Prevención del ictus
Más allá de una proteína: los otros factores silenciosos que disparan el riesgo de ictus en Cáceres
El estudio liderado desde la Universidad de Extremadura sitúa a la STC2 en el centro del debate científico, pero los expertos recuerdan que la trombosis cerebral responde a un entramado complejo de biomarcadores, hábitos de vida y respuestas individuales a los tratamientos

Nuria Bermejo, durante la intervención. / UEx
El hallazgo de la proteína STC2 como posible biomarcador del ictus, identificado por investigadores de la Universidad de Extremadura (UEx) y el Hospital San Pedro de Alcántara de Cáceres, ha abierto una nueva vía en la comprensión de los mecanismos que desencadenan la trombosis arterial cerebral. El trabajo, publicado en International Journal of Molecular Sciences, ha demostrado que niveles bajos de esta proteína se asocian a una mayor entrada de calcio en las plaquetas y, con ello, a un aumento del riesgo de agregación y formación de trombos.
Sin embargo, los propios autores del estudio subrayan que el ictus es una patología multifactorial y que la STC2 debe entenderse como una pieza más dentro de un engranaje biológico mucho más amplio. En la práctica clínica, el riesgo cerebrovascular sigue dependiendo de la interacción de numerosos factores que actúan de forma simultánea.
Al margen de la proteína STC2, la evidencia científica continúa señalando a la hipertensión arterial como el principal factor de riesgo modificable del ictus. A ella se suman la diabetes mellitus, la hipercolesterolemia, el tabaquismo, la fibrilación auricular, la obesidad y el sedentarismo, capaces de multiplicar el riesgo incluso en pacientes sin alteraciones detectables en biomarcadores emergentes.

Pedro Cosme y Nuria Bermejo. / UEx
La hematóloga del Hospital San Pedro de Alcántara y primera autora del trabajo, Nuria Bermejo, junto al investigador Pedro Cosme, del Departamento de Fisiología de la Universidad de Extremadura, han subrayado que el hallazgo de la proteína STC2 no busca reemplazar los factores de riesgo clásicos del ictus, sino complementarlos. Ambos investigadores han señalado que el valor principal del estudio radica en haber trasladado un mecanismo molecular concreto —la regulación de la entrada de calcio en las plaquetas— al análisis de pacientes reales, con un seguimiento clínico superior a diez años, lo que permite avanzar hacia estrategias de prevención más ajustadas al perfil biológico de cada paciente.
El estudio extremeño se apoya precisamente en esta visión global. Tal y como ha señalado la hematóloga Nuria Bermejo, primera autora del trabajo, en cada paciente “puede pesar más un tipo u otro de causas que favorezcan la trombosis”, lo que refuerza la necesidad de enfoques personalizados en prevención y tratamiento.
Junto a la STC2, la investigación en trombosis arterial y ictus ha puesto el foco en otros biomarcadores ya conocidos, como el fibrinógeno, la proteína C reactiva ultrasensible, el factor von Willebrand o la P-selectina, todos ellos relacionados con la inflamación vascular y la activación plaquetaria.
En los últimos años también han ganado protagonismo determinados microARN y marcadores de estrés oxidativo, cuya alteración se ha vinculado al daño endotelial. El valor añadido del estudio de la UEx reside en haber trasladado a pacientes humanos un mecanismo que hasta ahora se había descrito principalmente en modelos animales.
Tratamientos más allá de la aspirina
Uno de los aspectos más relevantes del seguimiento clínico realizado por el equipo extremeño ha sido comprobar que, en muchos pacientes con ictus o trombosis arterial, los niveles de STC2 se normalizaron tras el tratamiento con aspirina. Este fármaco sigue siendo un pilar básico de la prevención secundaria, aunque no es la única opción terapéutica disponible.
Otros antiagregantes plaquetarios, como el clopidogrel, así como distintos anticoagulantes, se utilizan en función del perfil de riesgo y del origen del evento trombótico. Por el momento, no existen datos concluyentes que confirmen que estos tratamientos alternativos modulen directamente la expresión de la STC2, una incógnita que abre nuevas líneas de investigación.
En el estudio desarrollado en Cáceres, la medición de la proteína STC2 se ha realizado a partir de muestras de sangre mediante técnicas específicas de análisis de expresión proteica. Aunque estos métodos aún no forman parte de la rutina asistencial, los investigadores consideran que, si se valida su utilidad, la STC2 podría incorporarse a futuros paneles de riesgo cardiovascular.
Dieta, estilo de vida y riesgo global
Aunque el trabajo de la UEx no ha analizado de forma directa la relación entre dieta y niveles de STC2, los especialistas recuerdan que los hábitos de vida saludables siguen siendo determinantes. Una alimentación equilibrada, el ejercicio regular y el abandono del tabaco reducen la inflamación sistémica y mejoran la función vascular, factores que influyen de manera indirecta en la activación plaquetaria y en el riesgo de ictus.
El seguimiento de más de diez años realizado por el equipo investigador ha puesto sobre la mesa otra cuestión clave: no todos los pacientes responden igual a la aspirina. La variabilidad en la expresión de proteínas como la STC2 podría ayudar a explicar por qué algunos enfermos presentan mayor protección frente a nuevos episodios y otros no.
Para consolidar la STC2 como biomarcador clínico, los investigadores de la UEx y el Hospital San Pedro de Alcántara han planteado la necesidad de estudios multicéntricos y aleatorizados, con un mayor número de pacientes y la inclusión de otras patologías trombóticas, como los síndromes coronarios.
El objetivo no es desplazar los factores de riesgo clásicos, sino sumar nuevas herramientas que permitan anticiparse al ictus. El estudio extremeño ha dado el primer paso; ahora, la ciencia tendrá que confirmar hasta dónde puede llegar esta proteína en la prevención de una de las principales causas de muerte y discapacidad.
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