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Barrio a barrio: la mañana después

La calle de Cáceres con más nombres propios de la capital

El recorrido por la vía cacereña incluye la tienda Casa Lin, la tienda Singer y el bar Mordisquitos

Vídeo | Recorrido por la calle Jesús Asunción de Cáceres

El Periódico Extremadura

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

Nuestro recorrido matutino por los barrios de Cáceres ha comenzado hoy en la calle Jesús Asunción, una vía situada junto al instituto El Brocense, rozando la plaza de Colón y el pabellón polideportivo municipal Juan Serrano Macayo. Es una vía de tránsito constante, muy condicionada por el tráfico y el aparcamiento, pero sostenida por una red de pequeños comercios, servicios y espacios sociales que definen la vida diaria del barrio y conectan con una parte esencial de la historia reciente de Cáceres.

El paseo se inicia en el número 1, donde se encuentra la tienda de alimentación, golosinas y bazar Casa Lin, regentada por una familia oriental. El establecimiento vende pan, productos básicos, detergentes, juguetes y artículos de bazar. En el escaparate aún se observan juguetes y sprays de colores, ya pensados para el carnaval, así como numerosas chanclas, muy demandadas por quienes acuden al gimnasio cercano o mantienen rutinas deportivas tras las Navidades.

Un pequeño jardín introduce un cierto aire amable en este primer tramo de la calle. El contraste aparece pronto en el número 7A, donde los portales están cubiertos de grafitis. En el 7B la imagen es algo más cuidada, aunque la mayoría de las plantas bajas del entorno presentan signos de inactividad. Las viviendas superiores sí están ocupadas, algo que se delata por la presencia de macetas y elementos domésticos en los accesos.

A continuación se sitúa el gimnasio Mokara Fitness, uno de los más tradicionales de Cáceres, muy vinculado históricamente a la práctica deportiva del barrio del Rodeo.

En el número 13, un edificio que recientemente sufrió un incendio provocado por un fallo en un calefactor, aparece uno de los nombres propios de esta calle: Pablo Naranjo Porras, quien residió durante años en este inmueble. Desde aquí, además, se genera un túnel que conecta con la calle del Rosario, empinada, en cuesta, y con un encanto urbano que enlaza directamente con San Francisco.

Entre los números 15 y 17, se accede a través de unas escaleras en mal estado que requerirían una intervención. Allí se encuentra una tienda de distribución oficial de Singer, con servicio técnico y recambios para todas las marcas. Trabaja con firmas como Sigma, Alfa y Refrey, y desarrolla labores de patchwork, costura, arreglos y confección. El horario es de lunes a viernes de 10 a 14 horas y de 17 a 20 horas, y los sábados de 10 a 14 horas, cerrando los domingos. El escaparate, repleto de máquinas de coser antiguas, funciona como una pequeña exposición permanente de un oficio que marcó durante décadas la economía doméstica de la ciudad.

Frente a este local, en el número 17, permanece cerrado desde hace años el espacio que albergó una de las tiendas de muebles y decoración más reputadas de Cáceres. Aún se conserva el cartel de liquidación y un número de teléfono para mudanzas (605 927 506), aunque el local sigue completamente clausurado.

El único local de hostelería

En este tramo se sitúa Mordisquitos, trasladado desde Ronda del Carmen y que es el único local de hostelería que hay en la calle. Tiene una clientela fiel, reconocido por la calidad de su cocina y una oferta de bocadillos que ha consolidado su prestigio en la zona. En su origen el bar lo abrieron Juan Manuel Femia y Jesús Zancada. En el nuevo local preparan bocatas, sándwiches, perritos, raciones de moraga, de alitas de pollo, patatas fritas, en salsa o con carne. Está siendo un éxito, y no es de extrañar porque Mordisquitos era un personaje de la serie animada Futurama, un extraterrestre de raza nibloniana procedente del planeta Eternium. Era la cariñosa mascota de Turanga Leela que cagaba pequeñas pero super-densas pastillas redondas de materia oscura. Guardián contra los succionadores de cerebros, tenía tres ojos. Sin duda, fascinante.

La calle acoge también la Iglesia Evangélica Bautista Agua Viva, con mensajes visibles en su fachada que remiten al simbolismo del agua como vida. A continuación aparece la peluquería The Prince, con presencia activa en redes sociales, y Saneamientos Nores SL, fácilmente identificable por un mural exterior de gran calidad que representa a un fontanero trabajando, muy alejado del resto de pintadas sin control. Su horario es de lunes a viernes de 8 a 14 horas y de 16 a 18.30 horas, permaneciendo cerrado sábados y domingos. La empresa trabaja con grifería, sanitarios, fontanería, tuberías, saneamientos, además de tratamientos de piscinas, sistemas de riego, aire acondicionado y calefacción, utilizando marcas como Qualix.

En la esquina con Hermanos Romero Ruiz se encuentra el Espacio Bambú, un centro creativo de arte y danza, antesala de la calle San Ignacio. El tramo final de Jesús Asunción desemboca directamente en el Parque del Rodeo, el pulmón verde el barrio.

