Memoria urbana
De Caja Madrid y El Fielato a Eurocaja Rural en la avenida de Portugal de Cáceres
La entidad financiera de la Cruz reabre la historia de un enclave clave del comercio, el transporte y la vida cotidiana de la ciudad

Galería | Visita del alcalde de Cáceres a la primera oficina de Eurocaja Rural en Cáceres

La apertura de la primera oficina de Eurocaja Rural en Cáceres, en la plaza de América, ha devuelto la actividad financiera a un local con mucha más historia de la que aparenta su fachada. Antes de banco fue Caja Madrid. Y mucho antes de eso, aquel entorno fue uno de los grandes corazones económicos de la ciudad, cuando la actual avenida de Portugal era el principal nudo comercial y de comunicación gracias a su cercanía con la estación de ferrocarril y con el Fielato.
En ese punto estuvo el último fielato que tuvo el ayuntamiento. Se trataba de una de aquellas casetas de control en las entradas a la ciudad donde se cobraban los arbitrios y tasas municipales por la entrada de mercancías. Su nombre oficial era estación sanitaria, porque además de recaudar servía para vigilar el estado de los alimentos que entraban en la ciudad. Pero en Cáceres siempre se le conoció como el Fielato, así, con mayúsculas.
En la ciudad hubo además de este, cuatro puestos de este tipo, situados en San Blas, Barrionuevo, San Antón y San Francisco. Abrían desde la salida del sol hasta su puesta y por ellos pasaba todo lo que iba a consumirse dentro de la villa. Cada producto tenía su tasa. En 1874, por ejemplo, se pagaban 10,50 pesetas por un cerdo cebado, 7 por un cochinillo, 6 por un cordero lechal o algo más de una peseta por una cabra.
Lo que comía la ciudad
Gracias a esos registros hoy se sabe qué entraba y qué se comía en Cáceres. Los productos de mayor circulación eran el trigo, la carne de cerdo, cabra y oveja, la cecina, los garbanzos, el aceite, el carbón, la sal y el jabón. A ellos se sumaban los productos de temporada, como las tencas o las habas en verano, o los chivos, pavos, pollos, bacalao y merluza en Navidad. El vino era otro de los grandes protagonistas del tráfico diario.
Alrededor del fielato de la Cruz florecieron comercios y almacenes que marcaron a generaciones de cacereños. Estuvo el almacén de piensos de los Muriel, conocidos popularmente como los Siriri, los negocios de los Santos, los Gabino Díez, el Parador del Carmen con su posada, los talleres de Díaz y del Chispa, los Blázquez, los Marroyo, un ultramarinos situado donde hoy está el Bingo Estadio, y el inolvidable comercio de Galiche.

Galería | Visita del alcalde de Cáceres a la primera oficina de Eurocaja Rural en Cáceres /
Galiche era de esos sitios que se recuerdan con los cinco sentidos: la cizalla para cortar el bacalao, la bomba para sacar el aceite, los grandes recipientes del pimiento morrón, el bonito o las aceitunas de la ensaladilla rusa, los botes de legumbres, las madejas de fideos y los sacos de patatas en el suelo. Una escena cotidiana que hoy forma parte de la memoria sentimental de la ciudad.
Bares, camiones y pistolas
El barrio también estuvo lleno de bares que funcionaban como auténticas oficinas informales del transporte. La taberna de Tejada, famosa por sus pistolas, los bares de Vigara, El Retorno o la más moderna Cafetería América fueron puntos de encuentro de camioneros y transportistas, que acudían allí para enterarse de dónde cargar, a quién contratar o qué mercancía se movía ese día, como estibadores de puerto en versión cacereña.
En el número 14 de la avenida de Portugal, en la acera donde hoy se levanta el edificio El Descubrimiento, estuvo la casa de Florencio y Gertrudis, propiedad de los Candela. En la planta baja había dos almacenes y una peluquería que regentaba María, la Barbera, que después traspasó el negocio a los Barrantes, familia que aún hoy continúa con la actividad.
De cobrar tasas a guardar ahorros
Con el paso de los años, el fielato desapareció, la avenida cambió de piel y el local se convirtió en oficina bancaria. Primero Caja Madrid, ahora Eurocaja Rural. La actividad es distinta, los tiempos también, pero el lugar sigue cumpliendo una función económica central para la ciudad.
Donde antes se declaraban sacos de trigo, cerdos o cántaros de vino, hoy se habla de créditos, cuentas y financiación. Cambian las palabras, no la esencia. Esa esquina de La Cruz sigue siendo, siglo y medio después, un punto donde Cáceres entra y sale, donde se mide la vida económica de la ciudad.
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