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Entrevista

Diego Hernández, presidente de Coepca: "A los jóvenes que reciben formación también hay que pedirles actitud y compromiso"

El empresario cacereño alerta de la desconexión entre el sistema educativo y las necesidades del mercado laboral, mientras las empresas tratan de cubrir vacantes en sectores clave como la albañilería o el transporte

Vídeo | Parte de la entrevista a Diego Hernández, presidente de Coepca

Carlos Gil

Gonzalo Lillo

Gonzalo Lillo

Cáceres

Cáceres forma trabajadores que no llegan a trabajar. Esa es la preocupación que ha llevado a la Confederación Empresarial de la Provincia de Cáceres (Coepca) a alzar la voz ante un sistema de formación que, según los empresarios, se queda a medio camino: capacita, pero no garantiza la inserción laboral real en sectores donde hoy falta mano de obra y donde las empresas alertan, además, de una preocupante ausencia de relevo generacional que podría perjudicar seriamente al tejido empresarial y económico.

Formación y empleo

Pregunta: Desde la patronal empresarial alertan de una reiterada falta de interés laboral entre algunos jóvenes. ¿Qué señales os llevan a lanzar este mensaje?

Respuesta: El objetivo de cualquier empresario es crear riqueza y generar empleo, y para muchos puestos es imprescindible una formación previa. En ese sentido, tanto la Junta como la Diputación están haciendo un buen trabajo impulsando programas formativos. El problema es que falta rematarlo, ya que hay muchos "vividores del diploma": personas que se forman, cobran durante el curso y, cuando llega el momento de incorporarse a la empresa, rechazan el contrato y optan por volver al paro o iniciar otra formación. De este modo, se invierte dinero público sin que esa formación se traduzca en empleo, mientras las empresas siguen sin cubrir sus vacantes. Desde Coepca creemos que esta situación debe revisarse. A las empresas se nos exigen numerosos requisitos y compromisos para participar en estos programas, y consideramos que a quienes reciben la formación también debería pedírseles responsabilidad. No se trata de criminalizar, sino de exigir resultados: si la formación no acaba en empleo, el sistema no está funcionando.

P: ¿Considera que el actual diseño de los cursos de Formación Profesional, financiados con fondos públicos, prioriza la obtención del certificado frente a la inserción laboral real?

R: No diría que los cursos estén mal planteados. Al contrario, hay que aplaudir a la Administración porque se están haciendo muchas cosas bien y se cuenta con la colaboración de los empresarios. Lo que falta es el último paso: la incorporación real del trabajador a la empresa. Si no se completa ese proceso, seguiremos formando personas que regresan al paro. Además, creo que esta responsabilidad es compartida y, en muchos casos, también está en cada casa, ya que hay personas que enlazan cursos y ayudas sin incorporarse nunca al mercado laboral, cuando encima estamos en un momento en el que muchas empresas están buscando trabajadores.

El representante de la patronal cacereña, durante la entrevista.

El representante de la patronal cacereña reflexiona sobre la falta de interés laboral entre los jóvenes. / Carlos Gil

P: ¿En qué sectores o perfiles se está detectando esta situación con mayor frecuencia?

R: Principalmente en oficios tradicionales y sectores clave como la albañilería, electricidad, carpintería, jardinería o transporte. En este último caso es especialmente llamativo: se han financiado miles de carnés de conducir profesionales, pero las asociaciones del sector siguen necesitando cientos de conductores cada año. Algo no cuadra. También ocurre que hay empresas privadas que no encuentran cocineros, mientras que a una oposición pública se presentan cientos de personas. Eso demuestra que existe una preferencia clara por el empleo público, y ese cambio de mentalidad empieza muchas veces en casa.

Condiciones laborales

P: ¿Qué motivos alegan los jóvenes cacereños para no aceptar el contrato tras finalizar la formación?

R: Es un problema complejo y creo que hay mucho trabajo por hacer. Empezando por cada familia: antes los jóvenes tenían objetivos claros; hoy en día esos objetivos parecen difusos. También las empresas tenemos que hacer autocrítica y ofrecer proyectos de futuro. Explicar que se empieza en un puesto básico, pero que hay posibilidades de crecer. Aun así, hay otra realidad: con ciertos ingresos sin trabajar, algunos jóvenes se acomodan. Falta ilusión, ambición y un proyecto de vida. Hemos pasado de querer un coche, una casa o estabilidad, a conformarnos con mucho menos. Eso es un cambio social profundo.

P: ¿Hasta qué punto influyen el salario, la estabilidad o las condiciones laborales en esta decisión?

R: Hoy en día el mercado está muy regulado y vigilado. El empresario cumple, se hacen contratos y se pagan salarios conforme a la ley. Siempre habrá excepciones, pero no es la norma. De hecho, muchos bares ya no abren algunos días porque no encuentran personal, y los que trabajan lo hacen con contrato. El problema no es tanto el salario como la falta de productividad y de objetivos. Vivimos en una sociedad donde los referentes han cambiado: ahora el héroe es el youtuber que gana dinero desde casa, y eso distorsiona la percepción del esfuerzo y del trabajo.

Brecha formativa

P: ¿Existe una desconexión entre el sistema educativo y las necesidades reales del mercado laboral?

R: Totalmente. En la patronal de la provincia de Cáceres no tenemos ningún tipo de contacto con la universidad. Pasan meses, incluso años, sin reuniones con rectores o decanos. No sabemos a quién se le pregunta qué necesitan los empresarios para diseñar la formación. Salvo en la formación específica impulsada por la Junta y la Diputación, que sí está funcionando bien, hay una clara desconexión entre la educación y el mercado laboral.

P: ¿Qué papel deben asumir las empresas en el proceso de incorporación laboral tras la formación?

R: Las empresas estamos haciendo lo que nos corresponde: detectar el problema y ponerlo sobre la mesa. La formación es buena, pero falta cerrar el círculo. Hay que definir cómo se produce esa incorporación final al empleo, y en ello estamos. El trabajador necesita formarse para ser contratado, eso está claro. Pero una vez formado, tiene que haber un compromiso real para incorporarse a la empresa. Ahí es donde el sistema se queda a medias.

Relevo generacional

P: En cuanto a la falta de relevo generacional, ¿qué riesgos tiene para el tejido empresarial de Cáceres?

R: No solo para el tejido empresarial, también para el económico. Cada empresa que cierra es menos riqueza, menos ingresos públicos y menos servicios. Ya hay negocios que no encuentran relevo ni siquiera entre sus propios trabajadores, que no quieren asumir la carga burocrática y fiscal. En cinco o seis años se jubilará mucha gente y no hay quien continúe esos negocios. Sin relevo, se cierran empresas, se pierde empleo y la economía entra en un círculo negativo.

P: ¿Podrían desaparecer ciertos oficios por esta ausencia de relevo?

R: Ya están desapareciendo. Hoy es muy difícil encontrar un zapatero, un herrero, un carpintero, un fontanero o un electricista. Oficios esenciales que se están perdiendo por falta de gente joven que quiera aprenderlos.

Futuro

P: Por último, ¿es optimista ante un cambio de rumbo?

R: Muy optimista. Si no lo fuera, no estaría al frente de la patronal cacereña. Estamos en el camino: el problema se ha detectado y ahora hay que trabajarlo entre todos: Administración, empresas, trabajadores y familias. De hecho, ya se han producido contactos con la Administración y vamos a mantener reuniones para buscar soluciones. La idea es convertir este problema en un pequeño detalle o incluso en una anécdota. Y creo que se puede conseguir.

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