad local.
Si hay algo que define el carácter de este pueblo es su apego a las tradiciones, especialmente aquellas que marcan el ciclo de las estaciones.
1 de mayo
Al llegar la primavera, el 1 de mayo, Alcuéscar se llena de color con las Cruces de Mayo. Los vecinos compiten por engalanar las cruces de piedra con flores silvestres y altares domésticos, transformando el pueblo en un jardín efímero. Poco después, el Lunes de Pascua, se celebra «La Jira», una romería donde la gastronomía toma el relevo y las familias se echan al campo para celebrar la vida tras el recogimiento de la Semana Santa. Pero como a los alcuesqueños les sabe a poco, al domingo siguiente hacen «la Rejira».
Fiestas
Ya en el tercer fin de semana de mayo se celebra «La Fiesta de la Tenca y el Vino» se trata de una feria alimentaria, cuyo objetivo principal es promocionar la gastronomía y la artesanía típica del pueblo de Alcuéscar. Las distintas bodegas del pueblo, ofrecen en diferentes stands sus mejores caldos, y a su vez, el ayuntamiento, da la oportunidad de degustar la tenca, un pez de agua dulce, criado en los humedales de Alcuéscar, como son la Charca del Cura o el Pantano, durante toda la jornada, la fiesta está animada por una charanga.

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Ya en agosto tenemos la Fiesta del emigrante, dedicada a los hijos de Alcuescar que tuvieron que emigrar de la población y también el concurso de bailes modernos.
Chaquetía
En noviembre no podéis perderos la fiesta de «la chaquetía» con esta fiesta, los vecinos aprovechan los frutos típicos de la época, como las castañas, las nueces, las almendras, las granadas, etc. Para reunirse en el campo con sus amistades, con el objetivo de pasar un día de convivencia y amistad.
Para el amante del turismo activo, el entorno de Alcuéscar es un lienzo verde. La Ruta de los Alcornoques es un sendero imprescindible que serpentea entre ejemplares centenarios y muros de piedra seca. Además, el tramo de la Vía de la Plata que cruza el término municipal es uno de los mejor conservados.
Gastronomía
No se puede entender Alcuéscar sin sentarse a la mesa. La gastronomía local es hija de la dehesa: el jamón y los embutidos de cerdo ibérico de una calidad excepcional, el tradicional vino de pitarra y, para los paladares que buscan algo distinto, os recomiendo el escabeche de habas y el escabeche de tenca, que son platos típicos de la localidad, sin duda, un ritual para chuparse los dedos.
Como en muchos pueblos de nuestra tierra, Alcuéscar es, en definitiva, un destino para el viajero que huye de las multitudes y busca la autenticidad de una Extremadura que se mantiene fiel a sus raíces.
Si decides dejarte caer por estas tierras, no lo hagas con prisa. Camina por sus dehesas, pídele protección a la diosa Antaecita, pregunta a los mayores por la historia de los santiaguistas y, sobre todo, déjate envolver por el silencio de Santa Lucía del Trampal. Alcuéscar no solo te ofrece una visita; te ofrece un pedazo de historia viva que te acompañará mucho tiempo después de haber regresado a casa.
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