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Mercado laboral

¿Por qué los jóvenes ya no quieren trabajar en la hostelería? El caso de Cáceres

El sector sigue siendo clave para la economía local, aunque afronta un proceso de adaptación

Bares y terrazas en la plaza Mayor de Cáceres

Bares y terrazas en la plaza Mayor de Cáceres / Carlos Gil

Gonzalo Lillo

Gonzalo Lillo

Cáceres

La hostelería ha sido tradicionalmente uno de los principales motores económicos y de empleo en Cáceres, estrechamente vinculada al turismo. En los últimos años, sin embargo, el sector ha comenzado a evidenciar dificultades para cubrir vacantes y consolidar plantillas estables, una situación que se repite en buena parte del país.

Uno de los principales factores que ha disuadido a los jóvenes de trabajar en bares y restaurantes ha sido la percepción de precariedad laboral. Jornadas partidas, horarios prolongados, trabajo en fines de semana y festivos y salarios ajustados han pesado más que la oferta de empleo constante.

A ello se suma una imagen social del sector asociada al esfuerzo físico y a las dificultades para compatibilizar la vida laboral y personal, lo que lleva a que muchos opten por otros ámbitos o emigren a regiones con mejores condiciones.

Un camarero atiende en una terraza de la plaza Mayor de Cáceres.

Un camarero atiende en una terraza de la plaza Mayor de Cáceres. / Carlos Gil

Otro de los elementos que influyen en el creciente desinterés por la hostelería es la escasa proyección profesional que muchos jóvenes vinculan al sector. La ausencia de planes de carrera, la temporalidad y la dificultad para acceder a puestos intermedios o de responsabilidad han reducido su atractivo frente a otros ámbitos laborales.

Mejorar condiciones

Desde el propio sector se ha comenzado a reconocer la necesidad de introducir cambios. La reorganización de horarios, el respeto estricto a los descansos, la mejora de salarios y la profesionalización de las plantillas son algunas de las medidas apuntadas como imprescindibles para revertir la situación.

También se ha puesto el foco en la formación, tanto a través de escuelas de hostelería como de programas específicos que permitan dignificar el oficio y ofrecer una salida laboral cualificada.

Más allá de las dificultades

Pese a los retos pendientes, quienes han trabajado en el sector también destacan aspectos positivos. El aprendizaje continuo, el contacto directo con el público, el trabajo en equipo y la adquisición de habilidades transferibles a otros ámbitos figuran entre los valores más destacados.

Con todo, la hostelería sigue siendo un pilar económico para la capital cacereña, aunque su futuro depende en gran medida de su capacidad para adaptarse a nuevas exigencias laborales y sociales. Un reto que ha comenzado a afrontarse, aunque todavía con importantes desafíos por delante.

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