Con nombre propio

La calle está plagada de nombres propios. Y es que la vía toma su nombre de Jesús Asunción, una figura muy querida en Cáceres y estrechamente vinculada a la educación, el deporte y la vida social de la ciudad. Nacido en Murcia, con solo 21 años fue enviado al frente de Madrid durante la Guerra Civil, experiencia que dejó recogida en un diario escrito entre agosto de 1937 y febrero de 1938. En esas páginas no abundan la sangre ni la épica bélica, sino una mirada íntima y humana: dibujos de paisajes, ambulancias, aviones y obuses conviven con un arco iris o un sol espléndido que le hizo sentirse feliz incluso en circunstancias extremas. Tras sobrevivir al conflicto ingresó en la Policía Armada y se formó como profesor de Educación Física en Toledo. En los años cuarenta llegó a Cáceres para dar clase en el Colegio San Antonio de Padua, donde dejó una huella profunda. Fue uno de los impulsores del baloncesto en la ciudad, fundador de la Cofradía del Cristo de los Estudiantes y durante 28 años encarnó a uno de los Reyes Magos de Cáceres, hasta 1968, dos años antes de su fallecimiento. El cariño de la ciudad quedó fijado en el callejero, dando su nombre a esta zona situada junto al pabellón municipal.

Junto a él, el nombre de Pablo Naranjo Porras. Nació en Romangordo en 1914. Fue catedrático de Geografía e Historia, militante socialista, intelectual comprometido y una de las grandes conciencias cívicas del Cáceres del siglo XX. Su biografía es inseparable de la historia de España.

Hijo de un sargento de inválidos militares herido en Melilla y fallecido poco después del inicio de la Guerra Civil, y de una madre que murió muy joven, Naranjo se formó en Madrid, donde vivió con intensidad la proclamación de la Segunda República. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad Central y fue alumno de figuras como Claudio Sánchez-Albornoz, Américo Castro o Antonio Ballesteros.

En 1933 ingresó en las Juventudes Socialistas y en la Federación Universitaria Escolar. Durante la Guerra Civil fue oficial del Ejército Republicano. En 1938 cayó prisionero y fue condenado a muerte, pena conmutada por reclusión perpetua. Pasó años de prisión marcados por el frío, el hambre y la represión, hasta que en 1941 obtuvo la libertad condicional.

Cáceres lo acogió en una posguerra marcada por el silencio. Aquí desarrolló una larga carrera docente: dio clase en Montánchez, Valencia de Alcántara y Miajadas, y más tarde obtuvo la cátedra en el Instituto de Segunda Enseñanza de Cáceres. Desde 1969 ejerció en el Norba Caesarina, donde dejó una huella profunda en generaciones de alumnos.

Defendía una enseñanza exigente, crítica y humana. Creía que el respeto se ganaba enseñando y no imponiendo, y su magisterio se basó siempre en la palabra y el ejemplo.

En 1977 fue elegido senador por Cáceres en las primeras elecciones democráticas y participó en la aprobación del primer texto constitucional. Reorganizó el PSOE en la provincia junto a Pablo Castellano, fue concejal y teniente de alcalde, y mantuvo hasta el final una firme defensa de la libertad y la educación pública. Vivió rodeado de libros, recuerdos y memoria, consciente de haber sido testigo directo de un país entero.

Finalmente, el pabellón municipal que da sentido a esta zona lleva el nombre de Juan Serrano Macayo, nacido en Arroyo de la Luz en 1923. Su vida estuvo dedicada a la Educación Física y a la construcción de un sistema deportivo moderno en Cáceres y Extremadura.

Hijo de Pedro Serrano Martínez, corchero, y de Patrocinio Macayo Caballero, la familia se trasladó a Cáceres por motivos laborales, buscando la cercanía del ferrocarril para el envío del corcho al norte. Juan comenzó a trabajar muy joven y se formó como instructor y docente.

Impartió Educación Física durante décadas en centros como el Licenciados, las Josefinas o el Virgen de Guadalupe. Fue delegado provincial de Deportes y desde ese cargo impulsó una transformación estructural del deporte en la provincia: promovió los Juegos Deportivos Escolares, la ampliación de la Ciudad Deportiva, el pabellón Príncipe Felipe, el campo de tiro Linos Lage, los clubes náuticos de Extremadura y la Casa del Deporte.

Entabló amistad con Juan Antonio Samaranch, y defendió siempre el deporte como herramienta educativa, de cohesión social y de formación en valores. Cáceres le debe su primer pabellón polideportivo cubierto, inaugurado en febrero de 1972, que hoy lleva su nombre como reconocimiento a una trayectoria de servicio público.

Falleció en 2003, dejando una huella que sigue presente en la estructura deportiva de la ciudad.

La calle Jesús Asunción no es una vía monumental ni un eje comercial de primer nivel. Es una calle de barrio, de paso, de servicios. Pero también es un espacio donde confluyen el comercio cotidiano, el deporte, la educación y una memoria cívica profunda.

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